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Miedo a tanta belleza

Vibraciones

Las formas de esta presencia sombría, anterior a la libertad y anterior al vértigo, se descubre la intención narrativa de exponer dos maneras de explorar el mundo
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El descontrol, parámetro fundamental del jazz, en el pensamiento de Kamasi Washington (Los Ángeles, 1981) es posterior a la atmósfera. Sucede después, cuando un panorama ha sido creado; actúa sobre construcciones existentes, aunque no necesariamente determinadas. 

Este planteamiento, en donde la improvisación carga con el ancla de un concepto, impregna el cuerpo musical de cierta sensación trágica. Los sonidos comparten una misma esencia de tristeza épica, e incluso en su faceta más jazzística, cuando Kamasi Washington se entrega desde la pasión a la voz de su saxofón tenor, el movimiento nunca termina por ser del todo libre ni del todo vertiginoso.

Al explorar en Heaven and Earth (su nuevo álbum doble de dos horas y media de duración) las formas de esta presencia sombría, anterior a la libertad y anterior al vértigo, se descubre la intención narrativa de exponer dos maneras de explorar el mundo: está el mundo del que formo parte (Earth) y está el mundo que forma parte de mí (Heaven).

La pieza “The Space Traveler’s Lullaby”, inicio del segundo álbum, representa el momento exacto en el que los mundos cambian: colores y horizontes del exterior se desvanecen y desde la intimidad surgen inciertos discursos de sonora abundancia: un coro cuyas voces han perdido las palabras emiten sostenidos murmullos suaves; la sección de cuerdas de una orquesta sinfónica insiste en construir una estructura armónico/ melódica tonal y clara, que guíe los acontecimientos hacia un destino concreto; la orquesta de jazz (dos contrabajos, dos baterías, trombón, teclado y piano) ensaya movimientos circulares que terminan por imponer una realidad espectral e increada sin principio ni fin, en donde todo vaga, el tiempo se ha colapsado y la sensación es la de haberse desintegrado en una inabarcable energía onírica.  

Hacia el final, en un regreso a la conciencia individual, el saxofón tenor queda a merced del silencio y es ahí, extraído de lo divino, que declara, en un monólogo profundamente trágico, su fascinación, su soledad y su invencible miedo al descontrol que lo incapacita para deconstruirse e integrarse a tanta belleza.


@hugorocajoglar

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