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Domingo , 27.05.2018 / 04:34 Hoy

Las cenizas de Gabo

Ambos mundos 

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Santiago Gamboa

Una de las más sabias decisiones sobre los restos de García Márquez tiene que ver con sus cenizas. “Serán ceniza, más tendrá sentido”, como escribió Quevedo, pues solo gracias a ellas, a su capacidad aluvional, es que se pudo resolver el complejo y muy sensible tema del reparto entre los dos países centrales de su vida: México y Colombia. De no haberse cremado, esta división habría sido imposible, ¿seccionar en dos el cuerpo? Imposible. Pero gracias al fuego hoy ambos países cuentan con una parte del polvo residual que les permitirá sentir —y por supuesto creer— que Gabo está ahí, en el México en el que se hizo escritor y que lo acogió en los años ochenta, cuando en Colombia su seguridad y puede incluso que su vida peligraban, y la Colombia de su nacimiento, la que le dio el gran tema y el espacio privilegiado a su obra, que es El Caribe, y que en Cien años de soledad narra desde su fundación mítica.

Gabo adoró México, pero su obra nunca fue mexicana. La gran tradición de México inclina a sus novelistas o poetas hacia el ensayo y la reflexión, tal vez por respeto a Alfonso Reyes, un espacio en el que García Márquez nunca se sintió cómodo. De ahí su fervor por Rulfo, uno de los mexicanos que no fue a la vez un intelectual, como sí lo fueron Octavio Paz o Carlos Fuentes, por cuyas obras desfila toda la filosofía, la política, la historia, el arte y la literatura no solo del siglo XX sino de los siglos pasados. Honrando esa tradición mexicana, Paz o Fuentes —o Pitol o Volpi o Villoro— podrían detenerse en cualquier instante de sus vidas y, súbitamente, producir una brillante disertación sobre los sonetos de Shakespeare, la figura de la “aporía” en la sofística griega o la Escuela de Frankfurt. Gabo en cambio no, aunque esto no significa que no tuviera una enorme cultura. La “no ficción” de García Márquez no está en el ensayo sino en el periodismo, algo que muchos autores literarios mexicanos no practicaron. Esto tal vez se debe a que el periodismo fue tradicionalmente el modo de ganarse la vida del escritor en los países en donde ser escritor producía poco. Pero esto en México es distinto, pues los escritores reciben becas del Estado y además está la diplomacia, que cumple el papel alimenticio que en otros países dan los periódicos: Paz fue embajador en India, Fuentes en Francia, Pitol en Checoslovaquia, Alfonso Reyes en Argentina. En Colombia muy pocos escritores han sido embajadores. Algunos —yo mismo— han ocupado puestos diplomáticos menores, pero éste no fue el caso de García Márquez.

Así pues, la parte colombiana de las cenizas de Gabo ya está en Cartagena de Indias, la ciudad de algunas de sus grandes novelas y el lugar que él mismo eligió para construir una casa y vivir cuando estuviera en El Caribe colombiano. Y la verdad es que hacía falta tener en el país un lugar físico y a la vez simbólico donde poder hacerle un homenaje o simplemente ir a recogerse un momento y pensar en él.

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