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Lunes , 25.06.2018 / 12:51 Hoy

¡Las celebridades al poder!

Prácticamente cualquier periodista del mundo aceptaría sin dudar la oportunidad de entrevistar a uno de los personajes más fascinantes e influyentes en la configuración de nuestra realidad actual.

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Eduardo Rabasa

Es absurdo y ridículo pensar que Sean Penn y su secuaz, Kate del Castillo, hayan incurrido en algún crimen, o siquiera en una conducta de moralidad dudosa, al buscar entrevistar al Chapo Guzmán. Prácticamente cualquier periodista del mundo aceptaría sin dudar la oportunidad de entrevistar a uno de los personajes más fascinantes e influyentes en la configuración de nuestra realidad actual. Otra cosa es que, como era de esperarse, el periodista Sean Penn no cumpla con los mínimos estándares para desempeñar el oficio de manera competente. Quizá sea simplemente incompatible compaginar exitosamente el ego descomunal de una estrella de Hollywood con la mesura y la discreción al escribir que exige el periodismo de mayor nivel. Por eso, la noticia en sí fue el encuentro, y no nada que se haya desprendido de su contenido. Que Kate del Castillo utilice el episodio para promocionar su productora y una marca de tequila añade un toque genial al asunto.

Walter Benjamin acuñó un concepto determinante para entender el siglo XX, el de la estetización de la política: los montajes visuales, auditivos, disciplinarios, luminosos, diseñados para provocar en las masas un estado de paroxismo histérico, una disposición para seguir el llamado de los líderes, aquellos que ahora sí conducirían a la nación a la grandeza y a la gloria que el destino les había deparado. En cambio, en nuestra época asistimos a una especie de reinado de la cultura de la celebridad, siempre adecuadamente dirigida hacia fines mercadotécnicos y corporativos, de la cual lo que acabamos de presenciar no es sino la consecuencia lógica. Si las celebridades de Hollywood ya son quienes llevan la voz cantante para denunciar las barbaridades en lugares del mundo que no podrían estar más alejados en todos los sentidos del lujo y la adulación entre las cuales transcurren sus vidas, es inevitable que su conciencia social se extienda hasta buscar marcar la diferencia de otras formas, por ejemplo arriesgándose a adentrarse en las sierras mexicanas para entrevistar al Chapo.

Es altamente posible que estas celebridades experimenten un trastorno perceptivo tal que ya no les permita distinguir con precisión dónde acaba el set, y dónde empieza la realidad que no se rige bajo las reglas de la fama. Viven, como afirma la canción de R.E.M., en una “Imitation of Life” que terminan por confundir con la vida misma, salvo las ocasiones en las que se llevan un frentazo por múltiples bandas al extralimitarse en cuanto a sus capacidades, y darse cuenta de que no es lo mismo salvar al mundo cubiertos de maquillaje en un set, ganando millones de dólares a cambio, que querer hacerlo con un gesto banal que incluso resulta insultante para los miles de personas que han muerto a causa de un tema tan complejo como la guerra contra las drogas.

Afortunadamente, Kanye West ha declarado su intención de competir por la presidencia de Estados Unidos en 2020. Si con un poco de suerte lo logra, podremos organizar interminables debates sobre si Kim Kardashian es o no es la primera dama más sexy de la historia.

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