Tejer, una forma de comunicación

Libro de Miriam Mabel Martínez y Annuska Angulo

Ciudad de México

Tejer es una acción que para la mayoría de las personas, al menos en este país, es sinónimo de calcetincitos, bufandas y abuelitas; pero realmente es una actividad cuya complejidad va más allá de un simple derecho y un revés: es un acto comunicativo, una forma expresiva y de arte, de relacionarse y crear comunidad, de ejercitar la mente y la destreza, y, además, de protesta.

Por ello, las periodistas y escritoras Miriam Mabel Martínez y Annuska Angulo buscan reivindicar el acto de tejer en El mensaje está en el tejido (Futura, 2016), libro sobre aspectos poco conocidos de esta actividad —que ha sido estigmatizada de doméstica y femenina— como su historia, su sociología, su función terapéutica, las aplicaciones que posee en el arte y el diseño, y como se ha utilizado como forma de activismo.

“La actividad de tejer es vista por la sociedad como una cosa de domesticidad y de sumisión; está un poco desprestigiada. Yo misma me suelo auto boicotear e incurro en auto machismos, me decía: ‘¿Para qué estoy escribiendo un libro sobre tejido?´, pero ya que salieron los textos y cuando el libro empezó a tomar forma me di cuenta de su importancia: hay hechos por arqueólogos, historiadores y artistas que lo abordan, pero no hay uno que reúna los aspectos que nosotras sí”, dice Angulo.

“Nos interesa el tejido como una forma de expresión, no nada más porque nos podamos hacer suéteres o bufandas, sino porque es una forma de comunicación, y creemos que ni en México ni en español hay una bibliografía que divulgue ni pueda resumir su importancia histórica porque siempre se piensa que es una actividad de señoras que no tienen nada que hacer, cuando el tejido es una cosa muy compleja, es una manera de rebelión”, agrega Mabel Martínez

Tejer es punk

Martínez cuenta que hasta antes de conocer a Angulo era una “tejedora de closet”. Juntas se dieron cuenta de que existía un prejuicio a que ellas tejieran en público, por ello decidieron a que continuarían haciéndolo como un acto de rebeldía, “nos enfrentamos a muchas cosas, pero también era divertido ir a los lugares más masculinos y ver todo lo que nos decían: desde el ‘qué bueno que están tejiendo’ a otros que decían ‘¿y me tejen un gorro?’, pero cuando que les decías que les enseñabas ya no les gustaba tanto”.

Para ambas, tejer es el acto más democrático puesto que al hacerlo se borra el género, el estatus, la profesión, “estas tejiendo y compartiendo,  y automáticamente empiezas a hablar; los tejedores empiezan a contarse sus historias, sus problemas, los encuentros se convierten en unas terapias y la tejida despierta unas formas de solidaridad impresionantes”.

“Decimos que tejer es punk porque simplemente es un acto de rebeldía: Tejerte algo, hacerte tu ropa ya es un acto que está en contra de tanta trasnacional y consumismo, además lo puedes vender, cualquier cosa la puedes desbaratar y volverla a tejer; la filosofía punk dice ‘hazlo tu mismo’, y estamos tratando de rescatar esa parte de lo punk, no depender de la economía capitalista. Además, el tejido es una revolución desde tu cabeza: estas inventando literalmente con dos puntos lo que tú quieres”, concluyen.