[El Santo Oficio] Siempre nos quedará París

Al monasterio llegó un libro editado por Minotauro, es de Ray Bradbury y se llama "Siempre nos quedará París".
París
(Reuters)

México

Al monasterio llega un libro editado por Minotauro, contiene 21 relatos y un poema "nunca antes publicados". Es de Ray Bradbury y se llama Siempre nos quedará París. Estas historias —se lee en la contraportada— "nos emocionan en su reflexión acerca de las flaquezas y debilidades humanas, y lo hacen con la magia de siempre". Es decir, con una prosa clara y la voluntad de conversar con el lector, ni más ni menos.

Uno de los relatos da nombre al volumen, en él un hombre, un turista estadunidense, sale en la noche a caminar por la ciudad.

"Crucé el río desde el hotel —recuerda— y anduve en dirección a Notre Dame, pero hice una parada en la librería Shakespeare, luego recorrí el Boulevard Saint-Michel hasta Les Deux Magots, una cafetería al aire libre donde Hemingway, más de una generación atrás, había invitado a sus amistades Pernod, grapa y África.

"Estuve allí sentado un rato, observando a los parisinos, que eran multitud, tomé un Pernod y una cerveza, y después me dirigí de vuelta al río".

El monje se imagina subiendo bajo la lluvia los escalones hacia la Basílica del Sagrado Corazón, en Montmartre, para deslumbrarse con el esplendor de París; se mira en la Place du Tertre y en Pigalle, tratando de seguir los pasos de tantos artistas dispuestos a venderle el alma al diablo con tal de continuar creando, sin importarles los juicios adversos de la crítica, la indiferencia de los coleccionistas o el desdén de las instituciones.

Una tarde, en el Café de Flore, punto de reunión de tantos pintores e intelectuales, pensó en la moda y en la literatura, en los cabarets y en la bohemia, en la comida y en el arte surgidos en Francia. Más tarde, como el personaje de Bradbury, anduvo por Notre Dame y se asomó a la Shakespeare and Company, donde rondan los fantasmas de Sylvia Beach y, sobre todo, de George Whitman, quien amó los libros hasta el delirio.

Las estampas de París se amontonaron en la cabeza del humilde monje el viernes 13 en el zócalo de Oaxaca, cuando con otros participantes del encuentro literario "Hacedores de Palabras", convocado por la revista Cantera verde y su director Julio Ramírez, vio en la televisión del restaurante Terranova el horror de Saint-Denis y otros lugares de París. No podía creerlo. Nadie podía creer la estupidez, la inmoralidad de quienes asesinan inocentes en nombre de un dios, llámese como se llame. En la mesa estaba el suplemento Laberinto, con un texto donde Amos Oz escribe: "Creo que la lucha violenta global en nuestros días no está entre los ricos y los pobres. (...) Creo que el síndrome de nuestro tiempo es la lucha universal entre fanáticos, todas las clases de fanáticos y el resto de nosotros. Entre aquellos que creen que el fin justifica los medios, todos los medios y el resto de nosotros que creen que la vida humana es un final en sí mismo".

Al regresar a la Ciudad de México encontró el libro de Ray Bradbury, vio el título y lo leyó a gritos: Siempre nos quedará París.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.