Elena Horz: vida y arte del anticuario

El libro "Anticuariato en México" aborda aspectos de la compraventa y el coleccionismo, además de ofrecer una lista de estos establecimientos en la capital.
El libro consta de 298 páginas, 150 fotografías a color y una edición bilingüe.
El libro consta de 298 páginas, 150 fotografías a color y una edición bilingüe. (Tomada del libro "Anticuariato de México".)

México

A su manera, los objetos hablan. Su diseño, líneas o formas cuentan rasgos de la vida cotidiana de una época. Los anticuarios son quienes coleccionan y se dedican a leer el tiempo a través de "las cosas".

San Ángel y La Lagunilla son barrios en donde abundan vendedores y acumuladores de todo tipo de objetos. Convencida de la ausencia de un estudio en esta materia, Elena Horz, junto a Hilda Urréchaga, realizaron la curaduría del libro Anticuariato en México, editado por Smurfit Kappa.

"Todos los años buscamos algo novedoso para ofrecer al público y apoyar la investigación sobre arte e historia de México. En esta ocasión consideramos importante recabar información sobre un tema inédito en nuestro país. Si bien se ha trabajado sobre coleccionismo en museos o piezas por acervos, no existía registro del otro lado del camino: aquel profesionista que se encarga de localizar, rescatar y ofertar al público piezas antiguas para enriquecer estas colecciones", explica Horz.

El volumen consta de 298 páginas, 150 fotografías a color y una edición bilingüe. La curaduría gráfica estuvo a cargo de Hilda Urréchaga y Elena Horz; mientras que el concepto y estilismo fotográfico fue de Paulina Via Horz con base en las fotografías de Jorge Vértiz. Las imágenes se acompañan por textos de los investigadores Elisa Ramírez Castañeda y Gustavo Curiel.

Los anticuarios en México son profesionales, expone Horz, "si no había un trabajo riguroso era porque parecía un tema obvio". Añade que los anticuarios son incluso custodios de bienes patrimoniales que quizá bajo otras circunstancias se perderían en el olvido.

Los hay especializados en todo tipo de objetos. Según la investigación, se congregan sobre todo en San Ángel y la Zona Rosa, en la capital; o en ciudades como San Miguel de Allende, al interior de la plaza comercial La Aurora.

"No todos manejan obras de distintos periodos, estilos y características, algunos se enfocan en periodos específicos. Carlos Corral tiene archivos interesantes de numismática o bibliográficos. Otros se centran en obra gráfica o juguetes de los años cincuenta, sesenta. Hay oferta de todos los estilos y periodos".

A lo largo de la historia del anticuariato, algunos han formado gusto y han sido educadores de coleccionistas. Es el caso de Francisco de la Granja, quien en su local de la calle Bolívar reunió piezas europeas de primera línea y arte mexicano virreinal.

La vocación de Anticuariato en México, no es ofrecer un conocimiento enciclopédico sino aportar una muestra representativa de esta actividad, de ahí que compile a los exponentes más relevantes del pasado y la actualidad en la Ciudad de México. "El criterio de selección lo fijamos a partir de la confiabilidad, la seriedad, el prestigio de los anticuarios y la calidad de los objetos que ofertan. No existe un censo al respecto. Nos centramos en la Ciudad de México por razones naturales y porque aquí están la mayoría de los más importantes. No obstante, sabemos que en lugares como Querétaro o San Luis Potosí hay gente que se dedica a este negocio".

DE COLECCIÓN

Hay para todos los gustos y bolsillos. El mercado es amplio y el valor de las piezas cambia conforme a la oferta o la moda. "Puede ser tan valiosa la escultura estofada del siglo XVIII como una buena colección de anillos de puros, timbres o cajetillas de cerillos. A lo largo del tiempo, conservar cualquier objeto con alguna aportación estética o artística puede ser invaluable".

