Regreso a Tyrambel

En el repertorio de las utopías clásicas 'La Nueva Atlántida', de Francis Bacon (1561-–1626), ocupa un lugar singular
'La Nueva Atlántida' de Francis Bacon
'La Nueva Atlántida' de Francis Bacon

En el repertorio de las utopías clásicas La Nueva Atlántida, de Francis Bacon (1561-–1626), ocupa un lugar singular. Como señala la filósofa política Judith Shklar, todos los utopistas en la tradición de Tomás Moro tenían una misión crítica en dos sentidos. En primer lugar, criticaban en sus escritos algunas instituciones sociales propias de su tiempo y lugar. En segundo, la utopía constituía para ellos un rechazo de la idea del pecado original, según la cual la virtud humana y la razón eran facultades débiles e impotentes. La utopía era un ataque a la idea radical de que los seres humanos eran criaturas caídas incapaces de hallar la felicidad en la tierra. Así, “la Utopía es siempre una imagen y una medida de las alturas morales que el hombre puede alcanzar utilizando solamente sus poderes naturales”. Sin embargo, las utopías clásicas no destilaban optimismo, pues no había seguridad de que los seres humanos lograrían materializar las posibilidades que su razón natural les permitía. La visión utópica abarcaba no lo probable sino más bien lo “no imposible”. Y como afirma Shklar, la utopía no se preocupaba de la probabilidad histórica de que esas sociedades ideales surgiesen. La utopía no está en ningún lugar, no solo geográfica sino también históricamente. No está en el pasado ni en el futuro. “Si la historia”puede decirse, afirma Shklar, “que la historia desempeña algún papel del todo en la utopía clásica, es solo lo hace en la forma de un recuento angustiado de la antigüedad, de la polis y de la república romana de virtuosa memoria”. En efecto, al melancólico contraste entre lo posible y lo probable se añadía el triste contraste entre la tosca y disoluta Europa y la virtud y la unidad de la antigüedad clásica. 

Sin embargo, esta es una de las características que l La Nueva Atlántida de Francis Bacon niega. Bensalem, la sociedad utópica que los marineros a la deriva encuentran por casualidad, tiene una historia, mítica, pero historia al fin y al cabo. La aparición del arca del apóstol Bartolomé está datada a “unos veinte años antes de la ascensión de nuestro Salvador”.  Sabemos  de igual forma que las expediciones de los habitantes de aquella isla se remontaban por lo menos a 3 mil años atrás. Los habitantes de Bensalem no habitaban en un vacío histórico, aunque estuvieran geográficamente aislados. La historia les importaba: “aaquí tenemos extensos conocimientos del pasado”. 

La obra de Bacon desafía también al canon de las utopías clásicas de otras formas. Una de ellas es particularmente importante: lLa Nueva Atlántida es una utopía desprovista de nostalgia. Sus habitantes no añoran un tiempo perdido.  Nadie añora ahí a Platón. Tienen confianza en el futuro, colonizado a cada momento por los inventos de los sabios de la Casa de Salomón. Más adelante, los viajeros descubren que, cada cierto número de años, los habitantes de Bensalem visitan otros países en misiones encubiertas. El mundo los ha olvidado, pero ellos no han olvidado al mundo. En efectoDe tal modo,; ““cuando el rey hubo prohibido a todo su pueblo la navegación hacia aquellos lugares que no estaban bajo su corona, dictó sin embargo esta disposición: que cada doce años  se habían de enviar fuera de este reino dos naves designadas para varios viajes, y que en cada una partiría una comisión de tres individuos de la hermandad de la Casa de Salomón, cuya misión consistiría únicamente en traernos informes del estado y asuntos de los países que se les señalaba, sobre todo de las ciencias, artes, fabricaciones, inventos y descubrimientos de todo el mundo. Teniendo también el encargo de traernos libros, instrumentos y modelos de todas clases””. 

En Bensalem hay una esperanza orientada al futuro: esa esperanza es la ciencia aplicada. Es el papel de la ciencia, y el optimismo que trae consigo, lo que pone a lLa Nueva Atlántida aparte de otras utopías del Renacimiento dentro de la tradición clásica.  Hay un carácter utilitario que parecería estar fuera de lugar en una utopía clásica, pero que hace que este texto nos sea cercano y claramente reconocible a los modernos. La Casa de Salomón, institución toral de Bensalem, no es una Academia de la contemplación. La misión de esa hermandad era moderna: “Eel objeto de nuestra fundación es el conocimiento de las causas y secretas nociones de las cosas y el engrandecimiento de los límites de la mente humana para la realización de todas las cosas posibles”. Bensalem era una utopía de lo posible. Lo estético aquí cedía al razonamiento utilitario, que es una anticipación de otra era: “Ttenemos grandes y variados huertos y jardines, donde más que de la belleza (las cursivas son mías)nos preocupamos de la variedad de la tierra y de los abonos apropiados para los diversos árboles y yerbas”.

Otro rasgo anómalo de lLa Nueva Atlántida es que no es una utopía pagana. Incluso Tomás Moro, alguien que se convertiría en un santo de la Iiglesia católica, no hizo a los habitantes de su Utopía cristianos. Lo contrario ocurre en Bensalem, que resuena con ecos del Antiguo Testamento. La religión cristiana, no tan distinta como se conocía entonces, era parte de una sociedad idealmente organizada. 

