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Las presas de Pinochet

La periodista chilena Vivian Lavín reunió en "Mujeres tras las rejas de Pinochet" la historia de tres ex presas políticas que se hicieron amigas en prisión.

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Tres ex presas políticas de la dictadura chilena decidieron dejar de callar sus historias y contárselas a la periodista Vivian Lavín. Elizabeth Rendic, Gina Cerda y Valentina Álvarez se hicieron amigas en prisión, donde pasaron años.

Sin rendirse ante el encierro, en la cárcel continuaron con su lucha, se asignaron tareas; trabajaban, cocinaban, sobrevivían.

Las mujeres, que vivieron la lucha por un Chile más justo y fueron detenidas en los 80 pasaron años en una cárcel solo para ellas. Una casa antigua en la que mujeres de todas las clases sociales se volvieron cómplices y amigas, siempre y cuando pertenecieran al mismo grupo revolucionario. Las comunistas con las comunistas, las frentistas con las frentistas y las miristas con las miristas.

"Estas son tres mujeres distintas, que jamás hubieran sido amigas si no hubiesen estado juntas en la cárcel", dice Lavín.

Gina fue la que menos tiempo estuvo en la cárcel, cuatro años y medio. Llegó ahí por haber estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. Realmente no perteneció a ningún grupo revolucionario, pero ayudó a los heridos. Fue ayudista del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el grupo que atentó contra Pinochet en 1986. No sabía bien en lo que estaba, pero tenía el compromiso de ayudar. Su pareja es médico y formaron una clínica en una casa en la que atendían a los heridos.

Las otras dos sí fueron miristas, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile. Valentina es la más joven. Desde muy chiquita ella tenía el compromiso con la lucha, pertenece a una clase social más baja y estuvo muy comprometida en contra de la dictadura, entró al movimiento saliendo del colegio. Su novio murió en un ataque que hicieron a un cuartel de policía. Y la tercera es Elizabeth. Una doctora que saliendo de la universidad decidió unirse al movimiento con su pareja, quien murió en la lucha.

"Ellas terminan en la cárcel cuando empieza la transición chilena. Cuando salieron no quedaba nada de todos los referentes políticos. Era otro Chile".

Su salida las desanimó tanto, por ver que no había ocurrido un cambio realmente en Chile, que decidieron volver a sus vidas y sumergirse en la cotidianeidad.

"Empiezan a hacer sus vidas y nunca más nada, como que cuelgan el delantal de guerrilleras".

Una de ellas, Elizabeth, le contó a Lavín que cuando salió de la cárcel escondía a su joven combatiente "por el temor al rechazo, por las odiosidades que me dificultarían empezar a hacer una vida normal".

Valentina le narró que "junto con la alegría de estar libre, tuve la sensación de que mi mundo se armaba y se desarmaba de manera permanente".

Gina le confesó: "hoy, a más de 28 años de esta historia, sigo teniendo esporádicamente sueños en que estoy encarcelada".

En los relatos que Lavín detalla en su libro también están las frases de estas tres mujeres que muestran el encierro por el que pasaron, pero también la fuerza con la que se mantuvieron dentro.

Le dieron fotografías de sus años en la cárcel en las que la periodista no encontró que estuvieran derrotadas. "No hay derrota, están conscientes, hay un orgullo y conciencia de estar ahí".

Entre las cosas que hacían las presas para mantener el contacto con el exterior y no perder la fuerza estaban las "callugas", papeles masticables en los que escribían cartas.

"Eran cartas que con unas letras pequeñitas, pequeñitas, las reducían a tal grado que las podían pasar a sus visitas. Eran las cartas de amor, las cartas a los hijos. La comunicación con la que estaban tratando de enfrentar el encierro".

"Fueron cinco años y medio en los que yo me imaginaba a mí misma caminando sobre una línea de tren, sin fin, intentando el equilibrio para no caer hacia ningún lado", se lee del relato que Valentina le hizo a la periodista.

"Los años de cárcel no fueron tortuosos. Los recuerdos son sensibles, divertidos, de mucho crecimiento. Pero no pasó ningún día en que no deseara con el alma salir de ese lugar", dijo Gina a Lavín.

Las tres mujeres coinciden en que la lucha valió la pena, pero no fue suficiente. Aunque los movimientos lograron terminar con Pinochet, todo siguió prácticamente igual, incluso con la misma Constitución.

El libro lo presentan hoy en la FIL a las 18 horas la autora y las protagonistas de la historia.

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