Sueños que nacen de la realidad

Nueve figuras de los escenarios mexicanos valoran la actualidad de Arthur Miller 
 Arthur Miller
Arthur Miller

Cuando La muerte de un viajante se estrenó en Nueva York, en 1949, la crítica definió a Arthur Miller como un hombre lleno de compasión por la sociedad de su tiempo. El genio para revelar lo que en su teatro llamó “sueños que surgen de la realidad” le permitió descubrir el odio y la tristeza que se acumulaban en la imagen del padre y de su país: figuras de poder cuyas ideas moralistas nos llevan al fracaso. Más allá de haber sido catalogado en los periódicos de la época como “comunista peligroso” o el “esposo de Marilyn Monroe”, fue un autor que legó a la dramaturgia del siglo XX diversas formas dramáticas de escribir sobre los acontecimientos sociales sin caer en el panfleto.

En México, la primera vez que supimos de su teatro fue en 1952, cuando se transmitió por Canal 4 Todos eran mis hijos. Cuatro años después, Ignacio López Tarso protagonizó la primera puesta en escena: Prueba de fuego (otra traducción de Las brujas de Salem), dirigida por Seki Sano en el Palacio de Bellas Artes, traducida por Luisa Josefina Hernández y Emilio Carballido. Sin duda, el director de origen japonés ha sido el mejor promotor del escritor neoyorquino en México.

A casi sesenta años de ese primer montaje, ¿cuál es el legado del teatro realista norteamericano en nuestro país? Bajo esta idea, los siguientes actores, dramaturgos y directores teatrales reflexionan sobre el teatro de Arthur Miller, a cien años de su nacimiento.

 

Hugo Arrevillaga

Conocí la obra de Arthur Miller en la escuela de actuación del Centro Universitario Teatral y tengo recuerdos entrañables de su literatura. Trabajé con un fragmento de Las brujas de Salem; quedé impactado por la precisión con la que Miller construye sus personajes. Se hizo toda una investigación sobre el contexto histórico de la obra para tratar de generar alguna conexión con el entorno político y social de México. Me sorprendió la manera tan profunda, lúcida, inteligente y sensible que tiene para construir a sus personajes: los diálogos que construye con palabras tan contundentes… Miller no solo cuenta historias de manera clara, sino que además nos regala su visión política. Recuerdo las palabras de uno de mis profesores: “Una de las grandes virtudes de Arthur Miller era la forma en que dejaba ver su postura política en la ficción”. En México podríamos pensar que el trabajo de Óscar Liera, quien trasladaba su posición política y social al teatro, se vio influido por Miller.

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Director escénico. En su trabajo se destaca la dirección de la tetralogía La sangre de las promesas, del autor franco–libanés Wajdi Mouawad.

 

Carlos Corona

Algo en lo que definitivamente influyó el realismo norteamericano en nuestro país es en la formación de actores y en la creación de una técnica nacional. Con el teatro norteamericano se comenzó a enseñar el método de Stanislavsky que influyó de manera importante en jóvenes directores como Héctor Mendoza y Ludwik Margules. Desde que lo estudié, en la universidad, la obra que más me interesó fue Todos eran mis hijos, que reflexiona sobre la responsabilidad y la consecuencia de los actos negligentes. A la luz de los acontecimientos del mundo actual, esta obra resulta pertinente. Debo admitir que no me seduce demasiado el tono realista–cotidiano en el teatro. Creo que es un tono que nos fue arrebatado de manera más efectiva por el cine; sin embargo, es un tipo de teatro que estuvo muy presente en mi formación, pues el actor aprende la estructuración de la ficción con el realismo.

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Director escénico, dramaturgo, actor y académico. Actualmente participa en El chico de la última fila, en el Teatro Benito Juárez.

