'In memoriam': Javier Valdez Cárdenas

El lunes 15, el director del semanario 'Ríodoce', periodista nacido el 14 de abril de 1967, fue asesinado en Culiacán. Con estos apuntes, honramos su memoria
Javier Valdez
Javier Valdez (Eko)

Ciudad de México

Nosotros ganamos. Antonio Ramos Revillas

“Joven editor busca libro”. Así fue como conocí a Javier Valdéz Cárdenas, hace siete años, cuando llegó con su manuscrito desde Culiacán para dejármelo en las oficinas de Jus. Y claro que publicamos su Malayerba, y claro que nos hicimos amigos, era imposible no sentir empatía cabrona por él. Una tarde me escribió para decirme que estaba bien: fue el día que atacaron con granadas al Ríodoce. Ayer, la nota del periódico me avisó que nada estaba bien. Nos mataron, no solo al periodista valiente, sino al hombre más generoso de Sinaloa. Se quedaron los narcos con su venganza. Nosotros nos quedaremos siempre con el amor de Javier.

Nosotros ganamos.

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Un trueno en mitad del foro. Juan José Rodríguez

Javier Valdez insistía en la Utopía mesiánica de incidir con dedo de fuego en una realidad candente que, en las ciudades tomadas del norte, parece más una guerra fría contenida con repentinos combates cuando se fractura el equilibrio del poder. Nos gritaba que éramos un país de tuertos donde nos gobernaba la ceguera. Nos demostraba que una sociedad callada no es solo cómplice, sino partícipe y parte del complot. No hay nada más insano que vivir perfectamente adaptado a una sociedad enferma y él se negó a hacerlo. Pudo haber bajado su perfil y militancia a un ideal, pero optó por no bajar esa bandera, ese faro, esa brasa que le quemaba las manos al escribir su testimonio.

Javier asumió una militancia sostenida, de un fervor jesuítico y directo a la hora de compartir las verdades que tremolaban, a gritos callados, las calles y veredas de Sinaloa. En donde se ha asentado la conspiración de silencios en torno a un tema, en donde la gente baja la voz al mencionarlo dentro de las casas mismas, él alzaba su trueno en mitad del foro. Ahora ha caído en cumplimiento de su deber y la página en blanco debe ser llenada: que la limpidez y la vergüenza no sean ira contra sí mismas, sino una nueva reflexión y una sociedad que al fin actúe con inteligencia.

AG