La librería de las almas perdidas

Jeremy Mercer, autor de una historia de este legendario local parisiense, rememora su fundación en 1919, a los escritores que por allí han pasado.

Ciudad de México

Uno de los iconos de París es la Shakespeareand Company, una librería especializada en libros en inglés fundada en 1919 porla estadunidense Sylvia Beach en la rue Dupuytr, de la que se trasladaría alnúmero 12 de la rue Odeón para convertirse en uno de los templos de laGeneración Perdida. En París era una fiesta, Hemingway habla de ella y de losescritores que solían visitarla, entre ellos James Joyce, de quien Beachpublicaría el Ulises en 1922. Desdeel principio, la librería fue un espacio de libertad en el que podíanencontrarse volúmenes prohibidos en otros países.

La ocupación alemana en la Segunda GuerraMundial determinó su cierre en 1941. Diez años después, el tambiénestadunidense George Whitman, de tendencia comunista, abrió en París lalibrería Le Mistral y se hizo amigo de Beach, quien poco antes de morir lesugirió que retomara el nombre de Shakespeare and Company para su local en el37 de la rue Bûcherie, frente al Sena.

Whitman convirtió su negocio en un refugiopara escritores de paso y punto de encuentro de la Generación Beat. Era unhombre generoso y estrafalario, un lector infatigable del que Jeremy Mercercuenta su vida alucinante en La libreríamas famosa del mundo (Malpaso, 2014).

La siguiente conversación con Mercer,canadiense avecindado en Marsella, aborda precisamente la historia de laShakespeare and Company y su relación con Whitman, quien murió el 14 dediciembre de 2011.

 

¿Qué tehizo escribir este libro?

Llegué a París de Canadá, con muchos problemasy sin un lugar adonde ir. Entré en la Shakesperare and Company y un hombre medio un lugar donde vivir y libros para leer. Así que mi libro es la historia decómo llegué a París, encontré la librería y ésta cambió mi vida.

 

¿Quésignificó para ti conocer a George Whitman?

Provengo de una familia muy tradicional, conmetas muy tradicionales: ir a la escuela, conseguir trabajo, comprar una casa,formar una familia. Así que cuando tuve problemas en Canadá y tuve que irme,conocer a este hombre me pareció increíble. George había viajado por todo elmundo, había recorrido Estados Unidos, México, Panamá, había vivido en Rusia yChina. Me mostró un mundo que yo ni siquiera imaginaba que existía. Era unhombre que amaba los libros y la vida; es el hombre más generoso que jamás hayaconocido; si tenía dinero te lo daba, si tenía ropa te la daba, si tenía comidate la daba. Así que, de cierta manera, este hombre no solo me salvó sino que meenseñó a ser mucho más generoso y humano.

 

¿LaShakespeare and Company guarda la memoria, el espíritu, de toda la gente que hapasado por ahí?

Sí, de una manera espiritual. Más de 50 milpersonas durmieron en esa librería. Más de un millón de visitantes han compradolibros allí, y todos la recuerdan. Algunos conocieron a sus esposas y espososen esa tienda. Así que desde un ángulo muy espiritual, hay recuerdos de ella entodo el mundo. Pero en un sentido físico, cuando llegabas a la librería GeorgeWhitman te pedía que escribieras tu biografía: quién eras, por qué estabas enParís, qué hacías allí. Si subías al tercer piso, había caja tras caja debiografías, más de 50 mil, escritas en las décadas de 1950, 60 y 70. Así quetambién hay un rastro físico, un archivo de todas esas almas perdidas quefueron a París y encontraron esta librería.

 

¿Cómose da la transición entre la Shakespeare and Company de Silvia Beach a la deWhitman?

George amó los libros toda su vida. Había oídohablar de la famosa Shakespeare and Company de París, pensaba que el nombre era“una novela de tres palabras” y deseaba conocerla. Después de la Segunda GuerraMundial fue a París y la buscó, pero la habían cerrado, ya no existía. Así queabrió su propia librería, llamada Le Mistral, y buscó a Sylvia Beach. Cuando laencontró, se hicieron amigos y empezó a tomar el té con ella. Un día, Sylvia ledijo: “George, ¿por qué no tomas mis viejos libros, usas el nombre de mi tienday continúas con la tradición?”.

Y tal como Sylvia Beach ayudó a grandesescritores como Hemingway, Joyce y Ezra Pound, George hizo lo mismo conescritores como Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, Richard Nathaniel Wrighty William Burroughs, todos ellos fantásticos.

Al principio, todo fue muy similar a comohabía funcionado la librería de Sylvia pero, con el correr de los años, abriólas puertas a todo el mundo: almas perdidas, estudiantes, mujeres que habíanterminado con su matrimonio, gente que necesitaba un lugar donde quedarse. Asíque se volvió mucho más popular entre la gente, no solo entre los escritores.

