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Miércoles , 15.08.2018 / 06:53 Hoy

Las nuevas tecnologías que indagan en el pasado

Según el INAH, México es uno de los países que lidera el desarrollo de herramientas tecnológicas para la preservación y difusión del patrimonio cultural.

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Tlaloque I es el nombre del pequeño robot que descubrió el 'túnel del inframundo' en Teotihuacán. Gracias a sus ruedas de tracción independiente y a sus dos cámaras de video, los arqueólogos del INAH encontraron hace unas semanas cerca de 70 mil tesoros bajo el Templo de la Serpiente Emplumada: bastones de mando, ofrendas, semillas, esqueletos de animales y esferas metálicas que no habían visto la luz en por lo menos mil 800 años.

Sólo en las pirámides de Egipto se había utilizado un dispositivo similar, hace una década. Pero Tlaloque I fue diseñado y construido especialmente para esta exploración por un ingeniero mexicano: Hugo Armando Guerra Calva, egresado del Instituto Politécnico Nacional.

"En México estamos liderando la aplicación de herramientas tecnológicas para la investigación del patrimonio cultural en Latinoamérica", asegura Ernesto Miranda, organizador del primer congreso en la materia que se llevó a cabo en el Museo Nacional de Antropología. El también director de Innovación Académica del INAH llegó a esa conclusión después de cuatro días dedicados a conocer más de 80 proyectos similares que ya se aplican en países como México, Colombia, Perú, Polonia, Italia y Estados Unidos.

Uno de ellos es el de la zona arqueológica del Cerro del Teúl, en Zacatecas, uno de los pocos centros urbanos que los españoles encontraron activos cuando llegaron a la región. Aunque no ha sido abierto al público, los trabajos de excavación y restauración del sitio comenzaron hace seis años. Y en ese periodo se han encontrado vestigios únicos, como un juego de pelota de piedra maciza y una tumba que remite a un par de siglos antes de nuestra era.

Pero como no todos los hallazgos podrán estar a la vista del público -por investigación o conservación, por ejemplo- el sitio arqueológico utilizará la tecnología de realidad aumentada. Sus directores, Peter Jiménez y Laura Solar, encomendaron a Miguel Ángel Maciel, de 24 años, el diseño de una aplicación para Android que servirá a los usuarios en su recorrido. En su teléfono inteligente, los visitantes podrán ver modelos en tres dimensiones para conocer las tumbas y sus objetos, o videos con recreaciones de la vida de los antiguos pobladores.

Patrimonio tangible e intangible

En el Museo del Templo Mayor también se desarrollan herramientas tecnológicas similares. "No estamos copiando lo que hacen otros países, estamos creando aplicaciones nuevas", explica Diego Jiménez, el arqueólogo especializado en computación que lidera -junto a Salvador Ruiz Correa- los proyectos de innovación que han venido a conocer investigadores y museos de Europa, China o Rusia.

Entre ellos se encuentra un motor de búsqueda, como Google, pero que en lugar de texto reconoce objetos con base en sus rasgos geométricos. Las piezas arqueológicas pasan por un escáner tridimensional y los modelos resultantes se almacenan en una base de datos que puede ser consultada en línea por otros investigadores. "Si alguien encuentra una pieza en una excavación puede ir a esa base de datos para saber si hay otras piezas similares y en qué circunstancias se encontraron", explica Jiménez.

Otras iniciativas se enfocan en la protección del patrimonio intangible, como aquellas que investiga la organización Ethnos Project. En su portal se encuentran diversas plataformas desarrolladas para ayudar a que grupos indígenas alrededor del mundo preserven su lengua y sus tradiciones. Por ejemplo, un diccionario en línea inglés-kalanga (lengua de Zimbabwe) que reconoce los sonidos. O una comunidad digital que promueve el uso de la lengua aymara (de Bolivia) en Internet.

"Este tipo de tecnologías todavía no se aplican en México", dice Miranda, quien ve en ellas un campo de investigación abierto y necesario en un país en el que se hablan más de 80 lenguas indígenas.

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