2017

Los paisajes invisibles
(Nacho Reyes)
(Nacho Reyes)

En México es imposible la utopía pero la distopía es inevitable. Comienza el año con el inicuo, irracional gasolinazo que reafirma la lógica del sistema y su política económica que no rectifica, no se adapta a la realidad nacional sino todo lo contrario, se aferra a los usos y costumbres del desprecio al bien común y el desmantelamiento vertiginoso de las potestades del Estado: mientras la espiral inflacionaria rozará la quiebra del país que marcha al revés, seguirán intactos los privilegios de la alta burocracia y los poderes de la Unión, con sus nóminas, presupuestos, prestaciones y estímulos de élite primer mundista, en tanto que los partidos políticos continuarán prosperando con millones del erario, abrigados por la corrupción y el crimen organizado como motores de más prosperidad ya que, al fin y al cabo, éstos son la rueda que desplaza a un régimen torpe, soberbio e irresponsable.

Los hidrocarburos siempre han sido el punto sensible de la Nación. La reforma energética,  el gran fracaso de la gestión de Peña Nieto, al que solo le faltó decir cuando logró concretarla que “íbamos a administrar la abundancia”, como lo hizo en su momento José López Portillo, se quedó cortísima ante la escena planetaria pero le sigue sirviendo para mantener un andamio administrativo cuyo margen político irá disminuyendo en los meses por venir: Donald Trump tomará posesión en un par de semanas. Sus promesas de campaña dejaron ya de ser mera demagogia y la primera evidencia es la decisión de Ford de retirar el proyecto de inversión en México para mudarse a su país de origen, y quizá le siga General Motors y luego ya veremos. Y mientras tanto, al señor Enrique Peña Nieto solo se le ocurre liberar el precio de las gasolinas y nombrar a Luis Videgaray secretario de Relaciones Exteriores, un tecnócrata sin la mínima noción de Diplomacia pero posible interlocutor de Mr. Donald porque solo él, Videgaray, tuvo la genial idea de invitar al empresario que ofendió a toda la Nación para que midiera en suelo patrio, el auténtico tamaño de la avestruz presidencial.

En México es imposible la utopía pero la distopía es inevitable. Algunos ya predicen el destape del nuevo canciller como candidato a la presidencia el próximo sexenio y entonces, ¿qué tipo de gobierno y de país será éste, si la lógica es imponer (quizá será mejor decir preservar) un régimen de vocación lacayuna, dispuesto a renunciar a su soberanía, al orgullo y la dignidad?

La distopía es nuestro anatema. El tipo de nación que somos, con o sin Donald Trump, no cambia. Ante las protestas contra el gasolinazo ya se están creando las condiciones adecuadas (vandalismo y pillaje perpetrados por individuos sospechosos) para asfixiar los reclamos y movilizaciones al estilo Atenco (¿recuerdan quién gobernaba el Estado de México cuando ocurrió ese abominable episodio?), que le demostrarán al próximo ocupante de la Casa Blanca que en México el orden se impone solo de una manera y que estamos listos para levantar el muro porque desde antes, mucho antes que a Trump se le ocurriera ser candidato, aquí siempre ha habido un muro: entre los gobiernos y los gobernados, entre el sistema político y el territorio nacional que el mismo sistema ha hecho pedazos.

@IvanRiosGascon