Tu espíritu navideño

4:45 de la mañana. En unas horas tenemos la cita para entregar el primer borrador del guión
(Especial)
(Especial)

El cortometraje comenzará a rodarse en un par de semanas y aún no tenemos algo que valga la pena. Sebastián regresa a la mesa con otra  taza de café (ya van seis) y se acomoda frente a la laptop. Sin preguntarme, elimina de la pantalla nuestros esfuerzos de toda la noche. No me molesta: ninguna de aquellas ideas valía gran cosa.

—Lo que necesitamos —dice— es un nuevo enfoque, algo original.

Permanecemos callados con la mente en blanco. Él se echa hacia atrás en la silla para mirar el techo; yo comienzo a roer la uña de mi pulgar derecho. El nuevo enfoque no aparece por ningún lado.

—Navidad —sugiero para romper el silencio.

—Vampiros —completa él.

Tras unos momentos, Sebastián se aventura:

—Santa Claus aparece volando en su trineo, con sus renos y todo lo demás. Ya sabes: nieve cayendo, campanitas y jo, jo, jo, jo. Aterriza sobre un tejado de dos aguas y se dispone a entrar por la chimenea.... De pronto, un murciélago aletea a su lado. Un vampiro se materializa ante el gordito de rojo, le brinca al cuello y ¡zaz!, lo muerde en el cuello. Santa pierde el conocimiento, rueda aparatosamente por el tejado y cae al vacío.

—Hum… No sé.

—Déjame terminar, cabrón. San Nicolás queda tendido en el jardín de la casa, medio enterrado en la nieve. Rodolfo y los demás pinches renos, que no sé cómo se llaman, bajan a rescatarlo y lo ayudan a ponerse de pie. Está pálido y lleno de contusiones pero se niega a abandonar su misión. Debe repartir los juguetes.

—Ya entendí. Santa se convierte en vampiro y, tras dejar los regalos bajo el árbol, clava sus colmillos en los niños que duermen.

Sebastián asiente, pero hay duda en sus ojos. Adivino que la idea no le gusta del todo.

—La verdad, mi buen Sebas, algo no me suena —le digo—. ¿A quién le va a gustar un malvado Santa chupasangre? ¿Dónde está tu espíritu navideño?

—Humor negro —se justifica—. Imagínate a un barbón con su traje rojo y los ojos inyectados corriendo por la calle mientras una multitud enardecida lo persigue con antorchas encendidas.

Como no muestro entusiasmo, Sebastián me reta:

—A ver si eres tan chingón. ¿Tú qué propones?

Para ganar tiempo vuelvo a roer el pulgar hasta que el dedo sangra un poco. Lo chupo con la avidez de Drácula. Luego, sin estar muy seguro de lo que voy a decir, comienzo:

—Santa baja por la chimenea de un caserón tenebroso. Llega a una estancia vacía. No hay adornos ni arbolito. Los pocos muebles lucen viejos y llenos de polvo. El lugar parece deshabitado, pero hay un candelabro encendido. San Nicolás piensa que se equivocó de casa y está a punto de regresar por donde vino. Entonces algo llama su atención...

—Bien, bien —aprueba Sebastián—. ¿Qué más?

—Primer plano de Santa: su rostro pasa de la interrogación al temor. Luego un plano americano lo muestra dejando a un lado el saco de juguetes y aproximándose lentamente al centro de la habitación. Allí hay un ataúd vacío. Lo mira. Después gira la cabeza y observa uno de los muros. La cámara enfoca el retrato al óleo de un sujeto pálido y con aire aristocrático.

—Christopher Lee —apunta Sebastián.

Haciendo caso omiso de su comentario, continúo:

—Otro primer plano de Santa. Ya se dio cuenta quién vive en esa casa. Hay determinación en su rostro. Sabe lo que tiene que hacer: aniquilar al engendro que aterroriza a la ciudad. Y corte. En la siguiente escena vemos el amanecer. Por las ventanas de la estancia comienza a penetrar la luz de la mañana. Cantan los pajaritos. Música de órgano como en las películas de luchadores de los sesenta. Y finalmente un primerísimo plano del sujeto con aire aristocrático que vimos en el retrato. Está inmóvil, con los ojos desorbitados. Poco a poco la cámara se va alejando para que veamos al sujeto acostado dentro de la caja con una estaca clavada en el pecho.

—¿Cómo que una estaca? —me reprocha Sebastián—. No seas güey.

—¿Qué tiene de malo?

—Está clarísimo que no puede ser una estaca, maestro. ¿Dónde chingaos está tu espíritu navideño?

—¿Entonces qué es?

—Pues un bastón de caramelo gigante. De esos blancos con franjas rojas y sabor a menta.