Lo que para unos es una simple taza, vajilla o encendedor, ante la mirada de un observador curioso se convierte en la antesala de los usos y costumbres de una época. "El anticuariato sube este tipo de artículos al rango de objetos de deseo o de colección. Uno de los ejemplos más recurrentes son los relojes. Seguramente los digitales de actualidad en 80 años serán muy valorados por los coleccionistas".

Una característica más de esta disciplina es su carácter familiar. Hay casos como el de los hermanos Salas Moreno, quienes en la Plaza del Ángel tienen el local La Escalera de Cristal. Ambos han trabajado en mancuerna toda la vida. Lo mismo sucede con la familia Noyola, en San Miguel de Allende. Las colecciones se pasan de generación en generación.

El oficio requiere vocación. No basta el interés comercial, el buen anticuario se avoca a la historia y la necesidad por comunicar. A decir de Elena Horz, muchos son verdaderos investigadores, no únicamente comerciantes. "La mayoría procuran informarse acerca de los objetos más relevantes que venden y a su vez comparten estos conocimientos con el comprador. Tenemos casos como el de Felipe Gil o su hijo Andrés, son personas muy dedicadas. Es una labor muy valiosa porque se vuelven también educadores".

Para quien aspira ingresar a este campo, es recomendable que se acerque a un anticuario serio. "Lo más importante antes de abrir una colección, es informarse sobre lo que se quiere adquirir. No basta comprar porque sí. Es un pasatiempo que se convierte en un oficio. A veces un coleccionista sabe de alguien que posee una pieza que otro necesita, y así sucesivamente. Por medio del 'boca a boca' se gana prestigio y confianza dentro de este negocio".

Horz recomienda también hacer caso al instinto y en especial, al gusto personal. "Se vale que los objetos sean del gusto del comprador. No necesariamente las adquisiciones se hacen para formar colecciones relevantes o de gran trascendencia, simplemente pueden obedecer al deseo de tener en casa un objeto, eso es muy válido. Basta con querer una pieza que acompañe nuestra vida cotidiana".

El libro muestra por primera vez una lista completa, larga y variada de anticuarios en México, que exhiben la evolución de la vida cotidiana desde la época prehispánica pasando por el virreinato y hasta el inicio del siglo XIX. De la investigación se desprende, además, el vínculo que los coleccionistas establecen con los museos. "Este tipo de conexiones son muy relevantes. El señor Haghenbeck y de la Lama, de la Casa de la Bola, se dedicó a usar sus archivos para rastrear y encontrar los lugares donde habían sido adquiridas algunas de las piezas de su museo durante el siglo XX. Sucedió lo mismo con el Museo Franz Mayer, su extraordinario biombo de la conquista se le compró al anticuario Ramón Aranda".

El auge reciente del diseño mexicano, así como el regreso de la estética vintage, conviven a la perfección con el trabajo del anticuario. Para Elena Horz, no se puede entender el desarrollo de una sin la otra, al menos en términos de mercado. "Es un desarrollo paralelo y generacional. Son ciclos que suben y bajan. Los objetos vintage fueron piezas de uso cotidiano hace varios años. Ahora están de moda y son coleccionados, atesorados y exhibidos en galerías porque despiertan el interés entre los jóvenes, aunque para los mayores nos resulten familiares pues crecimos con ellos".

La variedad y la cultura de un país como México, permite que el negocio alcance para todos. Hoy reciben especial aprecio los muebles diseñados por Luis Barragán o las joyas de William Spratling, el arquitecto impulsor de la plata en Taxco. "Tenemos muchas ramas de interés. Somos un país con una gran calidad y sensibilidad. El nivel del diseño mexicano es cada vez más reconocido en el mundo".

Sin embargo, y al margen de las tendencias, Horz concluye que si hay un estilo predominante dentro del anticuariato nacional es el barroco, seguido del arte sacro y el colonial. "Nuestras preferencias como país o sociedad van por estas rutas. No lo digo yo, grandes historiadores y escritores han señalado la importancia del barroquismo dentro de nuestra cultura. No es mi área analizar las razones, yo me limito a hablar a partir de lo que veo en las galerías".