• Regístrate
Estás leyendo: Lasse Söderberg: Grammy de literatura
Comparte esta noticia
Lunes , 16.07.2018 / 10:21 Hoy

Lasse Söderberg: Grammy de literatura

Poesía en segundos


Publicidad
Publicidad
Hatsune Miku
Ciudad de México
19 de Julio
Los Caligaris
Guadajalara
19 de Julio
The Sol Festival
Poza Rica de Hidalgo
20 de Julio
FLOW
Ciudad de México
20 de Julio

Víctor Manuel Mendiola

¿Quién podría dudar del encanto de las canciones de Bob Dylan? Bastaría con tomar “Like a Rolling Stone” y “All Along the Watchtower” —Jimi Hendrix tocó esta pieza en Electric Ladyland—, para ver el don virtuoso de la sorpresa. Dylan movió los sentimientos de muchos de los jóvenes de la segunda mitad del siglo XX y quizá de no pocos de este nuevo comienzo de siglo. Solo un “intelectual” ciego rebatiría el valor de esa inexplicable urdimbre del arte de la calle, del dicho y la tonada inmediatos y a la intemperie —colmados de significados en eco, en “error”, en rima loca, en desobediencia y en cocción—. Sin embargo, saltar a la ensalada y al popurrí, de Cuco Sánchez o Frank Sinatra a W. B. Yeats o Jessye Norman, revela no solo pobreza en la comprensión de lo múltiple estético sino una falta de inteligencia en la reflexión sobre la continuidad y ruptura de los lenguajes acrisolados y transhistóricos. La admiración a Dylan está fuera de duda, pero el otorgamiento del Nobel muestra tres cosas: los premios son confusos y en muchas ocasiones mentirosos; vivimos el mundo al revés; y los “expertos” ya no saben distinguir las formas ni qué es bueno o malo. Así lo revelan las distinciones nacionales e internacionales. Basta con tener una imagen mediática —y amigos— o rozar, política y correctamente, un tema de la mala conciencia social para ganar alguna clase de medalla o abrir las puertas de una editorial. El populismo como cultura y arte ha alcanzado la cúspide en el capitalismo de hoy y es natural que esté en los museos y en la literatura.

En este progresivo avance de lo confuso y falso tiene un mérito paradójico la continua y casi secreta publicación de los sencillos y profundos poemas del poeta sueco Lasse Söderberg. Él es conocido en el mundo de la poesía mexicana desde hace mucho tiempo. Vino a aquel legendario festival de poesía realizado en Morelia en 1981, donde participaron Borges, Heaney, Popa, Tranströmer, y estuvo varias veces en las lecturas convocadas por Octavio Paz —en una de ellas leyó y combinó con música un asombroso réquiem de tres minutos—. Desde su primera intervención, Söderberg nos enseñó un arte perfecto, vivo en una honda preocupación humana: “¿Para quién escribe el poeta?/ Para todo lo errante y sufriente,/ para todo lo que es incesantemente abatido,/ aniquilado. Para los grises guijarros,/ porque son semejantes a los hombres”. Sus poemas, cortos o largos, parecen haikus por su fuerte economía y su hermosura instantánea. En ellos, lo visible abre dos veces lo invisible, porque toca lo duradero que hay en lo efímero y nos revela que solo en lo plural está lo único. Jorge Boccanera ha dicho con razón que el gran poeta sueco escribe “como si hablara con los ojos”.

En el libro que ahora ha publicado, El lugar más lejano (La otra, México, 2016), en traducción de Ángela García, nos vuelve a mostrar con su compleja naturalidad la historia, la tragedia, la metáfora de Jerusalén. Su libro logra comprimir el pasado y el presente, la nada de los hombres y la nada de Dios, la piedra móvil del camino y la volante piedra asesina de los conflictos, la cálida pared del hogar y el cruel muro de las lamentaciones. El meollo de su poesía reside en reinventar la significación y saber que significante es significado: “la noche era un mar sin fondo/ donde se mecía una canoa de Plata”. Igual que Lars Forssell y Werner Aspenström, Söderberg enseña que lo real siempre es irreal. En el mundo al revés de nuestro tiempo, Söderberg debería ganar el Grammy más resonante.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.