La lengua kiliwa “ya está muerta”: hablante

De las 364 variantes lingüísticas de México, 64 se encuentran en alto riesgo de extinción; de los 16 millones de indígenas, cerca de 7 millones usan alguna.
Hipólita Espinoza tiene más de 80 años y es una de las pocas personas con dicho lenguaje.
Hipólita Espinoza tiene más de 80 años y es una de las pocas personas con dicho lenguaje. (Claudia Guadarrama)

México

Hipólita Espinoza no recuerda su edad, pero su piel agrietada hace pensar que tiene más de 80 años. Encorvada y con ayuda de un bastón, recoge leña para hacer fogatas y apaciguar el frío intenso que llegará con la noche. Apenas logra arrancar algunas varitas secas de los escasos arbustos de este desierto, donde a mediodía el sol pega con mayor intensidad y el viento es fuerte y tibio.

Al pie de la sierra de San Pedro Mártir, en el desierto de San Felipe, al sur de Ensenada, se localiza el ejido Kiliwa, conformado por 26 mil 910 hectáreas, habitadas por 100 indígenas kiliwa, apartados.

Hipólita y su hijo son los únicos hablantes de esa lengua aquí en el ejido. Otros tres hablantes más viven dispersos en el Valle de la Trinidad, Ensenada y Tijuana, por lo que el kiliwa, con solo cinco hablantes, es una lengua en alto peligro de extinción.

—¿Cuántas personas hablan kiliwa?

—Aquí no hay nadie que le entienda al kiliwa. La gente habla puro español —dice la anciana en voz baja, cuyas trenzas caen sobre sus hombros.

Hipólita y su hijo han conservado la lengua porque al vivir juntos pueden entablar una conversación. Pero cuando Eusebio Álvarez —el hijo— se emborracha durante varios días, Polita se queda sin hablar, esperando que, tal vez, uno de los otros tres hablantes del kiliwa llegue inesperadamente a visitarla.

—Hablantes del kiliwa aquí nada más nosotros, pero allá abajo, está mi sobrino Leandro, Leonor y José. Cuando viene Leonor también hablamos kiliwa.

Leonora Farldow Espinoza vive en un barrio de Ensenada. Sentada en el solar de su casa elabora artesanías como los antiguos recipientes y muñecas que recuerda, solía usar de niña. Nostálgica frente al retrato de su abuela, entona una canción de cuna.

—Como yo era muy chillona ella me cantaba —y entona el arrullo— ¿Qué significa?  

—En español dice algo como “En la noche, en la madrugada, tú duerme en el desierto”.

Leonora tiene 70 años y es la principal promotora de su lengua. A los 16 años abandonó el ejido Kiliwa y desde entonces vive en Ensenada.

—El motivo de salirse de allá es porque no hay trabajo para mantenerse —se lamenta Leonor, quien tiene 13 hijos.  Ninguno de ellos habla la lengua materna, aunque recientemente comenzaron a aprender los saludos.

—¿Por qué dejó de enseñarle a sus hijos?

—Porque en aquel tiempo, y todavía existe, los indios fuimos muy discriminados. Cuando empecé a salir a Yuma, Arizona, mucha gente se reía de nosotros. No me arrepiento de no haberles enseñado nada a mis hijas e hijos, porque donde quiera, iban a ser despreciados también. Ese fue el problema.

Hace varias décadas,  Leonor se interesó en enseñar su lengua. Comenzó con un grupo de niños en un albergue, pero los esfuerzos fueron inútiles, así que junto con Arnulfo Estrada desarrolló el Diccionario práctico de la lengua kiliwa. Recientemente decidió retomar las enseñanzas.

—Hicimos el diccionario para  que lo repartieran y el cassette para que escucharan la lengua,  a ver si aprendían. Más de 100 fueron repartidos y ni así trabajaron. Luchamos bastante para ver si aprendían algo y no. Ahorita estoy yo enseñando cantos, los buenos días, buenas tardes a cinco niños.

En el ejido Kiliwa, los niños Alía, Onécimo, José, Elías y Renato tienen ahora la tarea de revitalizar la lengua kiliwa.

—Yo no quiero que se pierda, quiero que mis hermanos, que mis sobrinos la aprendan —anhela Alía de 12 años, tras entonar uno de los cantos que aprendió de Leonora.

Pese al entusiasmo de los infantes, Leonora no es muy optimista. “Es muy claro, se puede decir que ya se está acabando, ya está muerta, porque de los otros hablantes, nadie está haciendo nada por preservarla”, suspira.

Javier López Sánchez, director del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), advierte que al perderse una lengua, se pierde una manera de interpretar el mundo.

“Hablar de la lengua es hablar de cosmovisión, cultura y entonces cuando se muere una lengua se muere esa visión de la misma vida”, subrayó López Sánchez.

Entrevistado en su oficina en la Ciudad de México, el director del Inali alertó que, en nuestro país, la mitad de los indígenas dejó de hablar su lengua materna. De las 364 variantes lingüísticas que se hablan en México, 64 se encuentran en alto riesgo de extinción.

“En México somos cerca de 16 millones que nos reconocemos como indígenas, de los cuales cerca de 7 millones hablamos una lengua. Es decir, el número de hablantes ha disminuido. No estamos hablando de que han desaparecido lenguas sino que ha desaparecido el número de hablantes de lenguas indígenas y es un gran porcentaje”, dijo el director del Inali.