Una sombra de ruido y furia

Hombre de celuloide.
'Uno a uno' de Kim Ki-duk.
'Uno a uno' de Kim Ki-duk.

Ciudad de México

Uno a uno de Kim Ki-duk cierra la Semana de cine coreano en la Cineteca Nacional. Lo hace contando la historia de un grupo extremista que se enfrenta al gobierno sudcoreano que en el imaginario del director es otro grupo extremista solo un poco mejor que el de Corea del Norte. Estos que se enfrentan al statu quo se hacen llamar Sombras, lo cual parece referir directamente a Shakespeare quien afirma en Macbeth que la vida es una sombra que camina. La anotación tiene sentido si consideramos que durante el clímax de la película el descarnado terrorista vuelve a referir a Macbeth y dice: “yo solo sigo mi papel, el de la ira, el rencor, la venganza”. Antes de esta secuencia, Uno a uno parecía alargada, aburrida. Si uno consigue despertar, encontrará que esta obra de Kim Ki-duk reflexiona sobre el sentido de la ficción para decir en un camerino terrorista: “por eso he dado a todos ustedes una voz en esta puesta en escena”. ¿Acaso afirma que hay algo de terrorismo en el arte? Puede ser. Las referencias dirigirían entonces hacia Artaud.

¿Acaso estoy “defendiendo” una obra aburrida de Kim Ki-duk usando para ello a Shakespeare y Artaud? Sinceramente creo que no. El sudcoreano ha acostumbrado a sus seguidores (entre los que estoy) a encontrar referencias que van desde el misticismo budista de Las estaciones de la vida hasta el complejo de Edipo en Moebius. Además, en todas sus películas ha tratado de hacer coincidir forma y fondo: Las estaciones de la vida tenía una imagen preciosista mientras que en Moebius la ausencia de palabras nombraba más efectivamente que cualquier diálogo el miedo a la castración. Uno a uno es “un cuento contado por un idiota”, es “un pobre actor que sufre y se afana en el escenario”, es Shakespeare y para serlo es necesario negar el estilo de continuidad hollywoodense y decir abiertamente: “lo que ustedes están viendo no es la realidad”.

La paradoja es ésta: confirmando que lo que estamos viendo es una ficción podemos apuntar a la realidad. Así Kim Ki-duk cuenta la historia ficticia de un grupo terrorista sudcoreano para confirmar su idea de que los abusos reales que comete el gobierno de Corea del Sur en nombre del patriotismo tienen, en realidad, el patriotismo del asesino Macbeth. Uno a uno es dos horas de cine grabado en solo seis días. No hubo guión previo. Cada noche después de rodar el director iba a su casa y escribía los diálogos del día siguiente. Por eso la película parece de pronto acartonada y teatral. Solo así es pertinente la pregunta: “¿quién eres tú en el panorama político del mundo?”

En una rueda de prensa, Kim Ki-duk dijo que se había basado en un hecho real. Ofreció dinero a quien descubriera a qué hecho se estaba refiriendo, pero hasta hoy nadie ha reclamado el premio. La cosa me parece notable porque creo que es otra estrategia narrativa del director: buscando el hecho real tal vez notemos la ficción de estos grupos terroristas que se enfrentan a otros grupos terroristas en el teatro del mundo. Asesinos que matan niñas sin compasión.