 

Flavio González Mello

Al igual que en todo el mundo, Miller fue, junto con Tennessee Williams, el dramaturgo más influyente del teatro realista de mediados del siglo XX. Sus sellos se perciben en un caudal de obras escritas por la generación de Magaña y Carballido (como en Ante varias esfinges, la espléndida obra de Ibargüengoitia), e incluso por la siguiente, la llamada “Nueva dramaturgia mexicana”. Hoy ese tipo de realismo ya no impera en nuestras tablas; sus extremos de estridencia y sus clichés han sido desplazados por los planteamientos del teatro narrativo proveniente de Europa. Aun así, sigue conservando bastantes adeptos entre los dramaturgos actuales (aunque muchísimos menos que en Estados Unidos, donde aún imperan sus temas y sus códigos de representación). La muerte de un viajante es una de mis piezas predilectas. Pese a que varias de sus convenciones han envejecido, su planteamiento dramático y temático sigue siendo muy poderoso. Una obra que plantea la paternidad como el fracaso de las expectativas conserva aún mucha vigencia.

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Dramaturgo y director de teatro y cine. En 2011 recibió el Premio Juan Ruiz de Alarcón. Actualmente presenta Hamlet, en el Centro Cultural Universitario.

 

Gilberto Guerrero

Uno de los valores intrínsecos del trabajo de Miller es que un actor puede explorar con intensidad distintos modelos dramáticos. Miller tuvo una presencia muy destacada en la escena de su tiempo gracias a su explosión estilística. En México se lee mucho, se tiene conocimiento de su obra, sobre todo de La muerte de un viajante, Las brujas de Salem y Panorama desde el puente. Sin duda fue un autor con tintes sociales y políticos, y en cada pieza nos alecciona sobre cómo tomar una postura política sin caer en el panfleto. Esa claridad parte de una estética realista y de cómo recupera la tragedia griega. En Panorama desde el puente, por ejemplo, pone en evidencia los valores del hombre y trata del problema migratorio que enfrentó Estados Unidos a mitad del siglo pasado, y parecería que plantea un problema semejante entre Centro y Norteamérica. En México, en la década de 1960, Luisa Josefina Hernández y Emilio Carballido siguieron esa línea del teatro norteamericano al voltear a las costumbres mexicanas; otro ejemplo es Sergio Magaña y El pequeño caso de Jorge Lívido.

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Académico, dramaturgo y director de la Escuela Nacional de Arte Teatral.

 

Hugo Hiriart

El signo particular de Arthur Miller es el de ser un autor con un gran sentido social. Una vez, Marilyn Monroe dijo que su esposo era un escritor muy valiente. La represión de McCarthy sucedió justo en el momento en que él era un escritor destacado y con una posición clara. Cuando fue llamado por el Comité de Actividades Antiamericanas para que delatara a sus compañeros, no lo hizo. Era un hombre íntegro. En 1963, dio el mensaje del Día Mundial del Teatro, donde dijo algo así: “¿Por qué el teatro? Porque la gente puede ver cómo es”. El teatro existe porque la vida es difícil de aprender, es muy fugaz, enigmática. El teatro no es así, no es fugaz, no es ambiguo; el teatro es una cosa muy clara donde yo puedo ver, aceptar la vida, y por eso tiene la función de tratar la vida de manera que se pueda entender.

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Escritor. Entre sus obras de teatro se encuentran El caso de Caligari y el ostión chino y La noche del naufragio. Su más reciente libro es el ensayo El juego del arte (Tusquets, 2015).

 

Enrique Olmos de Ita

El legado es la introducción de una dramaturgia moderna, que avisaba estructuralmente sobre la composición dramática de personajes fincados en la urdimbre emocional, más que en el peso de la peripecia y los cuadros de costumbres imperantes. En La muerte de un viajante se pone en duda el sueño americano; es proverbial en su época y de una valentía incalculable. Y ni hablar de la estructura donde el ensueño, la construcción de un tiempo sin tiempo, el juego de pasado y presente son naturales y desafiantes. Miller es un clásico moderno, uno de los grandes dramaturgos del siglo anterior y, evidentemente, el mejor autor dramático norteamericano nacido en la primera parte del siglo XX. Su influencia es notable en toda la escena contemporánea occidental.

