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Lunes , 10.12.2018 / 16:37 Hoy

Los libros de Laberinto

Reseña

En esta selección de las novedades editoriales echamos un vistazo al nuevo caso de Alex Cross, personaje de James Patterson, Armando González Torres revisa la vigencia de Octavio Paz, volvemos a los 50, leemos sobre malas palabras y buscamos el lengu
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Cacería de un muchacho

El detective Alex Cross, cuyo súper poder es entender la psicología de los asesinos seriales, se enfrentará a una mente adolescente obsesionada desde hace dos años por llevar a cabo “el crimen del siglo” que, además, amenaza aquello que es lo más preciado para Cross: su familia. Este es el primer caso de Cross, detective creado por el prolífico escritor de thrillers James Patterson, autor que vende 16 millones de ejemplares al año. En la segunda página, con un estilo crudo y directo, anuncia el primer asesinato de Gary Soneji, quien después de robar un niño de brazos de una casa de ricos detuvo su carrera: “A menos de tres kilómetros de la finca, enterró al mimado bebé; lo enterró vivo. Ése fue solo el comienzo de muchas otras cosas. Después de todo, era apenas un muchacho. […] Él lo había hecho todo; él solo. ‘Imbéciles’ ”. 355 millones de ejemplares vendidos en el mundo.


James Patterson: La hora de la araña, un caso de Alex Cross, Duomo Ediciones, México, 2017, 539 páginas.


Sobre Paz

Una de las voces críticas más dotadas y polivalentes de nuestros días, Armando González Torres (1964), reúne en este libro varios ensayos breves en torno a uno de los paradigmas culturales del siglo XX mexicano: Octavio Paz. Su libro anterior sobre el tema, Las guerras culturales de Octavio Paz, obtuvo el premio de ensayo Alfonso Reyes en 2001. “Aparte de seguir la estela bibliográfica sobre el poeta –advierte González Torres en las primeras páginas–, este libro también incluye ensayos más extensos que se ocupan de algunas de las facetas más notorias de Paz (el poeta de la emancipación y el placer, el crítico monumental de poesía, el polemista político) y tratan de algunos de sus parentescos evidentes (con Sor Juana y Albert Camus), así como de otros insólitos (con Roberto Bolaño)”.


Armando González Torres: Los signos vitales. Anacronismo y vigencia de Octavio Paz, Libros Magenta, México, 2018.


Diccionario de errores

Si para entender algo se le debe llamar por su justo nombre, como afirma uno de los epígrafes de este diccionario de errores de la lengua, no sería exagerado afirmar que el mundo contemporáneo flota en el sinsentido. Cada quien entiende lo que puede, ya que los medios de comunicación repiten y deforman palabras para referirse a objetos o acciones que no están relacionados con ellas. Este diccionario se vale de la ironía para hacer un recuento de aberraciones del lenguaje, preposiciones mal empleadas, verbos mal conjugados, palabras que no existen o que se usan indiscriminadamente. De una manera directa y con buen humor, el académico, ensayista y poeta Juan Domingo Argüelles, quien es autor de otros dos volúmenes lexicográficos, critica duramente el daño a la lengua causado por lo políticamente correcto, los extranjerismos y “el lenguaje incluyente”, así como la ineptitud y debilidad de las instituciones encargadas de normar la lengua.



Juan Domingo Argüelles: Las malas lenguas. Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas, Océano, México, 2018, 615 páginas.


Retrofilia 

Con buen humor, irreverencia ante lo correcto y reverencia a lo incorrecto, Miyagi hace un recuento personal de cinco décadas de anécdotas, noticias curiosas (o, como él dice, “hechos de la década que no hay que olvidar”) y rock and roll. El locutor de Charros contra gángsters (programa que actualmente se transmite en MVS Radio, en el 102.5 de FM), y que fuera productor, entre otros noticieros, del de Carmen Aristegui, y colaborador de W Radio y Radioactivo, nos ofrece un trozo impreso de su ingenioso y agudo despliegue verbal. Cada capítulo incluye una playlist necesaria para no caer en los baldíos de la desmemoria musical, para recuperar esos riffs que alimentaron nuestra educación sentimental o política. Estoy seguro de que a partir de las pautas que traza Miyagi en este libro, cada uno de nosotros armará el recuento mental de su propia “retrofilia”. Libros como El guardián entre el centeno, sucesos como la guerra de Vietnam o el Watergate, películas como El planeta de los simios, afirmaciones como la de Jacobo Zabludovsky la noche del 2 de octubre: “Hoy fue un día soleado”, o gritos de guerra como “Peña, bombón, te quiero en mi colchón” marcaron la historia inmediata de muchos mexicanos que, como Miyagi lo hace con su atinada y puntual erudición rockera, tenemos mucho por recordar.


José Luis Guzmán Miyagi: Retrofilia. 50 años de política, alucine y rock, Grijalbo, México, 2018, 363 páginas.


Para amar el griego

No es raro que en nuestros días el empuje publicitario de una editorial grande logre que una guapa y simpática escritora de casi 30 años venda algunos miles de ejemplares. Sin embargo, lo que ha logrado Andrea Marcolongo supera por mucho esa ecuación en fondo y forma. Tan solo en Italia, su país natal, este tratado sobre la actualidad de la lengua griega ha vendido 150 mil ejemplares. Y la singularidad de que un estudio académico haya logrado tan buena aceptación del público lector radica en que más que un ensayo, La lengua de los dioses es un apasionado y ameno registro de las curiosidades y la esencia seductora de una manera antigua y armoniosa de vivir en el mundo a través de la manera de nombrarlo, que tiene mucho que enseñar al hombre contemporáneo. En el apartado dedicado al género de las palabras, “Con o sin alma”, Andrea Marcolongo explica, por poner solo un ejemplo: “El griego antiguo tenía una manera muy intensa de dar rostro al mundo. Un modo de valorar la naturaleza muchas leguas por debajo de la superficie de las cosas. Además del género femenino y del género masculino, los mismos por los que hemos optado por expresar la vida en nuestra lengua, el griego poseía otro género: el neutro. […] La distinción del griego antiguo era entre el género animado, masculino o femenino, y el género inanimado. Las cosas de la vida eran clasificadas gramaticalmente en dos tipos: con alma o sin alma. De género neutro eran los conceptos abstractos, algunos objetos (como el arma), algunas entidades (como la montaña o el agua), el cuerpo humano y algunas de sus partes (como el corazón), la primavera y los sueños”.



Andrea Marcolongo: La lengua de los dioses. Nueve razones para amar el griego, Taurus, España, 2018, 202 páginas.


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