Gracias a Violeta

La guarida del viento
La cantautora Violeta Parra
La cantautora Violeta Parra (Especial)

El próximo 5 de octubre Violeta Parra habría cumplido cien años y hoy su figura nos recuerda el mejor y “el peor de los tiempos”. Durante los años de su vigencia, al igual que en la novela de Dickens, una revolución asomaba en el horizonte. A diferencia de aquélla, sin embargo, la revuelta socialista que el Che Guevara dirigió en la década de 1960 nunca encontró la difusión ni la legitimidad que buscaba. Y sin embargo, por entonces, todo parecía posible. Se publicaban grandes novelas en América Latina, aún no se conocían las señales de perversión de la revolución cubana y las manifestaciones estudiantiles estallaban en todo el mundo. En ese contexto, la voz de una mujer que venía del sur y cantaba “Volver a los diecisiete”, “Yo canto la diferencia” y sobre todo “Gracias a la vida” era la portadora de unos mensajes en los que buscábamos creer.

Nacida en un hogar con muchas dificultades económicas, huérfana de padre desde muy temprano, Violeta Parra empezó cantando en un restaurante de Santiago. Fue allí donde conoció a su primer esposo, Luis Cereceda, quien era un militante del Partido Comunista. Pronto tendrían dos hijos (uno de ellos, Ángel, también fue cantante). Luego Violeta tuvo una estancia en la Argentina y otra en París. Su vida sentimental se volvió inestable. Se casó por segunda vez. Perdió a una hija. Al final, tuvo una relación apasionada y letal con un músico joven, un episodio que la liquidó.

No es la menor de las paradojas de esta historia que la autora de “Gracias a la vida” se suicidara a los 49 años, a comienzos de 1967, y que su hermano, Nicanor, el antipoeta, militante del escepticismo, haya llegado hace poco a los 103 años, con buen ánimo. En cierto modo ambos siguen luchando desde extremos opuestos. Los sueños y las esperanzas en las canciones de Violeta no nos prepararon para las dictaduras y crueldades a las que conduce toda utopía. Esta semana todos los peruanos recordamos los 25 años de la captura de Abimael Guzmán que asoció la idea de la justicia social con algunos de los episodios más crueles de nuestra historia.

Desaparecidas las utopías, hoy en día no pensamos que el mundo puede transformarse, acaso ni siquiera que puede cambiar. Nos conformamos con que mejore un poco y que sobreviva, y nosotros en él. Siendo más realistas, no somos más felices. Pero la felicidad lanza algunos destellos cuando aún se oyen las canciones de Violeta Parra y con ellas, sus sueños y esperanzas.