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Miércoles , 12.12.2018 / 06:43 Hoy

Los libros de Laberinto

Reseña

Daniel Pennac, Laura Castellanos y Philippe Claudel en las novedades editoriales de Laberinto; ofrecemos un fragmento de la obra de Daniel Pennac, fragmento del primer volumen de El caso Malaussène
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Me mintieron

La noticia del secuestro de un empresario llamado George Lapietà incendia las redes sociales y deja desconsolada a su viuda. Así inicia una rocambolesca investigación policial que sirve de excusa para una alocada sátira social y política. Pennac evidencia los males y las paradojas de un mundo en el que la policía y la justicia, que deberían ir de la mano, se obstaculizan constantemente, o en el que una sabia editora ha de proteger a un polémico escritor que defiende a ultranza “la verdad verdadera”, en un tiempo regido por la corrupción, la mentira y el doble juego.

Fragmento

¿Lapietà? ¿Georges? Ya lo conoces, es de esa clase de gente que se maneja entre secretos como el típico perro de granja en un charco de estiércol. (¡Ese movimiento helicoidal que lo hace embarrarse de cabo a rabo!) Pues él, lo mismo. En todo se mete. Ya que estamos, metámonos también nosotros en su cabeza. Y no es indiscreción, él mismo lo contó todo aquel día. Empezando por el esmero con que se preparó para ir a por su cheque. Y sus buenas razones para no llegar puntual: Tengo la sartén por el mango, llego a la hora que me parece, pillo la pasta y de vacaciones. Eso es lo que quería hacerle entender al amable comité: Ménestrier, Ritzman, Vercel y Gonzalès. Semanas enteras escogiendo el disfraz con cuidado. Ariana, ¿unas bermudas? ¿Te imaginas la cara que pondrían si me ven aparecer con chanclas y bermudas? ¿Y una caña de pescar? ¡Tuc, búscate la vida para conseguirme una caña de pescar! La más vieja que encuentres, una de esas de bambú, estilo Charlot, ¿sí o qué? Ah, imaginarlos de plantón con ese cheque corroyéndoles las tripas, allí plantados en el silencio artesonado del gran salón, rumiando la opinión que de él tenían, de Georges Lapietà, pero los cuatro bien calladitos, ya que los cuatro tenían el rabo pillado por la misma chequera. Deja de emperifollarte, Georges, llegas tarde. Precisamente, Ariana, eso es lo mejor del asunto. Ah, el silencio de su espera. El tintineo de las cucharillas en unas tazas en que el azúcar no se decide a deshacerse. El vaivén de sus miradas: del reloj a la puerta del gran salón. Las conversaciones frustradas, y él que no llega. Ariana, ¿y si le pides a Liouchka que nos haga otro cafelito? Él los quería a los cuatro allí, esa había sido una condición sine qua non. Ellos o la rueda de prensa, ese era el trato. ¿Y por qué no la rueda de prensa? Why not?, de hecho. ¡Pues porque en la rueda de prensa habría explicado públicamente a qué venía el cheque! Porque les habría dado a los periodistas la receta completa del acuerdo. No, ¿verdad? Pues eso. Además, tenía en mente un desquite más secreto. No quería perderse el careto que iban a poner cuando le entregasen el cheque, ni eso ni los cuatro apretones de manos. ¡Bien fuerte, hombre! Era capaz de obligaros a darle la mano por segunda vez. Vaya que sí. Y si la segunda vez no bastaba, os daba un besito, en público, un besito bien sonoro que iba a dejaros en la mejilla un pequeño rastro de saliva ideal para una buena foto, como una baba de caracol. Discreción en la entrega del cheque pero franqueza en la mirada. Entre nosotros, nada de segundas intenciones. Cinco buenos amigos, perfectamente al corriente de las reglas del juego. Y que sin duda serán llamados a trabajar juntos alguna otra vez. Sí, sí, vosotros veréis. Ah, y otra cosa. Dejadles también un recuerdo olfativo. ¡Que se vayan bien bañaditos en el perfume de su after-shave! ¡Así que apretad esas manos! ¡Mejor un buen abrazo! Un abraço a la brasileña, barriga contra barriga y golpecitos en la espalda. Y sus cuatro trajes a medida listos para el cubo de la basura. Tuc, me buscas el after-shave más… el más… inolvidable… de esos tipo jarabe… bien azucarado… el más… vulgar… el más tenaz en su vulgaridad… te he criado bien, ya sabes lo que dicen por ahí… ten en cuenta su idea de la vulgaridad… ¡Eso es! Una bañera entera.