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Dramaturgo y crítico teatral. Entre sus piezas destacan Inmolación y Generación Nini.

 

Enrique Singer

Miller es heredero del naturalismo que viene desde Ibsen y que pasa por O’Neill, continúa y le da un auge muy importante a un tipo de teatro social, que va a definir lo que es el realismo norteamericano, en el que los personajes son de carne y hueso, con situaciones dramáticas fuertes. Eso se heredó en México, en principio, en el teatro de revista; después, ese teatro reflexivo lo retoma Rodolfo Usigli y sus alumnos, como Vicente Leñero y Víctor Hugo Rascón Banda. Los dramaturgos de la segunda mitad del siglo XX estaban interesados en temas sociales, los de hoy le están dando de alguna forma la espalda al realismo para recuperar otro tipo de expresiones dramáticas que no necesariamente pasan por situaciones del drama convencional. Miller tuvo una afiliación dramática convencional, mientras que la dramaturgia actual se ha desprendido de eso: le interesa plantear situaciones y realidades, aunque sigue siendo un vehículo político, y eso es algo interesante.

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Actor y director. Tiene a su cargo la Dirección de Teatro de la UNAM. Su más reciente montaje es La anarquista, de David Mamet, en el Teatro El Milagro.

 

Luis de Tavira

Miller es un dramaturgo fundamental en la instauración del nuevo realismo de la modernidad. Heredero de Henrik Ibsen y Eugene O’Neill, refunda ese realismo que está presente hasta nuestros días. Es un dramaturgo profundo de los conflictos de la sociedad para la que están escritos sus textos, y muestra una clara posición frente al capitalismo, a las ideas que no sustentan el llamado sueño americano, es decir, también se ocupa de mostrar a este pueblo antiético de la década de 1960. Obras como Todos eran mis hijos o La muerte de un viajante son revisiones de los procesos fundamentalistas de la sociedad. En Panorama desde el puente trata la inmigración, tema presente en nuestros días. El teatro de Miller presenta conflictos que aún se discuten en nuestras sociedades. La dramaturgia norteamericana, en especial la de Miller, ha sido una escuela. No he montado alguna de sus obras, pero lo he usado en mi trabajo como pedagogo de la actuación. Sus obras son escuela para la estructuración de un actor. En México, la escuela de Rodolfo Usigli y Xavier Villaurrutia aspiró al realismo, aspiró al encuentro de este nuevo impulso. Ellos veían la muerte de la poética teatral. Sin duda, influyó el modelo de confección de la poética de Miller y Tennessee Williams.

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Director de la Compañía Nacional de Teatro. Uno de sus más recientes montajes es El infierno, de Vicente Leñero.

 

Hugo Wirth

Hay cierta fascinación de los directores por llevar alguna obra de Arthur Miller a escena. Los que se atreven piensan que suben de nivel o lo ven como un gran reto. Creo que he tenido mala suerte y los montajes que he visto en México son realmente desafortunados. En ese sentido, esa necesidad egoísta de hacer con Miller experimentos comerciales para actores de televisión que quieren hacer cosas serias es un legado autoimpuesto. En cuanto a la dramaturgia, sin duda es un referente para todo el que quiera escribir teatro. La etapa que sigue a Después de la caída es una de las más interesantes de su trabajo: vemos a un dramaturgo más sensible, más crítico, más perceptivo. Hay una madurez técnica y, si bien toda su producción es fantástica, la genialidad se desborda a partir de esta obra. Miller es un barco de salvación sobre todo en cuanto a la creación de personajes. Es la filigrana.

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Dramaturgo, director escénico y guionista. Entre sus obras destacan Tangram y La fe de los cerdos.