Antígona entre nosotros

“Las guerras las ganan los pueblos. Son los pueblos los que viven el sacrificio, la pérdida, el dolor”.
Joydeep Roy-Bhattacharya, "La guardia", Sexto Piso, México, 2017, 308 pp.
Joydeep Roy-Bhattacharya, "La guardia", Sexto Piso, México, 2017, 308 pp. (Especial)

México

Una joven musulmana se aposta al frente de una base de combate estadunidense en la provincia de Kandahar, Afganistán.

Desarmada, visiblemente mutilada, con su desgarrado atuendo tradicional y un instrumento de 12 cuerdas, pide se le entregue el cadáver de su hermano muerto en un combate previo.

La petición, anclada en la ancestral costumbre que toda sociedad tiene para enterrar a sus muertos, desatará una serie de reflexiones en torno a la guerra y a la manera en que ésta se imprime directamente en la vida diaria de las personas.

Una guerra que, en su manifestación histórica recuperada en La guardia, de Joydeep Roy-Bhattacharya (India, 1971), enfrentó durante años a talibanes y pastunes contra los amrikâyi (y que apenas hace unos días comenzó a reactivarse con el tino de la llamada madre de todas las bombas, dirigida a los túneles y las cuevas del grupo Daesh).

Narrada a partir de las voces de ocho de los protagonistas de la trama, la novela recuerda el mito antiguo griego, representado en una de las tragedias de Sófocles, Antígona.

“Si hubiese dejado insepulto el cadáver aquel/ que nació de mi misma madre, me lamentaría con razón,/ pero nada me aflige ahora”, utiliza inclusive como epígrafe Roy-Bhattacharya para desarrollar esta historia de hienas, buitres, soles abrazadores, oscuridades heladas, vergüenzas, miedos imperecederos, guerras.

Guerras y ejércitos, quienes son irremediablemente los que las llevan a cabo, y que como dice el soldado Taylor no son quienes las ganan: “Las guerras las ganan los pueblos. Son los pueblos los que viven el sacrificio, la pérdida, el dolor”.

En la disyuntiva de acceder o no a la petición de la joven, será el mismo Taylor quien plantee las contradicciones internas de su grupo. ¿Es la joven una terrorista, probablemente cargada de explosivos y dispuesta a inmolarse, o simplemente reclama lo más humanamente justo?

“Cuando matas a la gente y exterminas a sus familias, ametrallas sus hogares y quemas sus pueblos, llenas sus campos de bombas de fragmentación y abates a su ganado, has perdido la batalla para ganarte su corazón”.

Atrapados “en un círculo vicioso de destrucción y muerte”, los ocupantes se enfrentarán no solo al enemigo sino a ellos mismos. Taylor, “demasiado viejo y harto de este juego de niños”, lo advierte:

“Estoy cansado de estar rodeado de chavales de diecinueve y veinte años a quienes han engañado para que crean que luchan por la causa justa (…) Estoy harto de administrar un interminable surtido de píldoras para ayudar a que estos chavales soporten sus miedos, su confusión y su culpa”.

Transportándonos al baluarte de los talibanes, el corazón de la provincia de Kandahar —“nubes de polvo, luna de polvo, sensaciones de polvo”—, el desenlace propuesto a La guardia por Roy-Bhattacharya será de pasmo.

De un lado seres “empujados por sus ansias de cielo”; del otro “chavales cuya única opción en la vida es el ejército o anfetalandia”.

La tragedia de Antígona entre nosotros.