Semanas de preparación. Y ahora otro cafelito más. Georges, déjate de cafés, mejor sería que salieses ya, ¡en serio! Y alíviate antes de irte, es más prudente. Ariana, te juro que no hay prisa, tienen tiempo… Y en cuanto a mear, ya mearé al volver, será mucho mejor.

La cuestión del coche estaba arreglada desde hacía tiempo. ¡No, el Aston Martin no, ni chofer tampoco! Bermudas, caña de pescar y… Tuc, ¿me dejas tu carro? Gracias. Tienes una semana para enguarrarlo como Dios manda. Llegar en el coche de su hijo. Un hijo que no quiere deberle nada a su padre tiene a la fuerza un coche pintoresco. Por lo menos, pintoresco para quienes esperan que llegues nada menos que a un patio de honor mientras miran a través de las cortinas de una ventana renacentista.

Y ese es el punto en que estamos. Con Georges Lapietà metido en un Clio asmático, completamente ridículo con sus bermudas, su vieja caña de pescar y su after-shave; en un carro de chavalito con unas ventanillas que ya no se abren y ese deseo de epatar que nunca lo ha abandonado… Una risa… Todo un parásito atrapado en su tierna infancia… Y sin embargo un hombre endiabladamente serio. ¡Una de las quince carteras más importantes de Europa, nada menos!

Daniel Pennac: El caso Malaussène (Me mintieron), Literatura Random House, México, 2018.


Los embozos

Ésta es la crónica de un México devastado. En su geografía, hay personas que se cubren el rostro con máscaras de nailon, pasamontañas, paliacates, capuchas, mascadas, camisetas. Los embozos exponen sin proponérselo esa devastación y son empleados, de forma ocasional o permanente, con distintos fines: confrontarse con el Estado, defender una comunidad o un territorio, proteger la propia vida u ocultarse para delinquir, reprimir, matar. 

La historia de México bien puede escribirse a través de los resortes y los saldos de la subversión. Están presentes en esta crónica las expresiones de radicalidad o de violencia popular más visibles en los últimos 25 años: las guerrilleras, el Ejército Zapatista, la vertiente anarquista que comete sabotajes, las autodefensas y las guardias comunitarias. Se dirá que las manifestaciones subversivas son marginales y con poco impacto político, pero cada una, con sus particularidades, ha expuesto el recrudecimiento de la violencia estructural. Y algunas tienen visos de crecimiento, como las autodefensas y los movimientos de resistencia contra cientos de megaproyectos. 

Esta narración reivindica la dimensión humana del periodismo que acude al lugar de los hechos a reportear sobre el terreno y a recoger las voces. Es una crónica escrita al revés: su puerto de partida es nuestro presente y transita hacia nuestro pasado. Es una muestra de lo que ya no debe perpetuarse. Al hacer este viaje mirando al ayer, podemos imaginar el destino al que nos dirigimos si en México no erradicamos genuinamente la violencia organizada ni concretamos los cambios estructurales que apremian.

Laura Castellanos: Crónica de un país embozado. 1994-2018. ERA, México, 2018.


Claudel y la fabula

Una tarde lluviosa, un individuo anodino baja de un tren en una ciudad sin nombre, extraña y familiar a un tiempo. Con paciencia, espera que alguien se presente a recogerlo, pero nadie viene. Resignado, al caer la noche se dirige a pie hacia las oficinas de la Empresa, para empezar con la tarea que le han asignado: una investigación acerca de las causas de los numerosos suicidios que se han producido entre los trabajadores de esta organización gigantesca. Sin embargo, lo que para este hombre debería ser un encargo más se convierte en una tarea complicada desde el principio: se le niega el acceso a la Empresa fuera del horario laboral, se le requiere más documentación de la que aporta y, para colmo, debe hacer frente a un cúmulo de dificultades para encontrar alojamiento. En un ambiente cada vez más hostil, el Investigador se siente vigilado y sospecha que ha caído en una trampa. Sin poder comer ni dormir, rodeado de empleados que se muestran ora amables, ora amenazantes, y sin hallar respuestas a sus preguntas, el Investigador presiente que podría ser la próxima víctima de esa máquina infernal, sin rostro, que fabrica seres vacuos e identificados, como él mismo, por la función que cumplen o pretenden cumplir.

Philippe Claudel: La investigación, Salamandra, España, 2018.


—G. O.

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