Porfirio Díaz: el guerrero

Enfrentó a la intervención estadunidense, la francesa y al imperio de Maximiliano, y de todas salió triunfante, exitoso. ¿Cómo sería posible, entonces, marginarlo del pedestal de los héroes patrios?
'Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo. 1850–1867' (Debate, México, 2015).
'Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo. 1850–1867' (Debate, México, 2015).

Queda claro que la vida de Porfirio Díaz se divide en dos segmentos importantes: el primero lleno de heroísmo, pues fue uno de los militares más enjundiosos e inteligentes que ha tenido el país; y el segundo, sellado por su imagen de dictador inclemente que gobernó al país durante 30 años. De Díaz se han escrito más de 100 biografías, la mitad apologías y la otra mitad diatribas.

De cuantas conozco (incluida su autobiografía), ninguna me parece tan completa como la reciente hecha por Carlos Tello Díaz: Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo. 1850–1867 (Debate, México, 2015). Como indican las fechas del título, se retratan aquí los hechos que hicieron de Díaz un auténtico, innegable héroe nacional. La revisión empieza en los tiempos infantiles del oaxaqueño, con necesarias referencias a sus padres y a su entorno. Se sabe, así, que su mamá quería que él fuera sacerdote, y enfiló sus baterías a ese propósito; pero el destino se torció y el muchachito —educado, informado— percibió que las cosas no funcionaban bien en su ciudad, en su estado, en su país, y se concentró en analizar posibles soluciones.

Ya enlistado en la milicia se declaró republicano, liberal, y de repente estuvo a cargo del Ejército de Oriente. Estuvo al lado de Benito Juárez en sus pugnas con Antonio López de Santa Anna, y lo apoyó cuando promulgó las Leyes de Reforma, que lo confrontaban con la poderosísima Iglesia. Enfrentó a la intervención estadunidense, la francesa y al imperio de Maximiliano de Habsburgo, y de todas salió triunfante, exitoso. ¿Cómo sería posible, entonces, marginarlo del pedestal de los héroes patrios?

En el voluminoso libro de Carlos Tello Díaz, y siguiendo los pasos del militar, se ofrece un panorama preciso y sorprendente de lo que era México en ese largo periodo, como las inevitables pugnas entre liberales y conservadores. Y mediante una extensa serie de mini biografías (como las llama Braulio Peralta) sabemos de la vida y circunstancia de personajes no menos importantes de los hechos políticos y bélicos que circunscribieron a Porfirio Díaz, siendo Benito Juárez el más notable. Debe entenderse que el soldado fue siempre fiel al gobernante, que lo siguió en las buenas y en las malas (más abundantes las últimas). Así, mientras muchos abandonaron a Juárez en los momentos críticos (incluida gran parte de la población), Díaz permaneció a su lado y, literalmente, al pie del cañón.

La de Tello Díaz es una biografía, pero también un tratado histórico y sobre todo una novela. Tantísima información como posee el autor pudo haberle causado serios problemas de organización, mas supo arreglárselas para eludir la monotonía, la reiteración inútil de lo ya sabido y la extenuante acumulación de cifras, datos, fechas. Y eso se debe a que Tello Díaz tiene notables cualidades narrativas, sabe en qué momento dejar tal o cual episodio para llevarnos, sin transición aparente, a otro, a otros. Sus dotes de narrador se hacen evidentes en la descripción de paisajes, de personajes: nos lleva a ellos con precisión. Y sabe meterse, también, al alma de la gente, cosa poco usual en los historiadores, que suelen ser metódicos, calculadores, fríos. Si se me permite, diré que Carlos Tello Díaz nos atrapa desde el principio y no nos suelta. ¿No es esa la gran aspiración de todo escritor?

Como se sabe, Tello Díaz es descendiente del héroe–dictador (ha abordado el asunto en libros precedentes como El exilio: un relato de familia) y por eso creo que otro de sus méritos es su imparcialidad: nos ofrece los momentos gloriosos del personaje, aunque también sus tropiezos, su parte desalmada. Por ejemplo, se relata cómo el general destruyó la ciudad de Oaxaca, o cómo mató a un hombre que había sido su amigo, cosa que lo atormentó durante toda su vida. Y esto llama la atención porque la historia de Díaz está llena de asesinatos, de ejecuciones masivas; pero era la guerra, y en ésta no se reparten bombones y besitos. El historiador–novelista hubiera podido escamotear al lector esos pasajes, mas prefirió incluirlos, lo que habla bien de su templanza, de su buen juicio, de su afán de imparcialidad. Que sea el lector el encargado de hacer valoraciones.

Detrás del militar está también el hombre. Eso lo ilustra su amor por su sobrina Delfina, con quien habría de casarse. Y su relación con otras mujeres con las que incluso tuvo descendencia. Luego, el general fue un hombre excepcional, aunque no inmune al juicio de sus detractores. A esta conclusión llego, insisto, por el excelente manejo que de su figura ha hecho su biógrafo, quien consigue escenas dignas del cinematógrafo, como la fuga de Díaz de la cárcel.

El final de la obra me parece literariamente espléndido. Cuando gracias al auxilio de fieles suyos como Porfirio Díaz, el presidente Benito Juárez puede por fin volver a la capital del país para seguir gobernando, al encontrarse con el general se nota que algo se ha roto entre ellos, y se anuncia sutilmente una tormenta de dimensiones incalculables. Esas que Carlos Tello Díaz abordará en volúmenes posteriores de esta magnífica biografía.

Tengo entendido que en el libro siguiente se seguirá a Porfirio Díaz en los tiempos posteriores al triunfo de la República: ¿qué hizo en ese lapso? Y claro, sus luchas militares y políticas, su distanciamiento de Juárez y su asunción como presidente de México. Esa será otra parte del banquete que ha iniciado Carlos Tello Díaz.