“El lenguaje de la calle puede convertirse en literatura”

'Méjico', la quinta novela de Antonio Artuño, confirma la madurez de una prosa que abreva en el humor, el exilio español y la violencia.
El autor jalisciense Antonio Ortuño rinde un pequeño homenaje en su libro a Juan Rulfo y Jorge Ibargüengoitia.
El autor jalisciense Antonio Ortuño rinde un pequeño homenaje en su libro a Juan Rulfo y Jorge Ibargüengoitia. (Cortesía Editorial Océano)

México

De Jorge Ibargüengoitia aprendí, además del humor, que el lenguaje de la calle puede convertirse en literatura", asegura Antonio Ortuño (Zapopan, 1976), quien acaba de publicar Méjico, su quinta novela, cuyo título es una provocación para los despistados cazadores de erratas.

No es una falta ortográfica, sino la elección que hacen los españoles para escribir el nombre del país sin atentar contra las reglas gramaticales.

La novela narra la travesía de un grupo de republicanos que llegan a México tras la Guerra Civil española y de un descendiente suyo que realiza —muchos años después— el trayecto de regreso, luego de verse involucrado en el asesinato de un sindicalista corrupto.

"La premisa del libro es la sobrevivencia a cualquier precio, incluso si el costo que tenemos que pagar es el exilio, la venganza o el crimen", dice Ortuño en entrevista con MILENIO.

Méjico (Oceáno, 2015) contiene un pequeño homenaje a Juan Rulfo al citar La cordillera, libro que su paisano nunca escribió, y también a Ibargüengoitia, cuya novela Isabel cantaba se destruyó en el avionazo en el que murió en 1983.

Tras cinco novelas tu estilo literario es inconfundible y, además, gusta, ¿qué opinas?

Soy un narrador que escribe para la plaza pública; no me interesa la escritura hermética ni hacerlo para unos pocos afortunados. Trato de ser riguroso con la estructura y el lenguaje, pero me interesa establecer un diálogo con los lectores.

Tardaste ocho años en escribir esta novela.

No fueron ocho años continuos. Abandonaba la novela y luego regresaba. No era falta de interés, sino de recursos expresivos. Méjico pudo ser mi segundo libro, pero no lograba afilar la prosa y la estructura. El principal motor para terminarlo fue la muerte de mi madre el año pasado; para sobrellevar el duelo recuperé la historia, que tiene mucho que ver con ella y con su origen español.

¿Cuál es el origen de 'Méjico'?

Cuenta una historia que no es la de mi familia. Es ficción, pero abreva de las memorias familiares, específicamente de mi madre, mis tíos y mis abuelos que vinieron a México después de la Guerra Civil española. Yo tengo las dos nacionalidades, pero no me promuevo como español, porque no lo soy. Soy absolutamente mexicano.

¿Cuál es la premisa? ¿La venganza, el exilio, la migración?

Es la sobrevivencia a cualquier precio, incluso si el costo que tenemos que pagar es el exilio, la venganza o el crimen. Todos somos el final de una
línea evolutiva de millones de
años y nuestros ancestros se las arreglaron para sobrevivir. Los personajes de este libro tienen muy aguzada esa conciencia.

El humor es algo indisoluble de tu prosa. Sé que eres admirador de Jorge Ibargüengoitia. ¿Lo tienes en la mente cuando escribes?

Ibargüengoitia es un escritor fundamental para mí, pero no lo he copiado. Haberlo descubierto en la adolescencia fue una revelación. En primer lugar porque era la literatura de mi país y, en segundo, porque utilizaba el lenguaje que yo hablaba. Además del humor, descubrí que el lenguaje de la calle también podía convertirse en literatura.

Rindes un pequeño homenaje a Ibargüengoitia y a Juan Rulfo.

Así es. Hay un personaje que comercia dos novelas. La primera es La cordillera, el famoso libro que Rulfo dijo que iba a escribir y que nunca escribió. El segundo es Isabel cantaba, la novela que Ibargüengoitia llevaba terminada cuando se cayó el avión en que viajaba. En Méjico el manuscrito no se pierde, porque le roban el equipaje de mano antes de despegar. Sin embargo, al final las dos novelas regresan a la oscuridad porque terminan en manos de coleccionistas, cuya intención es no darlos a conocer.

¿Qué opinas de la experimentación en la escritura?

El concepto de escritura experimental me parece conflictivo. Quizá yo escriba cosas radicales, pero no voy a ponerme a hacer dibujitos, a pegotear fotografías o a poner gifs. Todavía no tengo cisticercos —dice y suelta la carcajada.

¿Por qué 'Méjico' con jota?

Escrita así es la palabra que une a México con España. Para los españoles la jota es la grafía correcta para escribir el nombre de nuestro país, aunque nosotros elegimos la equis desde hace mucho tiempo, desafiando incluso la gramática del castellano.

Es una buena provocación para los lectores...

Es muy provocadora, pero esa palabrita es la que está en el centro de la historia en 'Méjico', que es la relación entre México y España.