El reto de la lectura

Toscanadas
Después de tanta promoción en torno al libro, acaba por predominar la idea de que el libro es algo bueno en sí, que hay que leer sin importar qué
Después de tanta promoción en torno al libro, acaba por predominar la idea de que el libro es algo bueno en sí, que hay que leer sin importar qué (Especial)

Ciudad de México

Para cuando usted lea esto, desocupado lector, estará por terminar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Es, por supuesto, una buena fiesta para promover la lectura y la venta de libros, así como el consumo de tequila. Sin embargo, debemos aceptar que dentro de ese enorme espacio de exposición, lo mismo se encuentran joyas del pensamiento que basura descerebrada para idiotizar a incautos lectores. Pues sí, queridos amigos, después de tanta promoción en torno al libro, acaba por predominar la idea de que el libro es algo bueno en sí, que hay que leer sin importar qué, que un libro ante los ojos es un paso a la civilización; eppur también los libros pueden idiotizar.

Una chica que me entrevistaba para una difusora “cultural” me dijo que no había podido leer ni a García Márquez ni a Cervantes porque le parecían muy complicados. Aunque sé que esa es la excusa de quienes ni siquiera han intentado leerlos, perdí mi talante cortés y me puse a regañarla.

La buena literatura está allá arriba, le dije, y hay que sudar un poco para alcanzarla; hay que pensar, entender, descifrar; concentrarse, decidir, meditar. De eso se trata. Usted, como mucha gente, se sube a una bicicleta solo si es cuesta abajo; pero se pierde de la satisfacción de escalar una montaña. ¿García Márquez complicado? ¡Joer!

El tan mentado discurso de que la lectura debe ser un placer, se convirtió en que la lectura debe ser un acto de apatía, de huevonería, de ausencia de retos, de evitar conflictos, de diluir, de restar sabor, de impensamiento. Se supone que la lectura debía convertir a un mostrenco en sabio, pero ahora le decimos al mostrenco: “No te esfuerces con un libro, pues la lectura ha de ser placentera”. Y en qué diablos halla un botarate el placer sino en la inactividad del encéfalo.

En un mundo tan comodino, a la gente le gusta engañarse. Así como compran electrodos quesque les desarrollarán abdominales de escultura griega, así compran placebos en forma de libro. Sí, es preocupante que autores de cabeza hueca se conviertan en best sellers, pues eso significa que una masa de lectores de cabeza aún más hueca son worst readers. Pero esto es preocupante desde el punto de vista cultural, no comercial. Por eso las editoriales corren felices a contratar al último cretino de moda.

Es verdad que el mismo Cervantes cita a Plinio diciendo: “No hay libro tan malo que no tenga algo de bueno”. Pero al mismo tiempo pone al cura y al barbero echando al fuego los libros sin mérito. Imagino que esos personajes cervantinos en la FIL armarían tan grande pira libresca que la de Savonarola sería apenas una fogatita.

Olvidémonos entonces del placer de la lectura y demos un paso más allá; pasemos al reto de la lectura. Y, cosa curiosa, el reto es siempre más placentero que el placer.