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Miércoles , 12.12.2018 / 07:18 Hoy

Michel Hazanavicius: “no quería hacer una apología de Godard”

Cine Entrevista

Mal genio recupera al cineasta francés basado en las memoras de Anne Wiazemsky
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Durante 1967, el genio de la Nueva Ola francesa, Jean–Luc Godard, se encontraba filmando La Chinoise, al lado de su pareja Anne Wiazemsky, actriz veinte años menor que él. A partir de la relación de ambos y en particular de las memorias de la intérprete publicadas bajo el nombre de Mal genio, el realizador galo Michel Hazanavicius —ganador del Oscar por El artista— dirigió Godard, amor mío, película donde plantea una visión desacralizada de una de las mayores figuras del cine europeo.

¿Por qué cree que no se había hecho una película alrededor de Godard?

No sabría responder. Cuando hablé con Anne Wiazemsky para comprar los derechos de su libro de memorias Un año ajetreado, me comentó que anteriormente algunos directores querían trabajar alrededor de Godard, pero que siempre había algo que los detenía. Supongo que les daba resquemor hablar del mito que supone. Ahora, cincuenta años después de aquel romance, es más fácil. Supongo que el tiempo relativiza las cosas. Además, para mí Godard no es un semi dios de modo que no me costó tanto hacer la película. Desde el principio me planteé una historia equilibrada. No quería escandalizar, pero tampoco hacer una apología de su figura.

Aunque creo que sí hay una actitud parricida de su parte…

Quizá, no podría asegurarlo. De ser así tendría que someterme a una sesión de psicoanálisis. No eres la primera persona que lo menciona, de modo que algo habrá de eso. Lo que sí te aseguro es que fue algo subconsciente porque nunca hubo una intención premeditada de hacerlo mientras escribía el guión. 

A partir de la figura de Godard, la película refleja el Mayo Francés y en particular el conflicto de una generación que pugnaba por ideales casi utópicos. 

No sería tan ambicioso como para hablar de una generación. El Mayo del 68 aparece de manera tangencial, o mejor dicho, uso aquel periodo para retratar de una manera divertida a un personaje complejo y crucial. En aquella época Godard tenía casi cuarenta años, mientras que los jóvenes que salían a las calles rondaban los veinte. Me interesaba hablar de su desconexión con los estudiantes de entonces, desconexión que, por cierto, se le respetaba. Para plantear la narrativa de la brecha generacional, Godard me aportaba tres cosas: su carácter profundo; el que siempre ha mantenido una postura contraria al establishment; y que entonces enfrentaba una crisis de mitad de vida (es veinte años mayor que su mujer y tiene problemas con su carrera). En su interior vive un periodo de rebelión que es empujado por el contexto del mayo de 1968.

Y que usted incluso caricaturiza.

Porque todo este coctel lo empuja a un nivel de radicalismo superior al de la mayoría de los intelectuales de su época. Recuerda que aquella fue una revolución muy tranquila. Nadie perdió la vida. Los jóvenes simplemente protestaban por un mundo mejor. Es más, muchos intelectuales en aquella época tenían ilusiones maoístas, creían en una especie de utopía. Claro, que esto lo podemos decir apenas, con la perspectiva de cincuenta años después. 

¿Porqué contar la historia en tono de comedia? ¿Era para desacralizar aún más a Godard?

Es un género que tiene mayor permanencia en el espectador. A estas alturas, no permitirnos hacer comedia incluso con Godard o el Mayo del 68, genera una distancia con el espectador. Existen grandes trabajos al respecto, pero la mayoría son serios. De haberme ido por una línea rígida, el resultado probablemente habría sido una película pomposa. Es más, creo que si algo convenció a Anne Wiazemnsky de venderme los derechos fue la posibilidad de que saliera algo divertido. 

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