Girando sin saber por qué

Hombre de celuloide
Fotograma de 'Los Hámsters'
Fotograma de 'Los Hámsters' (Especial)

Uno termina de ver Los Hámsters y lo primero que sorprende es que no está clara la intención del director. La intriga no invita a pensar. Más bien entendemos que Gil González no tiene claro de qué se trata su ópera prima. El realizador retrata a una familia disfuncional; quiere hacerlo en clave cómica. Consigue una que otra sonrisa, pero nunca la carcajada.

Como tantos otros de su generación, González está interesado en la denuncia. ¿De qué? No importa. La incomunicación tal vez, la falta de expectativas del transmodernismo capitalista o la falta de trabajo. Lo importante en todo caso es ser irreverentes. ¿Basta criticar al statu quo para tener una película interesante? La literatura y el cine nacional demuestran que no.  Sin embargo, hay algo bueno en Los Hámsters: a pesar de que sucede en Tijuana y a pesar de la necesidad de “denunciar”, la obra no resulta truculenta. Indudablemente, González tiene talento. Es una lástima que no haya meditado a sus personajes lo suficiente como para darles profundidad. Ya tendrá tiempo si le interesan estos temas. Así parece demostrarlo en Conversaciones de un matrimonio, cortometraje del 2013 que también habla de la crisis de pareja y que fue nominado al Ariel. Tendrá tiempo si las políticas de producción del cine nacional siguen funcionando y autores como Gil González pueden seguir macerando sus intuiciones. Solo así tendremos grandes cineastas.

Los Hámsters debería implicar un alto en la carrera del director. Mirarla y darse cuenta de que el problema está en el guión; de que con esos diálogos y esas situaciones resulta difícil que el público sienta simpatía por esos roedores que dan vueltas sin ir a ninguna parte. El director Ken Loach en Inglaterra o el cine del fin de la era soviética demuestran que es posible sentirse fascinado por personajes francamente grises. El problema del cincuentón que no encuentra trabajo no es el actor. Angel Norzagaray es un gran artista. El problema son los diálogos, las situaciones que no terminan por ir a alguna parte. Así, la película termina por parecer una ocurrencia. Lástima. El personaje del hijo marihuano se desinfla. Y eso que hubiese podido decir como Pessoa en aquel poema: “Nunca seré nada (pero) tengo en mí todos los sueños del mundo.”

 

Los Hámsters. Dirección: Gil González. Guión: Gil González, Carlos Rodríguez. Fotografía: Juan Pablo Ramírez. Con Adolfo Madera, Gisela Madrigal, Hoze Meléndez. México, 2015.

@fernandovzamora