La única fealdad es moral

Con 'La belleza', David Olguín vuelve a adentrarse en esa zona donde se disuelve la frontera entre el bien y el mal.
La obra escrita y dirigida por David Olguín se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Milagro.
La obra escrita y dirigida por David Olguín se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Milagro.

El negro fondo de un escenario de feria se abre como las fauces de un inmenso lobo que contiene a un atribulado empresario. El hombre, preso del autocuestionamiento, ruega mayor cercanía de su amada y evoca el antiguo aroma cítrico con notas de vainilla de las magnolias bordadas sobre su vestido. Su avidez denota flaqueza. La posesión del amor y la fortuna, incluidas todas sus acepciones, constituyen la carnada que no cesa de perseguir, asido a un ser humano distinto a sus congéneres. David Olguín estrena una obra sobre la monstruosidad moral: La belleza.

Autor y director de esta puesta en escena, Olguín acude desde otra perspectiva a sus preocupaciones fundamentales: México, personajes reales, mitos, conductas sociales, amor, locura y muerte.

Pasajes de la vida de Julia Pastrana, mujer nacida en Sinaloa en 1834, con síndrome de hipertricosis lanuginosa (vello en todo el cuerpo y facciones cercanas a las de un primate) toman lugar sobre un escenario de madera que es también el de sus giras por Estados Unidos y Europa, convertida en atracción y esposa del empresario que la exhibe como “la mujer más fea del mundo”.

Parte de esta verídica historia de lucro en vida como después de la muerte de esta mujer, cuya madre se pegó un tiro por creer que el padecimiento de su hija se debía al resultado de sus amores pecaminosos con un primo, es retomada por David Olguín para plantear, desde el terreno más árido, nuestro acendrado hábito discriminatorio, sujeto a un creciente morbo sobre lo diferente y a una vieja tradición usurera sobre lo que se considera extraño, exótico.

Al mismo tiempo, el autor despliega una reflexión filosófica sobre la percepción de la belleza, del amor, de la pasión, la felicidad y el sufrimiento humano, vinculada a la fealdad moral, no siempre al descubierto.

Un breve escenario de madera con velas–candilejas antecede al ligero telón dorado que cae con estrépito de madera, cual eco de violencia sin marca. El espectador de hoy observa la parte interna de un tablado de feria y adivina en el fondo negro al público de aquellas alejadas orillas del mundo donde, desde siglos atrás, se muestra la desproporción que el morbo del espectador busca ver reflejado en otro. Gabriel Pascal, diseñador de escenografía e iluminación, hace viajar al espectador en el tiempo que huele a nuestra actualidad engarzada a la fiereza humana.

Laura Almela interpreta a Theodore W. Lent, esposo de Julia Pastrana. La actriz, franca y contundente, condensa el espíritu ambicioso y lascivo del empresario circense, apasionado por un ser translúcido.

Mauricio Pimentel interpreta meticulosamente a Julia Pastrana y a Marie Bartel, personajes de diferentes personalidades, similares en lo externo, definidos con precisión por el intérprete de esa culta mujer analizada por Darwin, que llegó a ser vista en Londres por el doctor Fredrick Treves y cuyos restos descansan desde hace dos años en su natal Sinaloa.

Rodrigo Espinosa despliega su registro actoral al interpretar a Charles Darwin, Florita Wonder, El Otro, el general Tom Thumb, Hans y al profesor Sokolov, que inciden en el pasaje de esta historia detonadora de conductas grotescas que, como dice Roger Bartra en relación a la paradoja de la cultura occidental, muestra “la extrema dificultad para conocer al otro, junto a la extrema creatividad para inventarlo”.

David Olguín, dramaturgo, ensayista, maestro, director y editor, en equipo con el trabajo impecable y profesional de Pascal, de  Laura Almela, Rodrigo Espinosa —autor también del diseño sonoro—, Mauricio Pimentel, Rodrigo Muñoz —diseñador de vestuario—, Rafael Rosales —coreógrafo— y Emmanuel Varela —asistente de dirección—, consigue desplegar, con gotas de humor, un pasado anclado a nuestro monstruoso presente.

La bellezaes una obra sobrecogedora de reflejo múltiple, un espectáculo sobre hombre y mujer asimilados erróneamente a las contradicciones sociales, una mirada de terror —o de perror, como dicen los personajes— sobre nuestra crueldad, y a la vez un vistazo a la armonía que no requiere un ápice de lo externo.