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Lunes , 12.11.2018 / 19:11 Hoy

Las cárceles de EU, industria lucrativa en la que aún existe la esclavitud

El documental 'El decimotercero', transmitido por Netflix, revela la forma en que los presos afroamericanos e hispanos son explotados y quiénes resultan beneficiados económicamente con ese sistema

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El 7 de octubre se estrena en Netflix The 13th (El decimotercero), un documental de 2016 de la directora estadunidense Ava DuVernay. El título de la película se refiere a la 13a Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que prohíbe la esclavitud y el trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto.

La cinta se enfoca precisamente en la excepción. Mediante material de archivo y entrevistas con personajes de sucesos relevantes para el tema, o bien expertos estudiosos de él, explica por qué actualmente hay un número desproporcionado de afroamericanos e hispanos en las cárceles en Estados Unidos. Descifra también por qué estar detenido en estas prisiones es una forma moderna de esclavitud.

El Movimiento por los Derechos Civiles de los años 60 y 70 consiguió que se abolieran las leyes de segregación racial y se criminalizaran los actos violentos incitados por el nativismo. Así, permitió que la población morena dejara de ser discriminada abiertamente.

Sin embargo, la película muestra que la discriminación continuó. Y es que se escribieron nuevas leyes que penalizan actos antes no sancionados y que, por su diseño, perjudican a los más pobres. Como resultado, los encarcelamientos se han acelerado y las minorías afroamericanas e hispanas en prisión están sobrerrepresentadas.

Para revelar el porqué y el para qué, el documental relata la siguiente historia: Desde mitad de los años 80 las prisiones estadunidenses se empezaron a privatizar. Las cárceles empezaron a funcionar como hoteles en las que empresas no estatales le rentan al gobierno cada cama ocupada. Este hecho, ha permitido que exista un incentivo comercial en aumentar el número de reos. Para lograr este objetivo, las empresas dueñas de reclusorios cabildean con los políticos que crean nuevas leyes que perjudican principalmente a los desamparados. Precisamente a los desamparados porque como estos no pueden ampararse legalmente por falta de recursos económicos, se asegura su lugar en la prisión.

El resultado es estremecedor. En Estados Unidos, 5 por ciento de la población, 2.3 millones de personas está tras las rejas. Esto significa que aunque solo 5 por ciento de la población mundial reside en Estados Unidos, uno de cada cuatro prisioneros en el planeta vive en ese país. Además, la probabilidad de ser encarcelado es cinco veces más alta para un afroamericano que para un blanco y dos veces más factible si uno es hispano en lugar de ser blanco.

Aún más estremecedor es que más recientemente, con el pretexto de rehabilitar a los reos, cientos de compañías privadas obtuvieron el derecho de funcionar dentro de las cárceles. Como resultado, 93 por ciento de la industria de pinturas y pinceles, 36 por ciento de la de aparatos electrodomésticos, 30 por ciento de los fabricantes de auriculares, altavoces y micrófonos, y 21 por ciento de los ensambladoras de mobiliario de oficina, “emplean” prisioneros a cambio de unos cuantos centavos (menos de un dólar al día en promedio), al igual que lo hacen comercios tan conocidos como Victoria’s Secret, McDonalds, JC Penney, Ford, Avis y otras empresas estadunidenses que utilizan esa mano de obra cautiva para producir sus productos y ofrecer sus servicios.

Los reos no solamente son mano de obra extremadamente barata sino que tampoco tienen garantías laborales como el seguro de desempleo, la oportunidad de faltar al trabajo o la posibilidad de realizar huelgas. Y lo más importante e impresionante: si se niegan a trabajar, son encerrados en celdas de aislamiento. Es decir, los prisioneros son de facto esclavos.

Como revela DuVernay, lo que hace al encarcelamiento gringo distinguirse especialmente y ser sorprendentemente brutal, es que está coloreado por el capitalismo desenfrenado. Las cárceles son una industria millonaria y las víctimas de este gran negocio son los pobres, los marginados.

Y vale la pena subrayar la falta de una reforma migratoria en esta historia. Los centros de detención a los que son mandados los inmigrantes indocumentados durante el tiempo en el que se decide si son o no deportados, también son manejados por empresas privadas. Se sabe que en estos sitios no hay atención médica, se realizan revisiones humillantes, aislamientos y hay abuso sexual y muertes inexplicables. Todo resulta aún más aterrador si se recuerda que muchos de los recluidos en estos centros de detención son menores de edad.

Por último, cabe mencionar que por buena razón, el documental incluye secuencias de la campaña de Donald Trump, en donde el candidato republicano a la presidencia hace declaraciones nostálgicas sobre los “buenos tiempos del pasado”, que claramente aluden a la época en el que el maltrato abiertamente racista y violento hacia las minorías era legal. La inclusión de estas imágenes recalca que ahora las minorías están expuestas a peligros aún peores a los que han vivido hasta ahora.

The 13th (El décimo tercero) describe lo que ocurre en Estados Unidos. Pero la película es de enorme relevancia en cualquier rincón del planeta. Y es que vivimos una época en la que la demonización y el abuso de las minorías suceden casi en todas partes.


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