Luis Ayhllón: “Me interesan los personajes intensos”

'Nocturno' enfrenta a un anciano y su enfermera en una espiral de revancha y sentimiento de culpa
Juan Carlos Colombo protagoniza 'Nocturno'
Juan Carlos Colombo protagoniza 'Nocturno' (Especial)

Ana (Irela de Villers), es contratada como enfermera para cuidar al viejo Oli (Juan Carlos Colombo), quien vive sus últimos días. La relación entre ambos cambia de tono cuando la mujer descubre un pasado en común. El peso de la culpa y la necesidad de venganza son los rasgos que definen a los protagonistas de Nocturno, la nueva película de Luis Ayhllón.

¿Por qué reflexionar sobre el pasado?

Me interesan los personajes intensos. Quería crear una especie de purgatorio para los protagonistas. Su pasado se descubre poco a poco; manejarlo así me permitió hablar de conflictos familiares o ajustes de cuentas. Incluso no me atrevería a decir que es una película sobre el pasado sino acerca de otro tipo de sentimientos, como la culpa.

Aunque en 'Nocturno', el sentimiento de culpa se produce por la carga del pasado.

Por ese lado tienes razón. Como escritor de cine y teatro, trabajo los personajes a través de la situación. Su desarrollo se da por medio de diálogos y silencios. Hay quien cree en la construcción de biografías, yo no. Prefiero labrarlos poco a poco.

¿Lo primero es contar con un personaje fuerte?

De ahí parte todo. La película es una mezcla de géneros, pero la historia partió de la exploración a través de la mente de los personajes. Por eso resulta inclasificable. Mientras más fuertes son tus personajes, mayor es la empatía con el público.

En esa construcción, las atmósferas son muy importantes.

Quería hacer de Nocturno un cúmulo de atmósferas oníricas que envuelven a los personajes. El uso del blanco y negro me ayudó, como sucedía con el cine gótico, para crear un ambiente opresivo. Además es un recurso para acentuar la idea borgeana de que el cine es un sueño dirigido.

Aunque recientemente se ha abusado del blanco y negro, ¿no?

El blanco y negro per se no expresa nada, pero en este caso sí contribuye para remitirnos al cine de Bergman o de Polanski. La colaboración de Alex Argüelles fue fundamental, es un fotógrafo con un acervo cinematográfico importante. Hablamos de Ozu, Haneke, establecimos una buena colaboración creativa, como también se dio con Roberto Zamarripa, mi director de arte.

¿Qué aporta su formación como dramaturgo a la hora de construir un personaje?

Me aporta una inquietud por hablar todo el tiempo del ser humano. En Nocturno llevo al límite muchas de las cosas exploradas en mi trabajo previo. La fusión de tonos y géneros; el silencio sobre la palabra. Mi experiencia en teatro me sirve, además, para la dirección de actores. Todo el reparto viene del medio teatral y eso es fundamental porque me gustan quienes cuestionan las ideas del director.

¿Se construye igual un personaje para teatro que para cine?

No, es labor del escritor encontrar las sutilezas y particularidades de los lenguajes. En esencia hay ciertos lugares comunes que repiten los cineastas, como que el cine es imagen. Yo creo que también es buenos diálogos, pensemos en Woody Allen. A través de ellos uno puede conocer el lenguaje de los personajes, no en términos de información, sino de estructura mental.

Hay realizadores como Lucrecia Martel, que cuestionan una idea como ésta.

Admiro a Lucrecia. Nocturno tiene más silencios que diálogos, pero cada uno tiene fuerza en sí mismo. En general los diálogos del cine mexicano son malísimos porque tienen una correspondencia total con lo que piensan los personajes. Al no haber misterio tampoco hay conflicto. Son diálogos informativos todo el tiempo. La película me sirvió para explorar sus diferentes capas.