 

Estalibrería se ha vuelto una referencia por su defensa de la libertad.

George, quien creía en el comunismo, pensabaque demasiada gente desperdiciaba su vida corriendo tras el dinero. Así queliberaba a la gente de eso. Decía: “Ven a quedarte conmigo. No necesitasdinero. Yo te alimentaré y te daré libros para leer”.

En un sentido más amplio, la mayoría de laslibrerías quieren ganar dinero, quieren vender libros. George tenía los librosque vendía en la planta baja, pero arriba tenía 10 mil en una biblioteca queprestaba gratis, porque decía: “Hasta comprar un libro es una barrera hacia lalibertad si quieres leer y entender”.

Durante la revolución estudiantil en París, en1968, la gente se reunía en la librería, era un centro de actividad. Era unlugar para intercambiar y crear proyectos, sin preocupaciones por tener o nodinero, por tener que pagar... Era fantástico.

 

Lalibrería era también un hospedaje. ¿Qué sentiste al vivir en ella?

Fue simplemente mágico. A mí no me gustalevantarme temprano, nunca en la vida me ha gustado, me gusta quedarme en lacama; pero en esa librería, ni bien abría los ojos me levantaba. Había librospara leer, llegaban poetas, había músicos tocando, alguien con alguna ideagrandiosa, una invitación a hacer algo. Todos los días había mucha energía yexcitación y se sentía la dicha de estar vivo. Nunca había un momento deaburrimiento, te rodeaban las grandes historias de los libros y también las dela gente que conocías. Fue la energía más grande que he sentido en mi vida,tanto literaria como humana. Era la dicha total y siento una dicha total alrecordarlo.

 

 

LaShakespeare and Company está en películas, en libros, hay muchas referenciasdocumentales sobre ella. ¿Por qué era necesario para ti escribir este libro?

Por muchas cosas. Antes que nada, Georgequería que yo lo escribiera. Él estaba muy consciente de la historia de sulibrería, y cada vez que llegaba alguien quería que escribiese un libro sobrela tienda. De hecho, más de 100 personas escribieron libros, pero ninguno fuepublicado, porque no fueron hechos por escritores profesionales. Yo eraperiodista y cuando me vio debe haber dicho: “Este hombre escribirá mi libro,mi historia, para asegurar que mi librería sea recordada”.

Así que en parte fue eso, pero además porqueviví una experiencia muy poderosa. Supongo que si fuera músico hubiese escritocanciones sobre ella y que si fuera pintor hubiese pintado cuadros sobre ella,pero soy escritor, trabajo con palabras, así que la única manera de entender loque realmente me pasó en esa librería fue escribir este libro. Así que lo hicepor George, lo hice por mí mismo, y ahora estoy empezando a darme cuenta de quetambién lo hice por otros, por otros vendedores de libros, por otra gente queama los libros y, principalmente, por la gente joven que quiere viajar despuésde leerlo, que quiere dejar una vida que no le gusta gracias a mi libro. Lohice por George, lo hice por mí y ahora pienso que también lo hice por muchasotras personas.

 

Resultaextraordinario que una librería alcance una notoriedad tan grande en el mundo.

Sí y no, porque es un testimonio de la pasión.Me sorprendería y diría que fue asombroso que George Whitman haya abierto unalibrería un día y al siguiente se haya vuelto famosa. Pero George llegó a Parísen la década de 1950 y todos los días, durante 60 años, abrió esa librería. Noiba a los restaurantes, no iba al cine... Cada centavo que tenía era para lalibrería, cada sueño que tenía era para la librería, así que cuando lo piensas,no puedes menos que decir: “Sí, esto es lo que tenía que pasar, es un premio ala pasión. Tenía una pasión por la librería y esto es justo lo que tenía quepasar”.

 

¿Quéaprendiste de George Whitman?

De George aprendí muchas cosas sobre cómovivir mejor. Me llevaba de compras. Yo era periodista y siempre estaba muy peromuy ocupado, compraba comida congelada. Él me dijo: “¿Pero qué estáshaciendo?”. Me llevó a los mercados y me enseñó a comprar tomates baratos, delas cunetas recogía tomates pasados y decía: “Podemos hacer una sopa conellos”. Iba a la parte de atrás de las panaderías y compraba pan barato.Compraba su ropa en una tienda de ropa usada. Me decía: “Jeremy, nunca tehablaré de nuevo si compras ropa nueva. Ahorra el dinero y compra libros,ahorra el dinero y tómate un tiempo para escribir”. Me enseñó a vivir. La genteque lo veía comentaba que era un hombre viejo y austero, pero no era así. Élsabía que el dinero puede acabar con tu libertad y que si puedes escapar de esono gastando dinero, entonces puedes ser libre. Esa fue la lección más grandeque aprendí de él, y lo sigue siendo hasta el día de hoy.

George Whitman