La baratija

Casta diva
'Milagro de la familia', 2016
'Milagro de la familia', 2016 (Jill Magid)

Ultrajaron su memoria, convirtieron sus restos en una baratija, y agravando el insulto, pretendieron usar esa baratija para canjear sus archivos, que contienen el testimonio de su vida creadora. Esta profanación ubica al arquitecto Luis Barragán en el plano internacional como comparsa obligado de una “obra de arte hecha con restos humanos”, ha dejado de ser un artista, lo redujeron a un despojo que se manipula como basura. La aportación de Barragán a la arquitectura mundial y a la identidad mexicana está rebajada en souvenir funerario, depredada entre la telenovela de una familia y los balbuceos incoherentes de una pseudo artista. La impunidad con la que atenta esta patología social llamada “arte contemporáneo” ha oscurecido la obra del artista y sus problemas más serios: el descuido total de sus obras arquitectónicas y el desprecio que las instituciones gubernamentales y culturales tienen hacia los artistas y su acervo. El esfuerzo que hacen para destruir al arte real, desde el aparato académico, los museos, las instituciones, los teóricos y curadores del arte contemporáneo VIP es evidente en esta obra, centrando la atención en un anillo que simboliza el exterminio del concepto de autor, y de la obra de Barragán en particular. El extremo del cinismo está en el objeto mismo, la supuesta artista tramitó en Suiza un proceso que desde el año 2005 hace la misma empresa Algordanza con las funerarias J. García López y que despacha en su sucursal de Guadalajara. Las instituciones gubernamentales y los familiares, reencarnados en los personajes cómplices y cobardes de los Caprichos de Goya, le patrocinaron el engaño y la mandaron a pasear a Europa. Es tal la liberalidad de la legislación de las cenizas en Suiza que se pueden hacer diamantes “simbólicos” con cenizas de árboles, y ya que la pseudo artista mintió, vale la pena preguntarse de qué está hecho eso que veneran con fetichismo imbécil en las salas del MUAC, velado por Medina, sepulturero–curador en jefe. Espero que con esto la venta de los servicios funerarios de J. García López crezca y que la UNAM y el gobierno adquieran los servicios para inmortalizar en diamantes a los involucrados que autorizaron y apoyaron este esperpento, los claven en una calavera como la de Hirst y les den una sala permanente en el MUAC, resignificados en obras de arte VIP post mortem. La cédula la escribirá el sepulturero–curador Medina, y debe iniciar citando el slogan de De Beers, “el insulto es para siempre”.

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