Si yo fuera maestro

Toscanadas
Si yo fuera maestro daría la bienvenida a un mundo en el que la escalera del ascenso tuviese peldaños de mérito.
Si yo fuera maestro daría la bienvenida a un mundo en el que la escalera del ascenso tuviese peldaños de mérito. (Especial)

Si yo fuera maestro lo sería porque me gusta enseñar, lo cual equivale a tener gusto por aprender. Pensaría que soy importante porque si algo le hace falta a este país es educación y, por lo tanto, buenos maestros. Al mismo tiempo pensaría que los maestros estamos haciendo algo muy mal y que un cambio es necesario puesto que la educación en México está por los suelos.

Y aunque entiendo que el gremio necesita unidad, pondría por delante mi sentido de la ética; no me prestaría a servir como carne de cañón para defender intereses que no son los míos ni los de la mayoría de mis compañeros maestros.

Si yo fuera maestro daría la bienvenida a un mundo en el que la escalera del ascenso tuviese peldaños de mérito. ¿Alguien me quiere evaluar? Adelante, pues solo los imbéciles temen a las evaluaciones. Además es lo justo puesto que eso mismo hago yo para medir a mis alumnos. Y Dios nos agarre confesados el día en que los muchachos se insubordinen contra las evaluaciones, las tareas y los exámenes.

No podría dar la clase de educación cívica si luego me diera por actuar como un vándalo. En todo caso me dedicaría más intensamente a dar ese curso, hablaría a mis alumnos sobre la clase política, sobre los líderes sindicales y cómo ambos poderes igualmente corruptos terminan por aplastarnos. De paso le regalaría a varios jerarcas de la iglesia algún libro de texto gratuito de Historia, para que sepan que calladitos se ven más bonitos.

Sí, le escupiría al gobierno porque no reconozco ninguna autoridad moral en él, pero aceptaría que la mentada reforma educativa tiene puntos buenos y justos. Anden, les diría a los funcionarios, llevemos a cabo su reformita, pero vamos a hacerlo bien, honestamente, con eficiencia, buscando por sobre todo la dignidad de los maestros y la educación de los muchachos. Vámonos derechito, politicastros de a peso, porque si los vamos a seguir, si los vamos a aceptar como cabecillas, es porque no van a traicionar a este país como lo viven haciendo. Yo voy, señor presidente, con su reforma; pero muéstreme al mismo tiempo que tiene pantalones, porque no voy a estar siguiendo a un jefe de Estado sin autoridad, del que se ríen hasta los gobernadores de su propio partido. La gran mayoría de los maestros no somos unos zánganos, como sí lo son la mayoría de los funcionarios, así es que… ¿qué tal si acompañamos la reforma educativa con una reforma de la administración pública? Porque será cosa de risa que a los maestros nos evalúe el INEE como a ustedes los evalúa la SFP.

Si yo fuera maestro sabría que tengo un deber con los chamacos. Me preguntaría qué sería de los maestros si tanta energía de resistencia la empleáramos para prepararnos mejor.

No marcharía para cuidar un salario o unos beneficios que de cualquier modo se han ido deteriorando con tantos años de mala administración. Quizá la fórmula tendría que ser el trabajo, la productividad, la preparación, una sana militancia en sanos sindicatos. La fórmula tendría que ser la educación misma.

Si yo fuera maestro sabría que un cambio es necesario; no podría no saberlo. No pensaría que ceder es señal de debilidad; mucho menos de humillación. No me sentiría poderoso por salir a las calles sino por entrar en las aulas.