• Regístrate
Estás leyendo: Rafael Doniz: “La ciudad es un manantial permanente de imágenes”
Comparte esta noticia

Rafael Doniz: “La ciudad es un manantial permanente de imágenes”

Entrevista

Discípulo de Manuel Álvarez Bravo, el fotógrafo mexicano dirige su atención a la estética de los espectaculares publicitarios
1 / 2
Publicidad
Publicidad

La ciudad está repleta de gigantes, algunos de concreto y otros de papel que anuncian cualquier tipo de producto o sueños. El fotógrafo Rafael Doniz, discípulo del mítico Manuel Álvarez Bravo, retrata con humor la vida que acontece alrededor de los carteles espectaculares que han asediado la Ciudad de México; una contaminación visual que Doniz convirtió en un ensayo urbano.
El libro De gigantas y otras quimeras (Artes de México, 2018) reúne imágenes de 1973 a 2017, acompañado con textos de Rafael Barajas El Fisgón y Rafael Vargas. Es un recorrido por la fugacidad de estos seres que han proliferado, como la vida en la ciudad, con ritmo acelerado.
Rafael Doniz se caracteriza por su mirada serena y por su interés en culturas enigmáticas como los cora, en el oriente de Nayarit, o por su testimonio en la comunidad de Guerrero Negro, una de las salineras más grandes del mundo. Ahora concentra su lente en la ciudad para reconocerla y reinventarla.


Es la primera vez que publica un proyecto realizado en espacios urbanos. ¿A qué se debe esta transición?

Me sentía en deuda con mi ciudad. Nací en la colonia Michoacán, un barrio muy popular cerca de Peralvillo. El fotorreportaje siempre me ha cautivado, se requiere de agudeza y mucha energía; sin embargo, después de tantos años como profesional no había tenido la oportunidad de hacerlo. Tengo una profunda admiración por muchos fotorreporteros mexicanos y extranjeros, como Eugene Smith por su reportaje Minamata, una ciudad japonesa que fue contaminada con mercurio. Bajo esta inercia empecé a preguntarme cuándo demonios iba a realizar un libro sobre la ciudad. Es difícil, necesitas tiempo y recursos económicos que son complicados de conseguir. Al revisar mis portafolios, encontré una imagen, de cuando aún era discípulo de Manuel Álvarez Bravo, que despuntó este proyecto. Me di cuenta de que estas fotografías irónicas sobre la ciudad las tomé hace varias décadas. Decidí retomar esta visión y continuar con mi necedad, mi insistencia, de captar momentos efímeros de la vida urbana. 


La mayoría de los espectaculares publicitarios tienen a mujeres como foco de atención. ¿Hay una banalización del desnudo femenino?

Los genios de la publicidad han hecho de la imagen de la mujer una mercancía, situación que me molesta. Retrato este fenómeno con ironía. La facilita, por ejemplo, es un mural de unas piernas gigantes quitándose la ropa interior, pero hay una referencia visual porque en un costado de la toma capturé una camioneta con el logotipo del PRI; es una alusión a las barbaridades que ha cometido ese partido con un dirigente (Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre) que operaba una red de prostitución para toda esa bola de vándalos que está en el poder. Sin ser tan obvio, es una protesta a cómo se representa a la mujer.


Documenta la transformación que ha tenido la forma de realizar espectaculares. ¿Hacia dónde va esta técnica?

Marco esta transición pero me hubiese gustado estar más consciente de este tema, ser más detallado. Incluyo fotografías de 1980, cuando la publicidad era artesanal, era pintada a mano. Es un homenaje a los pintores populares que ponían en riesgo su vida para realizar su oficio. En la Ciudad de México hay un abuso de estos carteles pero existe la posibilidad de que en el futuro esta forma de publicitar se vuelva obsoleta y quizá este libro quede como un documento histórico de lo que fue la publicidad en nuestras calles.


Me llama la atención que en este proyecto hay muchas fotografías de ojos gigantes, como si diera la sensación de una ciudad vigilada. 


Las ciudades modernas han caído en este vicio. Creo que es una falta de respeto a la intimidad porque la ciudad es la casa de los ciudadanos. Lo hago por dos cosas. Como dice El Fisgón en el texto introductorio, si te sorprende el tamaño de ese ojo gigante que nos vigila, ahora imagina cuánto medirá el poseedor de ese ojo. Y la segunda se debe a que me fascina encontrarme con ojos, parte de la admiración que tengo por este elemento se debe a la fotografía La parábola óptica de don Manuel.


No solo hay un cambio de lo rural a lo citadino, también hay un cambio de tomas: del retrato, que lo caracteriza, a planos más abiertos.

Me dicen que soy un obsesivo de la limpieza y calidad pero don Manuel me instruyó que no hay que hacerle caso a los halagos, que mejor se ponga uno a trabajar. La clase más importante que me dio, después de dos meses de estar con él, fue en su laboratorio. Me dijo: “Mire, para ser buen fotógrafo hay tres cosas fundamentales: limpieza, limpieza y saber fotografía”. En esa frase me dejó una tarea para toda la vida y con su actitud me dejó otra fundamental: no puedes ser buen fotógrafo sino eres un buen ser humano.




Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.