Sortear el miedo

Opinión
En Operación al cuerpo enfermo un narrador nos sumerge en el duro proceso que enfrenta contra el cáncer y que comienza por invadirlo en una pierna.
En Operación al cuerpo enfermo un narrador nos sumerge en el duro proceso que enfrenta contra el cáncer y que comienza por invadirlo en una pierna. (Especial)

Ciudad de México

Sergio Loo falleció el 28 de enero de 2014 a la edad de 31 años. En vida publicó cuatro libros: tres de poesía —Claveles automáticos (Harakiri, 2006), Tus brazos labios pormi boca rodando (FETA, 2007) y Guía Roji (Ivec, 2012)— y una novela —House, retratos desarmables (Ediciones B, 2011)—. En 2013 ganó la primera convocatoria para publicación de novela de la Editorial Moho con Pesadilla en la Narvarte del infierno, aunque hasta el momento no ha sido publicada. Después de su muerte, en 2014, la Universidad Autónoma de Nuevo León publicó Postales desde mi cabeza, y a finales de 2015 Ediciones Acapulco publicó el que quizá sea —hasta ahora— su libro más intenso y experimental: Operación al cuerpo enfermo.

Hice mi primera lectura de este últimoen 2014, a los pocos meses de la muerte de Sergio Loo. No fue fácil. Las referencias sobre el dolor y la enfermedad que se hacen en Operación al cuerpo enfermo, que es al mismo tiempo una extensa obra poética y una novela, no me dejaban dar distancia a su imagen. Lo creía vivo, a la mano. Se interponía una conversación truncada, que sin saberlo se retomaría justo en esas páginas.

Hice recientemente la segunda lectura y hasta entonces entendí que es un libro donde Sergio Loo nos habla desde los espacios vacíos. La experiencia fue otra. ¿Entonces no habla sobre la enfermedad, sobre la muerte? Sí, pero de otra forma: de la sociedad como cuerpo, de nosotros como enfermedad, de la propia experiencia y de la dimensión que le dio conocer su propio cuerpo enfermo. A través de un mapa del cuerpo, Sergio Loo realiza una radiografía propia pero al mismo tiempo de nosotros mismos. Se trata del enfrentamiento al dolor y el encuentro del pensamiento, y la conciencia de la existencia. Una reflexión profunda que se descubre bajo la lectura de una obra contundente.

En Operación al cuerpo enfermo un narrador —él— nos sumerge en el duro proceso que enfrenta contra el cáncer y que comienza por invadirlo en una pierna. Las visitas al hospital y el choque con una realidad nueva: la de los médicos, la familia cercana, la memoria, las relaciones humanas y la sexualidad. A través del reconocimiento de su cuerpo, de la memoria misma, presenta a dos extraños personajes que podrían parecer él mismo. En un exquisito juego de las estructuras, que es precisamente un reflejo del pensamiento, y forma característica de su estilo, Loo nos adentra en las profundidades de los personajes: el enfermo, una mujer y un hombre, que de varias formas, y cada vez más, están relacionados entre sí. No es una lectura fácil, pues a detalle se revela la representación metafórica de cada uno de ellos, y mientras se avanza uno se pregunta sobre qué son estos personajes. A peligro de que en una próxima lectura encuentre otro significado, esta vez se me revelaron así: él, en representación del ser, del enfermo; Cecilia, como el tumor —haciéndonos recordar que somos potencialmente células dañinas: “entonces esta ya no es la historia de Cecilia, sino la historia sobre los juicios sobre Cecilia”—, y Pedro, como el cuerpo, que es imposible dejar a un lado, que parece imposible conocer hasta que el dolor nos hace conscientes de él.

Sergio Loo buscaba explorar la representación de las formas, de la estética. Como lector me habló de su gusto por José Juan Tablada, por obras que experimentaban con la palabra, con el lenguaje, con las posibilidades del espacio. Así, pues, por medio del descubrimiento de sí mismo, a través de un acercamiento a la conciencia de la exploración personal, encontró las vías para fundir sus obsesiones, para escribir sobre la imperfección, sobre la deformación, sobre la búsqueda de la aceptación. “La historia de Pedro es la historia de la gente contra el cuerpo de Pedro”.

Operación al cuerpo enfermo es, posiblemente, la historia sobre el peso de los juicios a uno mismo, los juicios de la sociedad, y la no pertenencia. Todos estamos deformes. Aquí él —en la enfermedad: “Tengo la carne abierta. Soy carne abierta”—; aquí Cecilia, que ha intervenido su cuerpo, que se ha arriesgado a ser diferente: “Por eso Cecilia ha deformado su cuerpo, para que los objetos no se le metan, para que no se le injerten con sus reglas y sus contextos fastidiosos”. Aquí Pedro, que ha nacido distinto, que no encaja con los patrones, con la estética, con lo correcto: “El cuerpo de Pedro es una historia antropométrica. Su belleza no reside en los elementos, sino en la armoniosa proporción que mantiene un dedo con otro dedo con otro dedo con otro dedo con otro dedo con otro dedo hasta formar la mano y la otra mano y la otra mano”.

A través del juego de palabras, como si él mismo fuera el cirujano del cuerpo del lenguaje, Sergio Loo cuestiona el significado de estar sano (socialmente), de la muerte (social), de la salud y del dolor (personal y social). ¿Será el dolor la respuesta a un intento de ruptura del orden? ¿Será la enfermedad la única forma de revelarse?: “Has deformado irremediablemente tu cuerpo para estar en contra de las cosas”. Y finalmente cuestiona el miedo. ¿Será el miedo el camino a la aceptación de nosotros mismos? ¿Quiénes somos capaces de sortear esa barrera? Sergio Loo no da respuestas. Pone las piezas para que nosotros mismos les demos forma a nuestros demonios. Así, Operación al cuerpo enfermo no es un libro sobre la muerte (o no del todo); es un libro sobre la vida y la estética y las formas. Es un libro crudo, cínico, honesto, contundente y mordaz; un libro de ruptura, de estética en la deformación, de riesgo donde se juega con la palabra, con el lector, con el vacío, con la estructura, con sus propias formas, con el dolor, con el miedo y con nuestros prejuicios.