Trabajo, talento y perspicacia, necesarios para crear: Currey

El escritor estadunidense, autor de "Rituales cotidianos", indagó las costumbres y rutinas de trabajo de 160 artistas para conocer sus usos y costumbres para producir sus obras maestras. 
El escritor estadunidense Mason Currey.
El escritor estadunidense Mason Currey. (Facebook Mason Currey.)

Ciudad de México

Uno de los rituales en la vida del escritor estadunidense Mason Currey es hurgar en los detalles mundanos de la vida cotidiana de los grandes artistas, “tal vez porque mi propia vida era diferente, por lo que siempre estuve tratando de encontrar el proyecto perfecto para la máxima productividad y creatividad”.

Al buscar esos aspectos surgió la idea de recolectar lo que los creadores aprovechaban para su propio proceso creativo: manías u obsesiones, aunque no necesariamente como un muestrario que permita a las personas de a pie convertirse en artistas o escritores de la noche a la mañana, lo que dio como resultado Rituales cotidianos (Ediciones Turner, 2014).

“Para acumular todas las historias tuve que descubrir, en primer lugar, lo que no era verdad; tuve que leer, aunque fuera superficialmente, por lo menos varios cientos de biografías y libros, de cartas, diarios y entrevistas, para escarbar lo más posible en los detalles más interesantes acerca de varios hábitos, de las costumbres de los artistas. Esto fue un desafío pero también fue lo más placentero”, cuenta en entrevista con MILENIO Mason Currey, escritor y editor radicado en Los Ángeles, California.

El volumen se integra con alrededor de 160 personajes de diferentes disciplinas, pero también de diferentes momentos, cuya selección se dio lo mismo a partir de la suerte, la oportunidad y sus preferencias personales: “Muchos de mis elegidos son figuras a las que admiro y quiero, entonces la intención era conocerlos mejor”.

“La lección del libro es que las grandes obras de arte son resultado del trabajo duro, unido con el talento, ya que usualmente la labor diaria se llega a extender por semanas, meses e incluso años. Pero el trabajo duro no es suficiente, pues se necesita que haya una base de talento y perspicacia que permitan crear una obra maravillosa o excepcional”.

Obstáculos

Entre los  personajes investigados por el autor figuran escritores, músicos, filósofos, pintores y dramaturgos, todos de distintas épocas, entre los que podrían mencionarse Kafka, Toulouse-Lautrec, Shostakovich, Beethoven, Liszt, Mozart, Voltaire, Franklin, Dickens y Georges Simenon, entre muchos otros.

Desde la perspectiva de Currey, los grandes artistas a menudo demuestran un nivel de dedicación que el promedio de las personas no tienen, y que puede parecer extraordinaria a la mirada de quienes están fuera del ámbito artístico, porque muchos de ellos trabajaron en condiciones de pobreza o de enfermedad, con problemas con su familia, que los criticaba acremente, e incluso contra negligencias comerciales.

“Y pese a todo ello mantuvieron fe en el valor de la obra que estaban haciendo y decidieron continuar en el mismo nivel de trabajo. Creo una persona normal se hubiera echado para atrás al enfrentarse a todos esos retos y dificultades”.

Para el escritor no hay un gran secreto para ser más creativos. Si uno siguiera todos los rituales diarios que seguía Tolstoi, por ejemplo, “no creo que pudiéramos escribir una obra como Ana Karenina”; su apuesta al reunir estas anécdotas es lograr que los rituales pueden ser una herramienta poderosa para la creación: quizás el ambiente, el sitio nos pueda dar una idea de cómo podemos trabajar para ser más creativos y producir obras interesantes, pero nada más.

“La vida de los artistas se encuentra a menudo con muchas dificultades, pero lo que es más importante de estos personajes es que también nos dejan ver la suerte de tener un trabajo del que ellos estaba apasionados, pues mucha gente se siente aburrida o ansiosa por su trabajo diario, y estos personajes estaban profundamente comprometidas y obsesionados con sus trabajos.”

Al final, dice Currey, Rituales cotidianos es un vistazo a los obstáculos a los que ellos se enfrentaban diariamente y cómo creaban estrategias para lidiar con aquellos obstáculos todos los días.

“Cuando fui recopilando el libro estuve trabajando tiempo completo, como una edición de editor. La única manera que pude encontrar para conseguirlo fue levantarme temprano, a las 5:30 de la mañana cada día, y trabajar sobre el libro por dos horas antes de irme a mi trabajo. Ahora que el libro está hecho ya puedo permitirme trabajar en otras cosas y de otra manera”.

Manías y obsesiones

W. H. Auden. Se tomaba una dosis de bencedrina cada mañana, “del mismo modo en que mucha gente se toma un complejo vitamínico”.

Thomas Wolfe. Para inspirar sus sesiones de escritura exploraba “soñadoramente su configuración masculina”.

Patricia Highsmith. Para colocarse en estado mental adecuado, se sentaba en su cama rodeada de cigarrillos, cenicero, fósforos, una jarra de café, una rosquilla y un azucarero, porque quería evitar todo sentido de disciplina.

Beethoven. Se levantaba al amanecer y se ponía a trabajar con un desayuno exacto: el café debía estar preparado con 60 gramos por taza y “a menudo los contaba uno a uno para lograr la dosis exacta”.

Stephen King. Escribe todos los días del año, “incluyendo su cumpleaños y los festivos; casi nunca se permite no alcanzar su cuota de dos mil palabras diarias”.

Extractos de "Rituales cotidianos" by MILENIODiario