Unamuno

Café Madrid
'La isla del viento' es la primera película de ficción dedicada a Unamuno.
'La isla del viento' es la primera película de ficción dedicada a Unamuno. (Especial)

Ciudad de México

Los gritos falangistas (“¡España!... ¡Una! ¡Grande! ¡Libre!”) comenzaban a arreciar cuando Miguel de Unamuno (1864–1936) se levantó de la silla que ocupaba. En el estrado del Paraninfo de la Universidad de Salamanca (la más antigua de España y del mundo hispano) acababa de escuchar con incomodidad cómo se calificaba a Cataluña y al País Vasco (“las vascongadas”) de “cánceres en el cuerpo de la nación”. A unos meses del inicio de la Guerra (in)Civil y con la muerte de Federico García Lorca muy reciente, la crispación se había apoderado del país. El filósofo y escritor ocupaba la rectoría de la institución por tercera vez y era el anfitrión de la ceremonia oficial del Día de la Raza, en la que no tenía previsto hacer uso de la palabra pero, ante tal perorata, sintió la responsabilidad de alzar la voz:

—Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha: razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España.

El discurso espontáneo era, además de un freno a los improperios, una muestra de arrepentimiento. Porque Unamuno había apoyado inicialmente el alzamiento armado. “¡Viva la muerte, muera la inteligencia!”, gritó alguien de entre el público. Entonces, ese 12 de octubre de 1936,  el autor de Niebla se esforzó por dejar claro ante la multitud que no volvería a dudar de la República y continuó hablando. A unos centímetros de él estaban Carmen Polo, esposa de Franco, y el general José Millán–Astray, fundador de La Legión, el principal escuadrón del Ejército de Tierra español. Ambos darían cuenta al Generalísimo de la arenga encendida que acababan de escuchar y éste no tardaría en ordenar la destitución como rector de Unamuno quien, dos meses y medio después, el último día de aquel fatídico año, moriría en su casa.

La escena del “incidente salmantino”, como se conoce popularmente, fue recreada hace unos días en el mismo lugar donde se llevó acabo hace 80 años, por el actor José Luis Gómez, que también protagoniza el biopic cinematográfico de Unamuno titulado La isla del viento, el cual puede verse estos días en los cines de España. Gómez tiene 76 años, es académico de la lengua y uno de los principales actores de este país desde que protagonizara, en 1975, Pascual Duarte, la película basada en la novela “tremendista” de Camilo José Cela. De estatura baja, enjuto y canas bien peinadas, dice que recordar hoy el “incidente” de don Miguel sirve para “hacer un llamado a la razón, al respeto de las diferencias ideológicas y para plantarle cara al avance de los populismos. Y de la cordura ante el separatismo en España”.

La isla del viento es la primera película de ficción dedicada a Unamuno. Su argumento sentimentaloide le resta méritos, pero en el fondo es, como dijo ante su estreno Jean–Claude Rabaté, biógrafo del escritor, la recuperación de una figura intelectual contradictoria pero esencial en la historia contemporánea y “un canto a la dignidad humana y de incomprensión frente a la actitud de una juventud a quien tanto había inspirado y que ya no se encuentra en sintonía con él”.