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Sobre El susurro de Tatlin #6

Divergencias

Tanía Bruguera responde a los señalamientos sobre su obra publicados en Laberinto el pasado 16 de junio
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Estimada Sra. Avelina Lésper

Me han informado sobre su reseña de mi exposición en el MUAC curada por Lucía Sanromán y Susie Kantor y su subsecuente respuesta a las demandas de corrección por parte de la institución y la curadora. En el primer artículo que para mi asombro se titula “Censura en el MUAC” (http://www.milenio.com/cultura/laberinto/censura-en-el-muac) usted dice y cito: “La obra que le dio visibilidad internacional, el micrófono abierto que puso en la Plaza de la Revolución en La Habana, aquí es escenografía, no está abierto al público, ¿tenían miedo de que alguien se subiera al pódium y dijera que esa exposición no es arte? ¿Por qué no invitaron al público a que se expresara?”.

Una impresión, y más cuando está desinformada, no equivale al criterio de la verdad. Quisiera aclarar que la obra que se ha presentado en la exposición “Hablándole al Poder” titulada “#YoTambiénExijo” (#YTE) (2014–a la fecha), documenta una serie de obras y acciones que tienen su origen en el performance El susurro de Tatlin #6 (2009) que usted crítica. Si usted hiciera una búsqueda superficial en Google o en mi página web (www.taniabruguera.com) vería que de hecho ese micrófono que usted dice estuvo en La Plaza de la Revolución nunca se pudo poner. El Gobierno Cubano lo impidió al censurar y encarcelar a más de 80 personas. Me sorprendió esa imprecisión ya que fue un acontecimiento cubierto ampliamente por la prensa y porque asumo que un artículo pasa por el proceso de comprobación de datos antes de ser publicado, más aún en estos tiempos de fake news.

De hecho la primera versión de la obra presentada, El susurro de Tatlin #6, fue exhibida por primera vez en el 2009 dentro de un espacio expositivo (como lo es el MUAC) en La Habana. Su puesta reproducía la teatralidad que acompaña los eventos políticos de masa. En otras palabras, esa teatralidad está presente desde la concepción de la obra, y no es como sugiere su escrito un defecto curatorial.

Sobre si esta obra está “abierta al público”; en eso coincidimos: una obra cuya intención es incitar a las personas a que hablen libremente debe mantenerse fiel a éstas, aun cuando se vuelva a hacer de manera retrospectiva y en otras circunstancias. Me sorprende que diga que el micrófono no está abierto y que tenemos (la institución, la curadora y yo) “¿miedo de que alguien se subiera al pódium y dijera que esa exposición no es arte?”.

Primeramente el micrófono, hasta donde yo sé, está conectado a los altavoces de la obra como estipulan sus especificidades técnicas de montaje. Segundo, personalmente me reuní con los guías/ guardas de sala para responder sus dudas, y les ratifiqué que toda persona del público que quisiera subirse al podio lo podría hacer y decir lo que quisiera por un minuto, más aún cuando estaban cerca las elecciones presidenciales. Mi obra no es para ser vista sino para ser usada. Esto es una característica en todas las obras en la exposición excepto una, Destierro.

Lo que me dejó anonadada es que usted cree que a una artista a la que un gobierno persigue, haciéndole todo tipo de acusaciones falsas, y que alguien que es activista y que ha tratado de ir contra la corriente en el arte le vaya a “tener miedo” a la opinión de uno, diez o cien espectadores sobre su trabajo. A mí nunca me ha interesado ni como artista ni como activista ni como ser humano la unanimidad de criterio, eso es una enfermedad política con la que me ha tocado vivir en mi país y contra la cual siempre he luchado. Si usted hubiese leído o visto los videos con mis opiniones antes de escribir el artículo sabría que siempre he visto la obra de arte como un iniciador de diálogo, no como un magnificador de una sola opinión y eso incluye también una invitación a re–pensar qué es arte.

En el segundo artículo donde se demandan correcciones por parte de la institución y la curadora (http://www.milenio.com/cultura/laberinto/censura-en-el-muac_2) usted pareciera resistir la rectificación pues insiste: “En el montaje del Paul Getty Museum además del micrófono había cámaras de video grabando las intervenciones del público. En mi visita al MUAC las cámaras están cerradas, funcionan como monitores que proyectan lo que grabaron en el Paul Getty Museum, tengo fotografías de esto”.

Quisiera aclarar que esta obra nunca se ha exhibido en el Getty como tal, lo que sucede es que cuando yo estuve presa en Cuba muchas instituciones internacionales se solidarizaron y su manera de hacerlo fue poniendo en los museos, las calles, las casas, un micrófono y espontáneamente las personas hablaban de libertad de expresión, de solidaridad, de sus desencantos, etc. Cuando la obra El susurro de Tatlin #6 se exhibe tiene un documento que se le entrega a la institución con los requerimientos del montaje y en éste se explica que las cámaras que se ponen en la instalación deben tener en su pantalla de visualización el video original del 2009, no lo que se dijo en el Getty o el video resultante (que no tengo en mi posesión ni nunca he visto, ni es de mi autoría). La referencia para esto es ver cuándo se ha expuesto esta obra, por ejemplo en el Espacio 1414 en Puerto Rico en el 2009, en el Neuberger Museum en el 2010, en el Guggenheim Museum en el 2014, en el Yerba Buena Center for the Arts en el 2017, en todas las presentaciones las cámaras pasan el mismo video: el de La Habana en el 2009. Si usted escuchara el audio de las imágenes que usted dice son testimonio del video del Getty notaría inmediatamente que está todo en español y con personas cubanas (excepto 5).

Decir que el MUAC censura a una artista que lucha en contra de la censura es una ofensa hacia el trabajo de los curadores de esta exposición, de todo el equipo del MUAC y a mí como artista que permitiría tamaña salvajada.

Cuando dice, “Mi trabajo como crítica es decir mi experiencia y manifestar mi opinión” diferimos: un periódico no es un blog personal, un crítico no escribe de su experiencia como la única experiencia sino que presenta un compendio de experiencias y las analiza. Un crítico no vagabundea por las exposiciones sino que toma con seriedad su rol de intermediario entre una obra y el gran público. Si el crítico se ha equivocado, en vez de buscar justificaciones para mantener su error, simplemente lo rectifica. El crítico se informa, educa, no hace catarsis personal… No sé, me parece de una pereza espiritual peligrosa la falta de rigor expuesta como una medalla y me sorprende en un país con la tradición de Octavio Paz o Raquel Tibol, por nombrar dos que han ejercido su mismo oficio.

Yo la invito a que regrese a la exposición y se suba y diga todo lo que quiera decir ya sea en contra de mi obra, del arte contemporáneo, de la situación política de su país o de lo que quiera hablar ese día porque esta obra fue pensada para eso, para que le perteneciera a todos.


Junio 23, 2018

Tania Bruguera 

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