Otra encuesta

Toscanadas.
Hábitos de lectura en México.
Hábitos de lectura en México.

Ciudad de México

Los resultados de la última encuesta sobre hábitos de lectura en México son optimistas. Un promedio de 5.3 libros al año suena bien si se compara con otros estudios. Sin embargo, las encuestas son un instrumento harto imperfecto para medir comportamientos en que los encuestados eligen presentarse mejor de lo que son. Si hacemos una sobre hábitos corruptos entre la clase política, el resultado dirá que el 99.99 por ciento son blancas palomitas. La excepción sería aquel alcalde que aceptó que robaba, pero poquito.

Además, el resultado nos da un promedio. Así, por cada cien letrados que leen un libro a la semana, tendremos mil ignaros que nada leen en todo el año. Tal como el ingreso promedio de un mexicano es de 25 mil pesos al mes; pero la cosecha de Carlos Slim y otros oligarcas se traduce en la miseria de millones.

Asimismo, ha de reconocerse que no todos los libros tienen mérito. Sería una bufonada una encuesta sobre alimentación cuyo resultado nos dijera “los mexicanos ingieren 300 kilos de comida al año”. De inmediato preguntaríamos: ¿carne?, ¿papas fritas?, ¿legumbres?, ¿dulces?, ¿Gansitos?

Encima, el propio Conaculta desacredita la encuesta al decir que los resultados dependen de la metodología y por eso no son comparables con otros estudios hechos en México, pero en cambio sí sirven para compararnos con Argentina o Chile.

La parte más simpática de la encuesta se da cuando se pide el título del último libro que se leyó, y la respuesta número uno fue: la Biblia, libro que casi nadie lee, pero es ampliamente citado por quienes no leen. Seguro que los encuestadores sabrán relatar que ésta fue la pregunta más difícil de responder, lo cual es síntoma de que el encuestado miente.

La mentira es matemática. Si el 8.2 por ciento de los encuestados dijo “el último libro que leí fue la Biblia”, entonces, con burdo razonamiento, podemos multiplicar la probabilidad de que la Biblia sea el libro más reciente, por los 5.3 libros al año, por treinta años en la vida de un lector; lo cual nos daría como resultado que todos los mexicanos que leen, leen la Biblia al menos diez veces, en promedio. Mi lógica no es exacta, pero sí la conclusión.

Más que una crítica a la encuesta, quiero exponer la dificultad o imposibilidad de precisar los hábitos de lectura de un país. No puede hacerse con las ventas de editoriales o librerías, pues un libro se puede prestar, tomar de una biblioteca, bajarse piratamente del Internet, o comprarse y no leerse. Un gran lector puede pasarse la vida leyendo sin comprar libros. Además queda el espinoso asunto de separar las lecturas pobres de las enriquecedoras.

Yo mismo no sé cuántos libros leo al año, ni sé cuántos leo por placer u obligación o mero interés o por necesidad de éxtasis estético. No sé cómo distribuyo mi tiempo libre. Miento cuando me preguntan cuál fue el último libro que leí. Así las cosas, siempre será un misterio cuántos libros leemos los mexicanos al año, y en un país tan dispar hay que desconfiar de la palabra “promedio”. Lo que nadie duda es que somos una nación subletrada y que la sociedad civil, los escritores y el propio Conaculta estamos poniendo manos a la obra para hacer lo que las escuelas no hacen.

Comoquiera, cuando asista a eventos sobre libros y lecturas, citaré el dato como certero. “5.3 libros por año”. Y esperaré que se repita la encuesta con la misma metodología en años futuros, para que los resultados sean comparables y sepamos si la temperatura sube o baja.