Hay de libertades a libertades

Al parecer no es lo mismo reírse de los árabes que de los judíos.
El comediante Dieudonné, detenido.
El comediante Dieudonné, detenido. (EFE)

México

Por razones evidentes, la espantosa masacre de los caricaturistas de Charlie Hebdo ha conmocionado tanto a las autoridades como a la opinión pública occidental. La reacción mayoritaria ha sido la de interpretar el ataque como un atentado contra la libertad, perpetrado por fanáticos que desean introducir la barbarie en el mundo civilizado. Los adherentes a esta postura cuentan en sus filas tanto a la inmensa mayoría de ciudadanos de a pie, como a buena parte de la comunidad intelectual, así como a miembros de la clase política, que van desde el presidente francés hasta figuras polémicas como Benjamin Netanyahu, actual cabecilla de la ocupación israelí de los territorios palestinos, y quien, como represalia contra el brutal asesinato de unos jóvenes israelíes, lanzó la campaña contra la franja de Gaza, que incluyó el bombardeo de escuelas y la muerte de cientos de civiles palestinos.

No es en absoluto trivial la presencia de Netanyahu al frente de la marcha por la paz en París, pues simboliza como pocos un patrón que podríamos definir como una espiral de venganza, que es la respuesta habitual en Occidente frente a la violencia despiadada de los fanáticos religiosos contra su población civil. Después de todo, los atentados del 11 de septiembre propiciaron la “guerra contra el terror”, que condujo al mayor asalto contra las libertades individuales en la historia de Estados Unidos, como pusieron al descubierto las filtraciones de Edward Snowden. Paradójicamente, los asesinatos de los extremistas permiten a los sectores más belicosos del establishment político occidental cumplir sus más severas fantasías, al punto de que el miedo y la paranoia se convierten en categorías esenciales del ejercicio del poder político. Al mismo tiempo, queda claro que el uso de la palabra “libertad” no es el mismo para todos, como reveló el arresto esta semana del comediante francés Dieudonné por su humor antisemita, y por lo que las autoridades francesas consideraron una “apología del terrorismo”. Es decir, que las mismas autoridades que consideran que ridiculizar la religión de una minoría segregada es un ejercicio de libertad de expresión, a los pocos días encarcelan a un comediante de humor vulgar y de mal gusto, pues al parecer no es lo mismo reírse de los árabes que de los judíos. Al contemplar los usos políticos del concepto de libertad, viene a la mente una estrofa de Janis Joplin, donde sintetiza muy bien lo que a fin de cuentas significa la libertad para la inmensa mayoría de las personas que quedan atrapadas entre la violencia de unos fanáticos minoritarios y la respuesta del puño de acero de los poderes occidentales: “Freedom is just another word for nothing left to lose”.