Inscripción

Este poema pertenece a La ceniza de las horas (A cinza das horas), publicado en 1917. Versión de Marco Antonio Campos

Aquí, bajo esta piedra, que el rocío humedece,

Reposa embalsamado con óleos vegetales,

El albo cuerpo de quien, como ave que aletea,

Con desgaire bailaba, y hoy no baila ya…


Quien no la vio es muy probable que no vea

Otro conjunto igual de partes naturales.

Los velos tenían celos. Otras, tenían envidia.

De verla los varones tenían pasmos sensuales.


Sorprendióla la muerte un día cuando soñaba.

Con el caer del sol, bajó entre sombras fieles

A la tierra, en la cual pisó tan leve…


Eran sus manos más lindas sin anillos…

Tenía ojos azules… Era rubia y bailaba…

Breve fue su destino y bueno…

                                                 No la lloréis.