Pasión por el crimen

Café Madrid
El Caso era un semanario al que le escurrían unas gotas de sangre, como el Alarma! en México.
El Caso era un semanario al que le escurrían unas gotas de sangre, como el Alarma! en México. (Especial)

El Caso era un semanario al que le escurrían unas gotas de sangre. Como el Alarma! en México, aunque con menos horror, este tabloide daba cuenta de los delitos más excéntricos cometidos, casi siempre bajo la impunidad de la noche, en los pueblos y ciudades de España. Surgió durante la posguerra, en 1952, y dejó de publicarse en 1997. Con los miembros de la censura siempre expectantes, un grupo de periodistas husmeaba en comisarías y cuarteles, juzgados, panteones, depósitos de cadáveres, hospitales, estaciones de bomberos, callejones y avenidas, hasta recabar todos los detalles de asesinatos, robos y estafas, para llenar con esas historias un manojo de hojas insólitas que pretendían informar y entretener a la gente.

¿Por qué la dictadura aprobó, e incluso alentó, el desarrollo de El Caso? ¿Difundir los delitos era una forma de prevenirlos? “Franco lo permitió”, dijo una vez el escritor Francisco Umbral, “porque pensaba que la población, distraída con el crimen de la portera, la gata con alas o el hongo milagroso, se iba a despolitizar, como así fue”.

Una inmersión en el día a día de la “época dorada” de esta publicación se ve desde hace unas semanas en la serie de Televisión Española El Caso. Crónica de sucesos, en donde un viejo periodista (y ex policía) y una periodista novata (y niña bien) investigan (o destripan) un crimen que siempre llega a la portada del periódico fundado por Eugenio Suárez y en donde los periodistas seguían la directriz primaria del oficio: “si no te responden, insiste; si te echan de un sitio, vuelve; aunque te larguen a patadas, tienes que regresar; quien busca, encuentra. Cada dificultad supone un estímulo”, recuerda Juan S. Rada en 60 aniversario. El Caso. Semanario de sucesos (Grupo Editorial 33), un libro con la historia del semanario y la edición facsimilar de algunos de sus ejemplares.

Los de El Caso eran tiempos en los que, después de la ardua búsqueda, los reporteros encendían un cigarrillo, se sentaban ante sus máquinas de escribir para “cervantear” los sucesos (con una dosis de morbo y misterio), seleccionaban una buena foto y luego, cuando las rotativas ya estaban en marcha, se iban al bar a charlar y beber hasta las tantas. La información de las tragedias y los melodramas que ahí se contaban, algunos de ellos luego llevados al cine, se obtenía gracias a las buenas relaciones de los periodistas con la policía y a la “red de soplones” extendida por toda España que veía en El Caso al paladín del esclarecimiento y no dudaba en llamar a su Redacción antes que a las autoridades.

Dejó de imprimirse cuando la sociedad democrática había desterrado al crimen de sus principales intereses y la popularidad del tabloide era cosa del pasado. “La diferencia entre buenos y malos empezó a contemplarse desde otra óptica. El delincuente ya no lo era tanto. Había que considerarlo en muchas ocasiones víctima de unas circunstancias adversas que le habían empujado a transgredir y las prisiones empezaron a verse como centros rehabilitadores de cara a la reinserción”, explica Juan S. Rada en su libro. Hace una semana, sin embargo, quizá debido al éxito de la serie, la publicación ha vuelto a los puestos de periódicos en formato de revista a todo color y con la historia de una mujer apuñalada en la portada. ¿Volverá la pasión por el crimen?