“Los libros no tienen edad, si no, no existirían los clásicos”

Este narrador, editor e ilustrador argentino, cuyo trabajo en el mercado de libros se centra en lecturas infantiles, presenta su más reciente libro, titulado Rompecabezas, en la edición 40 de la ...
Narra que la idea que detonó su más reciente libro surgió en México.
Narra que la idea que detonó su más reciente libro surgió en México. (Rosa Esther Juárez)

Buenos Aires

Elegí la ilustración como profesión. Me centré en temas para niños porque cuando llegué a los 30 años sentí que no quería crecer. Porque es la etapa en la que uno crece tiene que hacerse cargo de muchas cosas”, afirma Diego Bianki (La Plata; 1963), quien es un autor asiduo a la Feria del Libro de Guadalajara (FIL). Actualmente es Ilustrador del diario El Clarín, con amplia experiencia en varias revistas como Play hoy, entre otras. También es editor y narrador de la Editorial Pequeño editor. Con Rompecabezas, un libro cuya idea nació en México, y editó Conaculta en el 2012, ha viajado a una docena de ciudades en las que ha replicado la experiencia de leer y jugar. Esta semana participa en la 40 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, su estand congrega a los mejores autores infantiles de Argentina.

¿Cómo un ilustrador se convierte en narrador?

“Me formé, además del diseño, en la historieta. Creo que eso me ayudó a forjar mis primeras armas como narrador. Pero no me identifico con la palabra escritor. Me he vinculado mucho con la industria editorial y por eso me atrevo a experimentar con diferentes lenguajes, lo cual ha llevado a que cada una de las experiencias devenga en un libro”.

¿Sus libros entonces se engendran a partir de la forma, o de la idea?

“Creo que es sobre la idea, luego pienso en la edición. Pero es un poco jugando. Soy más de escribir textos cortos. Lo que he desarrollado más bien es la idea de crear libros álbumes: donde  interactúa el texto con la imagen. En esa ida y vuelta a mí me ayuda para narrar”.

En Su libro “Rompecabezas”, “los pájaros, los insectos y el mundo vegetal todo”, se mezcla con las personas. ¿Cual es la idea?

“En México, a partir de los diarios, sentí que había demasiada carga de violencia, infantil, mujeres golpeadas, o indígenas maltratados. De Conaculta me habían invitado a realizar un libro pero vinculado con un taller. De ahí surgió la idea de hacer un libro sobre la intolerancia, sobre la discriminación. Pero quise contarlo desde otro ángulo, partiendo de que un niño no tiene prejuicios: Se los inculca un adulto. Y el centro del relato quiere hacer ver que todos somos diferentes, pero justo eso es lo que nos hace iguales”.

Parece hablar más como psicólogo que como artista…

“Lo mío es intuitivo basado en la experiencia que he tenido con criaturas. Pero me siento más un artista. El arte es búsqueda. En el encargo de Rompecabezas no sabía qué iba a hacer. Me puse a jugar con las piezas del lenguaje gráfico, literario. A través del juego, estas temáticas se viven. La lectura es una experiencia pero si le sumas el juego es más potente aún”.

¿El libro desencadena un juego o el juego produce un libro?

“El juego produce un libro, pero produzco un libro que te introduce a través del juego y la lectura, en una problemática que todos estamos viviendo hoy día. La violencia también se da en mi país: de género, contra la infancia, social. Se da casi en todas las grandes ciudades. A través del juego es más fácil introducirse en ellos. Y el recurso del rompecabezas, también permite la combinación azarosa. En este caso, no hay modelo final. Acá vemos primero el rompecabezas armado que después se mezcla. Además al lector al final se le explica de qué manera puede generar otro tipo de armados con el libro”.

¿El interés como creador se centra en el libro o en la experiencia? ¿Para qué hacer libros?

“Para contar historias, para expresar ideas. Hago libros porque abren puertas al conocimiento. Creo que ambas cosas van juntas: la experiencia lúdica se va enriqueciendo cuando se va desarrollando en territorio diferente. El evento va mutando en función con la interacción con la gente que participa en él. Que a veces son de Colombia, a veces de Chile, otras de México, o de Uruguay, o de Brasil”.

¿El arte es una experiencia y no una forma?

“Para mí, sí. No es un fin. Es un medio. Ningún libro mío es igual. Me aburriría si así fuera. Disfruto del resultado. Pero lo que más disfruto es de la experiencia”.

¿Qué le gustaría que sucediera con sus libros?

“Me gusta cuando se acerca una persona y te dice que el libro que vos has hecho le ha dejado algo, le ha cambiado algo. Ha dejado una huella. Sin embargo no es algo que yo me proponga. Soy muy egoísta: hago lo que me gusta. Y después lo comparto”.

¿Y lo peor que le puede pasar?

“El mercado de la novedad. La avidez que tiene el librero por recibir libros nuevos. Y no trabajar el fondo editorial. Porque hace que el libro tenga vigencia de 15 días en la vidriera y después no aparece más. Los libros no tienen edad. Un buen libro no. Si no, no existirían los clásicos. Un buen libro que se hace clásico siempre va a ser vigente”.