La ley del más fuerte

Si otra nación decidiera permitirse el mismo lujo y asesinara a ciudadanos de la potencia belicista, sería una afrenta tal que probablemente conduciría a una guerra abierta y a la invasión.
Barack Obama.
Barack Obama. (Pablo Martínez/AP)

México

Según Émile Durkheim, las leyes que rigen a todas las sociedades son, en el fondo, reflejo de la ideología y mentalidad de las mismas, que de manera gradual y dinámica terminan por ser plasmadas como ley escrita. De este modo, el orden jurídico que rige la existencia es un indicador aproximado de ciertos rasgos del modo de pensar de la sociedad en cuestión. Así, por ejemplo, en una sociedad racista las leyes no protegen de la misma manera a personas de distintas razas. Una sociedad misógina no cuenta con leyes y mecanismos para defender adecuadamente a las mujeres contra abusos y violencia. Igualmente, una sociedad belicista y expansionista puede, por ejemplo, decretar leyes que le permitan asesinar indiscriminadamente ciudadanos de otros países, siempre bajo el entendido explícito de que si otra nación decidiera permitirse el mismo lujo y asesinara a ciudadanos de la potencia belicista, sería una afrenta tal que probablemente conduciría a una guerra abierta y a la invasión.

Lo anterior viene a cuento porque esta semana se produjo un nuevo escándalo de política exterior estadunidense, cuando un vehículo aéreo no piloteado (dron) bombardeó un supuesto objetivo de Al-Qaeda, matando accidentalmente, entre otros, a dos rehenes (uno americano y otro italiano) que permanecían en cautiverio en el complejo. En una franca demostración de que unas vidas valen más que otras, Barack Obama se apresuró a pedir disculpas, anunció que se dará dinero a las familias de las víctimas, y ordenó una investigación para saber cómo fue posible que se ordenara un bombardeo no piloteado en un sitio donde había un estadunidense.

Literalmente, la lectura de los artículos y opiniones sobre el tema es absolutamente demencial, como si nos encontráramos en un mundo regido únicamente por los deseos e intereses del más fuerte (en cierto modo ésa es justamente la realidad). Estirando los límites de lo absurdo, se discute acerca de la legalidad o ilegalidad de los ataques con drones en suelo extranjero. ¿Es que alguien puede sostener con seriedad que puede ser legal, desde cualquier punto de vista, que Barack Obama firme órdenes de asesinato contra sospechosos de terrorismo? ¿Puede un presidente mandar matar a alguien sin un debido proceso legal? ¿Sería incluso imaginable que, por ejemplo, un líder de un país africano devastado por compañías multinacionales firmara una orden de asesinato contra el director de una empresa que esté arrasando con el medio ambiente de su país, y causando hambre y violencia entre su población? Tanto el orden jurídico estadunidense como la comunidad internacional que lo avala muestran sin tapujos la valoración sobre la importancia de los ciudadanos de unos y otros países o razas. Lo increíble es que encima nos sorprendamos también del avance de las ideologías radicales y fundamentalistas en diversas partes del mundo.