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Domingo , 23.09.2018 / 23:59 Hoy

Las peripecias del Acta de Independencia

El documento firmado en Palacio Nacional el 28 de septiembre de 1821 fue robado, vendido en varias ocasiones y finalmente recuperado en 1961.

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Marcada por increíbles vicisitudes, la historia del Acta de la Independencia del Imperio Mexicano podría ser la protagonista de una gran novela, cuya trama iniciaría en el momento en que fue firmada en Palacio Nacional el 28 de septiembre de 1821. Sus aventuras comenzaron unos años después: sustraída en 1830 de ese recinto, fue vendida y llevada al extranjero; más tarde fue recuperada por Maximiliano de Habsburgo, quien hasta le puso su exlibris al documento, pero tras su muerte su confesor, el padre Fischer, se lo llevó a Europa.

El relato continuaría en el Viejo Continente, donde el manuscrito, firmado por Agustín de Iturbide y los miembros de la Junta Provisional Gubernativa, fue comprado por Joaquín García Icazbalceta a un anticuario español, don Gabriel Sánchez. El documento regresó a México y estuvo en manos de la familia García Pimentel; pero fue vendido al coleccionista Florencio Gavito, en 1947, quien en su testamento estableció que, a su muerte, el ejemplar le sería entregado al gobierno de la República. Fue así que el 21 de noviembre de 1961, el Acta de la Independencia del Imperio Mexicano retornó a su legítimo dueño: el pueblo de México. Así lo relata a MILENIO Lilia Rivero Weber, conservadora de Palacio Nacional.

Antes de ese acto protocolario, expertos del INAH analizaron el manuscrito para dictaminar su autenticidad; realizaron un estudio muy minucioso, desde el punto de vista grafológico y paleográfico, mediante técnicas de laboratorio con película infrarroja, ultavioleta y otros filtros.

Tras su recuperación, el acta está bajo el resguardo del Archivo General de la Nación (AGN), en una bóveda de seguridad donde se preservan los tesoros documentales de nuestro país. Al respecto, Mercedes de Vega, directora del recinto, indica que mucho de nuestro patrimonio documental ha sufrido de avatares, por lo cual se resguarda bajo un infranqueable sistema de seguridad.

“Desde el año 2010 el Acta de la Independencia se encapsuló en una especie de caja con un sistema que genera una atmósfera especial que, gracias al gas argón, que es inerte, garantiza que las condiciones de humedad, temperatura y de presión sean las óptimas para mantener estables las propiedades de los textos. Además, el documento se puede exhibir al público sin que sufra cambio o daño alguno, gracias al trabajo que se realizó en colaboración con el Centro de Diseño Mecánico e Innovación Tecnológica de la Facultad de Ingeniería de la UNAM”, detalla De Vega.

Asegura que la originalidad del Acta de la Independencia del Imperio Mexicano no está a discusión: “Es el documento auténtico, de manera que no estamos frente a un manuscrito apócrifo. Tiene algunos sellos que dan cuenta de los avatares por los que pasó, que son los de las manos por las que pasó el documento: una casa de antigüedades en España, así como el exlibris del emperador Maximiliano. Eso puede considerarse como parte de su autenticidad”.

El patrimonio documental de México ha sufrido muchas peripecias, por lo que así como se rescató este importante texto, sugiere la directora del AGN, se debe promover la recuperación de todos los que estén en condiciones de abandono que puedan propiciar su robo y venta.

DOS ACTAS, DOS DESTINOS

El Acta de la Independencia del Imperio Mexicano es una de las dos que se realizaron y signaron el 28 de septiembre de 1821 en Palacio Nacional, documento que puso fin a la monarquía española en la Nueva España, explica Rivero Weber.

“Se hicieron dos ejemplares, uno para el gobierno y el otro para la Junta Provisional Gubernativa, la cual depositó su Acta de Independencia en la Sala de sesiones del Recinto Parlamentario, espacio que sucumbiría en el incendio del 22 de agosto de 1872”, y de ahí la importancia de la recuperación del documento robado, comenta la especialista.

Según Rivero Weber y de acuerdo con la versión de Lucas Alamán, el acta “se publicó con la mayor solemnidad y de ella se hicieron dos ejemplares… No existe en la República más copia que la que está en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados; la otra fue vendida por un empleado infiel a un viajero curioso”.

El documento fue sometido nuevamente a análisis en el 2010, en el marco de Bicentenario de la Independencia, y fue restaurado y depositado en una cápsula de seguridad al vacío, en la que está a salvo de incendios, inundaciones y terremotos.

Así, asegura la conservadora, es casi imposible que el Acta de la Independencia del Imperio Mexicano sufra algún deterioro o algún percance, y mucho que menos que vuelva a ser sustraída.

Ese documento tiene medidas máximas de 53.14 centímetros de ancho por 72.2 centímetros de alto; el papel presenta roturas sobre las orillas superior e inferior, así como faltantes en las esquinas superior e inferior izquierda (donde también tiene una mancha), e inferior derecha.

Sobre el soporte textil se localizan dos marcas de propiedad. La primera es un sello de goma en tinta morada en el que se lee: “Gabriel Sánchez. Librería 21. Carretas 21. Madrid”. La segunda marca es un fragmento de papel de 6 centímetros por 6.5 centímetros, adherida en la esquina inferior derecha del reverso del Acta de Independencia, con un grabado en tinta negra del conocido exlibris de Maximiliano de Habsburgo, que consiste en un águila coronada y debajo de ésta el monograma del emperador. El papel presenta roturas, oxidación y un desprendimiento del soporte.

RECINTO PARLAMENTARIO

Después de 100 años, el Recinto Parlamentario se levantó de las cenizas y el olvido: para recrear ese espacio, en 1972 los arquitectos se basaron en la litografía del pintor Pedro Gualdi.

El lugar se inauguró tras una gran renovación de Palacio Nacional, como un memorial que reconoce a todos aquellos personajes “que nos dieron independencia y patria. Ahora la pared central del recinto cuenta con una copia facsimilar del Acta de Independencia, y es uno de los sitios más visitados de Palacio Nacional, precisa Rivero Weber.

En las crónicas, Alberto Trueba Urbina escribe: “A la una y media de la tarde, cuando el incendio había adquirido su mayor intensidad, se perdieron las esperanzas de salvar el recinto. La madera se consumió rápidamente, la elegante araña de cristal se vino abajo; el fuego, avasallante e incontenible, pronto destruyó la histórica Cámara”.

Hoy, en su antesala, se exhibe la original Acta de la Independencia del Imperio Mexicano, manuscrito que sobrevivió debido a que había sido robado.

El público tendrá la oportunidad de conocer y admirar el documento en todo su esplendor, ya que se presenta en la exposición La Constitución Mexicana, 1917-2017: imágenes y voces, inaugurada por el presidente Enrique Peña Nieto el pasado el pasado 5 de febrero, con motivo del centenario de la Carta Magna, exhibición que llegará a su fin el próximo domingo.

En Palacio Nacional se prepara un proyecto para que de manera permanente se muestre la genealogía de la conformación de México como nación; así, cambiarían los originales por copias facsimilares de documentos históricos que van desde los Sentimientos de la Nación, proclamados por José María Morelos y Pavón, hasta la Constitución de 1917, pasando por el Acta de Independencia Nacional.



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