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Martes , 18.09.2018 / 13:32 Hoy

Otra lectura de Ibsen

Merde!

No existe ningún malentendido sobre el pasado. Existe la convicción de Nora de exigir a su marido el divorcio para legalizar su situación de mujer insurrecta y exitosa
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Nora Helmer es hoy una escritora y activista a favor de la emancipación de las mujeres frente a los hombres. La misma que abandonó a su marido y sus hijos regresa quince años después al hogar donde ella era la protagonista de Casa de muñecas, escrita por Henrik Ibsen en 1879, considerada el primer eslabón de la causa de las mujeres. Lucas Hnath escribe para Broadway Después de casa de muñecas y Mauricio García Lozano dirige la pieza con elenco de primera.

No existe ningún malentendido sobre el pasado. Existe la convicción de Nora de exigir a su marido el divorcio para legalizar su situación de mujer insurrecta y exitosa. De los inconvenientes no diré nada porque la trama importa para disfrutar las actuaciones de Cecilia Suárez/ Nora, Juan Carlos Colombo/ Torvaldo, Beatriz Moreno /ama de llaves, y Paulette Hernández/ nana de Emy. La vieja casa de corte clásico es el mismo escenario de una situación imposible.

Imposible que el dramaturgo sueco Ibsen estuviera de acuerdo con el regreso de Nora porque ella podría tener diversos destinos, y no necesariamente convertirse en una feminista que aboga por que las mujeres abandonen a sus maridos. Pero posible porque Lucas Hnath, como buen analista del mercado del teatro estadunidense, se inserta en el movimiento de las mujeres que hoy ven en los hombres todos los defectos del mundo y denuncian la violación de sus derechos humanos, y sus reivindicaciones. El radicalismo imposible a finales del siglo XIX, hoy presencia contemporánea y ajuste de cuentas de las afrentas recibidas por parte de las mujeres.

La dirección de García Lozano es sobria. Y sin eso, la obra sería —es— una pieza fallida por los contextos históricos, sociológicos, impensables en la sociedad de su tiempo. Escrita en clave contemporánea pero con graves fallas. Nora nos parece arrogante, injusta y arbitraria en los derechos de su hija e incluso su marido. Nora pierde el heroísmo que le imprimió Ibsen y se convierte en un ser humano incapaz de entender lo que provocó su ausencia. Su regreso es su perdición: rompe el mito de sí misma.

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