Da la casualidad

Desmetáfora
(Especial)
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El significado oculto de los números fue tan importante para Pitágoras que la escuela creada por él consideró conveniente guardar en secreto la existencia de los números irracionales. Estos números no pueden expresarse como el cociente de dos números enteros. La raíz cuadrada de dos o el famoso número pi son ejemplos de este tipo de números. Su existencia conmocionó a los hombres de conocimiento en aquella época y sigue inquietando a muchos hoy.  

Se dice que Hipaso de Metaponto rompió el secreto dando a conocer al mundo los números irracionales, ¿ese gran defecto de la naturaleza?, y por tan terrible violación de lo que estaba reservado a unos cuantos se le construyó una tumba para mostrar que él, uno de los más grandes miembros de la escuela pitagórica, estaba muerto.

La obsesión de Bach por los números también es conocida. Se  dice que asignó a cada letra un número. A, B y C,  que equivalían a 1,  2,  3  y de manera correspondiente y sucesiva  a todas las otras letras del alfabeto. De esta manera la palabra BACH tenía una  correspondencia: B=2, A=1, C=3, y H=8. Sumados los números de las letras de su nombre uno obtiene 14 y curiosamente sumando los valores correspondientes a Johann Sebastian totaliza 144. Qué coincidencia.

El 14 y su orden invertido 41 están en toda su obra, en el número de compases, el número de notas de una frase, etcétera. Los conocedores de su música dicen que hay secuencias de tonalidades en sus sonatas o los intervalos entre los tonos, en las que la suma de valores asignados arroja 14 y su multiplicación 144.      

En 1953 Juan Rulfo público El Llano en llamas. Era una colección de cuentos entre los que se encuentra “El día del derrumbe”.

“Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón, ¿no fue el veintiuno de septiembre el mero día del temblor?” “Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho”. Así comienza Juan Rulfo el relato de la visita del gobernador a Tuxcacuexco. Era la primera vez que el  gobernador visitaba el pueblo y lo hacía para ver  la manera de ayudar a los afectados por el temblor. “La cosa es que aquello, en lugar de ser una visita a los dolientes y a los que habían perdido sus casas, se convirtió en una borrachera de las buenas”. 

La visita acabó en una fiesta donde no faltó la música de Tepec, “que llegó retrasada por eso de que todos los camiones se habían ocupado en el acarreo de la gente del gobernador”.

No faltó la comida, la bebida, el borlote y la balacera, para acabar en todo menos en la planificación de medidas de apoyo al derruido Tuxcacuexco.  

A todos nos puede resultar curioso que este cuento de Juan Rulfo se publicase en septiembre de 1953 como parte de su primer libro. Sobre todo ahora cuando sabemos que el temblor de ese cuento podría coincidir en día con el terremoto que ocurriría 32 años más tarde, en septiembre de 1985, y luego, nuevamente, 32 años después, el 19 de septiembre de 2017, con otro más, también catastrófico.

Como si  la  devastación de los temblores en la Ciudad de México ocurriera en septiembre cada 32 años. Los aficionados a la numerología tomarán nota diligente de los intervalos de 32 años remarcando que el 32 es un número defectivo, lo que significa que es mayor que la suma de sus divisores propios exceptuándose a sí mismo. Es decir que siendo 1, 2, 4, 8 y 16 divisores de 32, éstos suman 31, que es menor que 32.  Esto es lo que hace ser al 32 un número “deficiente”, o como dicen los matemáticos: “defectivo”.

Los que creen que existe una relación mística entre los números, los seres vivos y las fuerzas de la naturaleza no dejarán de resaltar que 32 es un número de Leyland, de los que, por cierto, no hay muchos. El 8, el 17, el 32, además del 54 y 57, así como el 100 son los primeros números que se pueden escribir como la suma de potencias intercambiadas con las bases. En el caso de 32 esto quiere decir que 4 al cuadrado más 2 a la cuarta da 32. Eso es un número de Leyland, llamado así en honor al estudioso de sus propiedades, el inglés Paul Leyland.

Más aun, podemos decir que 32 es la temperatura en grados Fahrenheit en la que el agua se congela al nivel del mar, que tenemos 32 dientes y que el ajedrez tiene 32 piezas al inicio de la partida. Hay 32 casillas blancas y 32 casillas negras en el tablero de las damas chinas.  Por si esto fuera poco: el número 32 se obtiene de sumar la unidad a la primera potencia más 2 a la segunda potencia, más 3 a la tercera potencia; esto no es poca cosa.  

La numerología es uno de los juegos favoritos de la imaginación, sobre todo cuando de tragedias se trata.

En El péndulo de Foucault encontramos el pasaje: “El autor de este libro debería recordar que Piazzi Smyth descubre las medidas sagradas y esotéricas de las pirámides en 1864. Permítanme ustedes que solo dé números enteros, a mi edad la memoria empieza a fallar… Es singular que su base sea un cuadrado de 232 metros de lado. Originariamente su altura era de 148 metros. Si lo expresamos en codos sagrados egipcios, tenemos una base de 366 codos, que es el número de días del año bisiesto. Según Piazzi Smyth, la altura multiplicada por 10 a la novena da la distancia entre la Tierra y el Sol: 148 millones de kilómetros. Que era una buena aproximación para la época, ya que actualmente esa distancia se calcula en 149 millones y medio de kilómetros y nada nos asegura que los modernos estén en lo cierto. La base dividida por el ancho de una de las piedras da 365. El perímetro de la base es de 931 metros. Si se divide por el doble de la altura da 3.14, el número . Deslumbrante, ¿verdad?

“Belbo sonreía sin saber qué decir.

“¡Imposible! Dígame cómo hace para…

“No interrumpas al doctor Aglié, Jacopo —dijo solicito Diotallevi.

“Aglié le agradeció con una sonrisa cortés. Hablaba dejando vagar su mirada por el cielo raso, pero me dio la impresión de que no era un examen ocioso ni casual. Sus ojos seguían una pista, como si estuviese leyendo en las imágenes lo que fingía exhumar de la memoria”.

Los números están en todas partes. En su película Pi, el orden del caos, Darren Aronofsky puso en boca de Max las palabras que describen una obsesión: “Si te empeñas en encontrar el 216, lo encontrarás por todas partes. Habrá 216 pasos desde la esquina  hasta la puerta de tu casa y el ascensor tardara 216 segundos en llegar a tu piso. Cuando tu mente se obsesiona desechas todo lo demás y solo eres capaz de ver eso. 320, 450, 22 o 10. Tú has elegido 216 y lo encontrarás por toda la naturaleza. Escucha, en el momento en que descartas el rigor científico dejas de ser un matemático para convertirte en un numerólogo”.

A los que ven en el 32 algo más que el número de años que separan el temblor de Rulfo del temblor de 1985 y a éste del temblor de 2017, les diremos que en 2049 —es decir:  32 años después—, el temblor podría ser más fuerte. Es posible que ese año se estremezcan las raíces más profundas de nuestra naturaleza cuando recibamos señales de vida extraterrestre. Y es que en octubre de 2008 se envió una señal al sistema planetario que orbita alrededor de la estrella Gliese. A la señal le tomará 20.5 años en alcanzar el planeta y la señal de regreso tardará 20.5 años más en llegar hasta nosotros. Esto significa que en 2049 podríamos estar  recibiendo la primera señal de vida de este lejano sistema solar.