El ojo documental de Dix

La visión realista y compleja de Otto Dix, uno de los artistas alemanes más controvertidos e importantes del siglo XX, llega al Museo Nacional de Arte
Tropas de asalto adelantadas con máscaras de gas, 1924
Tropas de asalto adelantadas con máscaras de gas, 1924 (Otto Dix)

Otto Dix. Violencia y pasión, inaugurada el 12 de octubre y abierta al público hasta el 15 de enero de 2017,es un recorrido a través de 160 piezas divididas en siete ejes temáticos que nos guían por la mirada de un personaje crucial del expresionismo alemán y de la Nueva Objetividad. Sus grabados tempranos narran plásticamente su experiencia en la Primera Guerra Mundial; sus retratos y autorretratos exhiben su talento formal y su linaje artístico, y funcionan como notas al pie de la historia del arte alemán. Es el caso de Autorretratocon caballete (1926), un óleo sobre madera que alude a Durero.

La retrospectiva fue curada por la especialista Ulrike Lorenz, directora del Kunsthalle Mannheim, quien considera que entre las aportaciones de Dix está su genialidad para integrar técnica y discurso. Así, por ejemplo, sus montajes y collages se asumen como gesto y expresión.

A lo largo de más de 60 años de producción, Dix hizo de la realidad su tema. Más que retratarla, la desnudó para que otros pudieran contemplarla y sentirla. De esta manera, muestra los cuerpos de las prostitutas como si fueran paisajes, campos bélicos en los que se vive la violencia y la pasión, y sus retratos invitan a explorar los rincones oscuros de nuestra mente.

Desde sus primeros dibujos hasta sus últimos autorretratos, como en el que aparece con una de sus nietas al hombro, está presente la dualidad Eros-Tánatos, la muerte que engendra vida y viceversa. Si bien sus grabados sobre la guerra documentan ese horror que parece destruir y rechazar el color, en sus pinturas hace uso del color para destacar la parte sórdida de la cotidianidad, como sus escenas de burdeles y las que captan la tristeza de la gran metrópoli. Dix absorbe, con una crudeza que hoy calificaríamos de “fotográfica”, la energía y la desazón del periodo de entreguerras. Su ojo documental, gráfico, expresivo, gestual, comprende la historia alemana. Siempre observó, a pesar de que durante el nazismo se vio forzado a dejar la academia y a aislarse en su propio país. Su maestría técnica juega con el espectador, usa el collage para plantear la realidad como un montaje de ficción. Más que con afán contestatario o político, su visión estética estaba comprometida con captar la contradicción humana, esa que aún cuesta trabajo ver.