Ninis

Casta diva
El actual Museo Carrillo Gil se ha convertido en el refugio de los ninis: los expuestos ni son artistas, ni tienen talento, ni saben curar una exposición.
El actual Museo Carrillo Gil se ha convertido en el refugio de los ninis: los expuestos ni son artistas, ni tienen talento, ni saben curar una exposición. (Especial)

El actual Museo Carrillo Gil se ha convertido en el refugio de los ninis: los expuestos ni son artistas, ni tienen talento, ni saben curar una exposición. Como ni hay exposición permanente, el espacio ni de referencia turística sirve, así que sin las obras que le dan sentido lo llamaremos desde ahora Museo carillo vil. Las exposiciones montadas son: los ninis BBVA Bancomer, una exposición de un artista VIP importado de España y otra que usa como “pretexto” el aniversario de Hieronymus Bosch, el Bosco, y su pintura El jardín de las delicias.

Los ninis BBVA Bancomer pertenecen a un sistema que premia con becas las escasas posibilidades que tienen para hacer algo con sus vidas y les abre la puerta al gymboree del arte VIP, aquí no solo cualquier cosa, gesto o vivencia es arte, además la beca se suma a la iniciativa de la Asamblea de Representantes de la Ciudad de México de dar el 50 por ciento de descuento a los ninis en el transporte público, beneficio que pueden extender al resto de los artistas y curadores del museo. El banco invierte sus ganancias en la colección de obras de un montón de “jóvenes valores” que incluyen una beca para irse de vacaciones en coche; beca para “estudiar el tiempo de la improductividad” y “qué es lo que ocurre cuando no ocurre nada”, una explicación que describe con un pleonasmo toda la exposición; en otra obra se “critica a los valores formales del gigantismo” que incluyó beca para la acción–competencia de comer papas fritas; en otra más, no satisfecho con ser beneficiario del banco, reivindica al sistema financiero con una falsa crítica; y un conjunto de ociosidades recreativas respaldadas por cédulas en las que los agradecimientos son listas de nombres que ayudaron o intervinieron en la realización de estas cosas porque los ninis son incapaces de hacer solos sus elementales objetos.

El artista de España, Eugenio Ampudia, al margen de que en sus obras no hay gran diferencia con los ninis becarios, la curaduría es tan deficiente que no hay forma de encontrar cédulas, ni un trayecto lógico, a menos que esto sea parte de la obra o de lo que el artista “reflexionaba”. La exposición alusiva al Bosco es sintomática de la falta de comprensión que el arte VIP tiene con la pintura, los más de 20 artistasy su curador no logran ni remotamente dimensionar El jardín de las delicias. La pretenciosa y fatua idea de que el nulo manejo del espacio de la curaduría con esa aglomeración de videos, objetos y sonidos es una “entropía” que puede darnos una referencia o interpretación de esta pintura, únicamente describe lo desproporcionado y vanidoso que es el arte VIP con los conceptos que usa, demuestra la superficialidad en la que se desarrollan y en el momento que abordan la obra del Bosco, que sí tiene contenido filosófico y estético, ignoran cómo analizarlo y mucho menos replantearlo. Estas personas no saben ver al Bosco, no les interesa, las obras podrían cargar con otro “pretexto” y daría lo mismo, hasta la pintura de Manuel Mathar que está muy bien realizada, no tiene qué hacer ahí, se supone que la acompaña un trabajo sonoro imposible de detectar. No es que se hayan quedado cortos, es que están en la indigencia intelectual. Si quieren hacer homenajes, o lo que sea que el curador haya pretendido, tomen a sus propios genios como Yoko Ono, Jeff Koons y demás luminarias, eso es lo que está a su alcance mental. El arte verdadero, con todas sus implicaciones, déjenlo en paz porque no los necesita.