Un tanguito

Hombre de celuloide.
Ricardo Darín protagoniza "Una sonrisa a la vida"
Ricardo Darín protagoniza "Una sonrisa a la vida" (Especial)

No solo en México el cine se hace más allá de sus fronteras. También en Argentina. Al menos así lo muestra Una sonrisa a la vida, película producida en España en la que aparece el infaltable Ricardo Darín, ese que saltó a la fama con El secreto de sus ojos. Darín resulta tan importante para el cine de su país que si hubiese que poner cara al arte audiovisual de Argentina, el más factible sería este rostro divertido y flemático, anguloso y ratonil.

Cámara abre sobre un paisaje nevado. Estamos en Canadá. Tomás, interpretado por Javier Cámara, despierta y se despide de su mujer. Todo aquí es una despedida. Seguimos a Tomás camino de Madrid. Nos acompañan una música y unos movimientos fotográficos que simulan el carácter de un divertido y pequeño tango.

Cesc Gay, el director, es un catalán especializado en películas de amistad. En la obra que lo hizo famoso, Krámpack, la amistad tenía un elemento erótico similar al de Y tu mamá también. Ahora, con el mismo guionista de Krámpack, Cesc Gay parece haberse decidido a escribir la historia de aquellos adolescentes cincuenta años después, cuando uno tiene que morir.

Tomás es amigo de este argentino en Madrid que interpreta Ricardo Darín. Un pícaro que se dedica al teatro. Es caprichoso e inoportuno. Solo lo suficiente como para seguir siendo adorable. El gran acierto de Gay y su guionista es que regalan a sus personajes suficientes defectos como para volverlos realistas sin que dejen de ser entrañables. Los amigos así son. A menudo se critican, se avergüenzan, se reprueban el uno al otro, pero la relación sobrevive con lo que hay más allá de esos sentimientos y, aunque los guionistas no explican las puntas de la amistad de Julián y Tomás (hace cuánto se conocieron, cómo fue que vivieron juntos, etcétera), vemos la relación. No necesitamos más que el guión y la actuación para saber que estos dos se ayudaron en la aventura de aprender a ligar y a vivir. Ha llegado el momento en que uno de ellos tiene que apoyar al otro para aprender a morir.

Una sonrisa a la vida parece escrita para Darín. Tal vez lo sea, porque el actor sabe hacer tangos. Buenos tangos. Su personaje a veces se mueve con elegancia, pero a veces zarandea al público en un discreto arranque de emotividad. Darín puede ser el tipo libre y enamorado de Doce reinas o el hombre encadenado a sus rutinas de El hijo de la novia. Lo que distingue a sus personajes es la emotividad desbordante. Todos ellos tienen una sensibilidad que el actor sabe contener. En esta película, por ejemplo. Independientemente del chisme de tabloide, resulta interesante que el padre de Darín haya muerto de cáncer, que haya sido actor y que, como este personaje, haya tenido que luchar con los dolores de una vida hermosa pero que se está desmoronando.

Cesc Gay ha hecho una película cursi pero entretenida. Tiene el encanto de cierta escena en que, después de hacer el amor, Tomás llora. Llora porque la vida sigue siendo bella, pero todos vamos a irnos de ella. Y no importa a qué edad. Siempre vamos a estar demasiado jóvenes para morir.

Una sonrisa a la vida (Truman). Dirección: Cesc Gay. Guión: Cesc Gay, Tomás Aragay. Con Ricardo Darín, Javier Cámara. España, Argentina, 2015.