En otros arespectos la obra de Bacon cumple con el canon. En primer lugar, Bensalem es claramente una sociedad diferente y superior a cualquier sociedad europea. Ahí reina la armonía, la paz, la benevolencia y la piedad. La violencia está ausente y hay conformidad social. La familia es el núcleo social que se recrea a través de ceremonias que son tanto públicas como privadas. Bacon describe con mucho detalle la “fiesta de la familia”, que era una “costumbre en extremo sencilla, piadosa y digna de admiración, que denota una nación compuesta de todas las bondades”. La regimentación de las costumbres, sobre todo aquellas que tienen que ver con el matrimonio, ocupa un lugar central.  La virtud en esa sociedad era mayor que en Europa. Ahí el reconocimiento recíproco de la verdad unía a todos los ciudadanos. Y había pureza: “nNo hay bajo los cielos nación tan casta ni tan exenta de toda corrupción o impureza que ésta de Bensalem. Es la Virgen del mundo”. De esta forma, la sociedad de Bensalem sirve como un parámetro crítico para el juicio moral. Es, qué duda cabe, “la expresión del deseo del artífice de perfección y permanencia”. 

La Nueva Atlántida es fiel al canon al descreer radicalmente de la naturaleza caída del ser humano: la razón y la naturaleza se erigen victoriosas frente al pecado original. Pero Bacon va más allá del canon clásico. Los habitantes de Bensalem documentan en nosotros un optimismo histórico ajeno a éste. A diferencia de la sociedad de los caballos racionales, que el capitán Gulliver encuentra en su último viaje y que no puede ser reproducida entre los hombres, la de Bacon es una utopía cuyos arcanos abren amablemente (si no fácilmente) la puerta del conocimiento a las mentescabezasconciencias menos ilustradas para su cabal divulgación. Así, el miembro de la Casa de Salomón le dice al narrador: “Dios te bendiga, hijo mío, y Dios bendiga este relato que te he hecho. Recibe mi autorización para hacer público todo, por el bien de otras naciones, pues nosotros aquí en este país desconocido estamos en el seno de Dios”.

¿Qué importancia tiene lLa Nueva Atlántida para los habitantes modernos de Tyrambel, como se denomina al antiguo México en esta utopía renacentista? Creo que la obra de Bacon encarna una aspiración crítica de enorme importancia: la reforma y el mejoramiento a través de la razón aplicada. No es una utopía, ciertamente, en el sentido de Karl Mannheim, pensador del siglo XX XXquien propuso maniqueamente que el pensamiento político se dividía en utopía, (la perspectiva que anhelaba el derrocamiento parcial o total de las estructuras sociales dominantes) e ideología (el punto de vista típico de las clases dominantes que buscaban preservar el orden establecido). Bensalem no se presenta como una visión que llame a la revolución, porque no es en sí misma producto de ningún cambio violento. Tampoco es una sociedad estática, pues los inventos y avances la transforman. La clave de la felicidad singular de esa sociedad era su fe en ael poder de la ciencia puesta al servicio del bien común. La de Bacon es una utopía ilustrada de la moderación, que no es clásica ni tampoco pertenece a la tradición del pensamiento revolucionario. Sin embargo, el poder de la ciencia aplicada es enorme, pues transforma la vida cotidiana de todos los habitantes. Lo hace de diversas maneras y para bien. En muchos sentidos, lLa Nueva Atlántida es una utopía visionaria y optimista. En efecto, los sabios, a través de la experimentación, cada día hallaban  nuevas y sorprendentes cosas: ““eEncontramos también diversos medios, desconocidos todavía para vosotros, de producir luz originalmente de diversos cuerpos. Nos procuramos los medios de ver objetos a gran distancia, como en el cielo o lugares remotos. Podemos presentar las cosas cercanas como distantes y las lejanas como próximas. Tenemos auxiliares para la vista muy superiores a las gafas y anteojos en uso; y lentes e instrumentos para ver cuerpos pequeños y diminutos”.”

El optimismo en el poder transformador de la razón humana es particularmente importante cuando el desánimo y la incertidumbre dominan y parecen negar el potencial de cambio de una sociedad. Esa es la condición mexicana en la segunda década del milenio. Para algunos este optimismo resultaba bobalicón. Jonathan Swift así lo creyó y por eso ridiculizó los inventos y experimentos de laLa Nueva Atlánticda en el libro II de LlLos vVviajes de Gulliver. Es cierto, también, que los sabios de la Casa de Salomón no sabían del resultado de los experimentos nucleares que llevaron a la construcción de la bomba atómica. Los seres humanos del siglo XXI no pueden ser tan ingenuos respecto al poder de la ciencia después de Hiroshima y Nagasaki. Con todo, la utopía de Bacon apela al potencial transformador de los seres humanos.  Bacon no era en realidad un ingenuo. Sabía del peligro que el conocimiento significaba. Y aun así defendió la idea de que el conocimiento podría mejorar nuestras sociedades si actuamos con prudencia. Esa es una verdad  de lLa Nueva Atlántida que los modernos habitantes de Tyrambel harían bien en escuchar. escuchar.