Bienvenida a la primavera

Vibraciones
Bienvenida a la primavera.
Bienvenida a la primavera. (Especial)

México

21 de marzo, San Miguel Chapultepec: Leonardo manipula el campanario de la Parroquia San Miguel Arcángel. Son las 6.30 de la mañana. No es necesario ser exagerado: basta con jalar las cuerdas; pero él se cuelga y balancea, como si fuera un hombre de la selva.

Un sonido amplio, violento, arrítmico y metálico. Lo grabo. Resulta un registro incompleto. Descontextualizado. Un tañido es un tañido en cualquier lugar del mundo. Pero éste es el de Leonardo, que nace de un íntimo juego sonoro entre el bronce, la soga, el badajo y su cuerpo.

—¿Alguna vez te han lastimado las campanas?

Entonces también grabo la voz de Leonardo.

—Cada día escucho menos.

Salgo de la Parroquia. Camino hasta Juan Cano y enfilo hacia el Bosque. Trastabillo. Me sujeto de barrotes que protegen la ventana de una estética y salvo la caída. Veo tijeras, espejos y pelucas rojas, doradas y negras.

Porque convierte el sonido en materia, la electroacústica es la revolución más importante en la historia de la música. A través de la tecnología, el compositor puede manipular a su antojo cualquier parámetro del sonido.

Hace frío. El cielo —oscuro azul grisáceo— recibe las primeras claridades. La grabadora está encendida en una bolsa de la chamarra de mezclilla. Mis sonidos son rápidos y fragmentados. De cosas que chocan: suelas de goma vs. banqueta, manos vs. barras de metal y el viento vs. mi cara. Transformaré la morfología de estos sonidos personales. Los distorsionaré de acuerdo a un programa en donde, por lo pronto, lo único claro es que deben expresar el ritmo agitado y entusiasta de un hombre madrugador.

Una mujer (¿35?) sale corriendo por la puerta de atrás del Hospital Mocel. Está pegada a su teléfono. Tacones de aguja le impiden ir rápido. Brinca escalones, desciende una rampa y esquiva baches. Dice: "sí, sí, me avisaron saliendo del trabajo". Resulta increíble que no se haya caído. El carmín en los labios casi se le ha despintado. Ojeras triples. Dice: "bien, sí, estable, ¿entonces cuándo podrás venir a relevarme?". Parece triste.

En la esquina con Tornel compro un café.

—¿Más azúcar, joven, para despertar bien? —pregunta la vendedora.

El sol ya puede verse (pálido, pequeño, casi lunar). Conforme Juan Cano se acerca a Constituyentes —faltan 13 minutos para las 7—, se intensifica la existencia de los pájaros. Una existencia feliz que celebra el nuevo día. Hay árboles por todas partes; en las banquetas y dentro de jardines de casas. Los pájaros —aún en sus nidos, aún inmóviles, aún con frío— componen misteriosas poéticas sonoras que infunden duda, admiración y miedo en la inteligencia humana.

Para escuchar a qué suena su partitura y poder corregirla, el compositor tradicional necesita de una orquesta que la interprete. Es un proceso lento y tedioso que a veces nunca sucede. El compositor electroacústico corrige en tiempo real los materiales. Escucha grabaciones y las manipula en computadora. Esta posibilidad de trabajar en relación directa con el resultado lo convierte en autosuficiente (no requiere de orquesta) y le otorga control absoluto sobre sus acontecimientos sonoros (no corre el riesgo de que, por ejemplo, un violinista distraído le arruine el pasaje más importante de la pieza). Al grabar la vida cotidiana, la electroacústica es en sí misma una metáfora de lo real. Sus partes adquieren una brutal contundencia.

Es mi sonido al caminar. Es la voz de una vendedora que está de pie desde las 3 de la mañana. Es una mujer ¿velando a su madre hospitalizada con la certeza de que su hermano nunca irá a relevarla? Es mi sonido al beber café. Son decenas de trinos sobrepuestos (el tipo de polifonía en que Messiaen encontró propiedades místicas). Es la vida que suena durante el primer día de primavera en el punto exacto en que Juan Cano sale a Constituyentes. Y son todos los sonidos que me llegan de la San Miguel Chapultepec a las 7 de la mañana. Sonidos que se dirigen hacia el Bosque de Chapultepec, donde les espera otra existencia: una más indefinida, una más etérea, una más perfecta.

Suenan otra vez las campanas. Aquí este mapa electroacústico acaba. Que sea circular. Que termine de la misma manera en que comienza. Con Leonardo en el campanario balanceándose en las cuerdas como un hombre de la selva. Con la romántica imagen de una colonia que cada mañana despierta ante el trágico sonido de su viejo campanero yendo inexorablemente hacia la sordera.

—Cada día escucho menos.

Con la grave voz de Leonardo persiguiéndose en fuga, cada vez más suave, hasta desaparecer.