Las tesis de Tom Regan

'En defensa de los derechos de los animales', de Tom Regan, un libro indispensable para comprender en profundidad las coordenadas filosóficas sobre las que debe construirse el debate acerca de los ...
'En defensa de los derechos de los animales'
'En defensa de los derechos de los animales' (Fondo de Cultura Económica)

Ha sido publicado recientemente en español de manera conjunta por el Fondo de Cultura Económica, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto de Investigaciones Filosóficas y el Programa Universitario de Bioética. En 1983 apareció la primera edición bajo el título The Case for Animal Rights, y desde entonces ha sido un referente en las discusiones filosóficas al respecto. En 2004 apareció una edición revisada. Regan comienza argumentando cuan razonable es considerar que, en contra de lo que muchos piensan, algunos animales son conscientes. Para ello, discute y derriba la postura cartesiana según la cual los animales no poseen conciencia y por lo tanto su comportamiento puede explicarse en términos exclusivamente mecánicos. Este primer paso es relevante puesto que descalifica el automatismo cartesiano y lo considera insuficiente para explicar no solo el comportamiento de mamíferos superiores sino también el de seres humanos pre–lingüísticos. Regan revisa, también, la denominada “prueba del lenguaje”, es decir, la prueba esgrimida por Descartes con la intención de mostrar que solo los seres humanos poseen conciencia al ser los únicos seres capaces de usar un lenguaje para expresar sus pensamientos. Regan argumenta en contra de dicha prueba y afirma que en realidad el proceso de aprendizaje del lenguaje presupone que los humanos somos conscientes: no porque articulamos lenguaje somos conscientes sino que, por el contrario, porque somos conscientes articulamos lenguaje. Si anteponemos la conciencia al lenguaje, entonces se vuelve indispensable remontarnos a un tópico central en la filosofía de la mente, a saber, qué es la conciencia. Para mostrar que algunos animales son conscientes, esto es, que poseen estados mentales como creencias y deseos, Regan adopta —y al mismo tiempo problematiza— la teoría evolucionista.

Regan muestra que en realidad la postura cartesiana se ha quedado corta frente al evolucionismo: no es posible sostener únicamente la existencia de dos tipos de realidades —cuerpos y mentes—, sin explicar de manera contundente cómo es que la mente interactúa con el cuerpo; en contraste, el evolucionismo ha acertado, apunta Regan, al mostrar que la conciencia tiene un valor adaptativo y, en este sentido, aquélla no es exclusiva de los seres humanos. No sería justo, como el propio Regan afirma, reprochar a Descartes el no haber atendido la cantidad de experimentos que se han llevado a cabo recientemente con la finalidad de descubrir si algunos primates, por ejemplo, tienen conciencia al grado de ser capaces de utilizar lenguaje. El tema del lenguaje animal no es menor: el principal argumento que suele esgrimirse para negar la posibilidad de que los animales tengan conciencia es, en efecto, la supuesta ausencia del lenguaje. Sin embargo, como puede constatarse con varios ejemplos que aparecen a lo largo del libro, y que pueden encontrarse también en la abundante literatura actual en la que se reportan las capacidades cognitivas de los animales, no es nada claro que algunas especies sean incapaces de articular lenguaje. Varios primates, los delfines, algunas aves, por mencionar unos cuantos ejemplos, son capaces de expresar y comunicar sus contenidos mentales. Regan entreteje razones y argumentos destinados a mostrar precisamente la complejidad de la vida mental de los animales: sus recuerdos y percepciones, sus deseos y creencias, su sentido de futuro y sus emociones, su sintiencia(la capacidad para percibir placer y dolor) y su autoconocimiento.

La atribución de una vida mental a los animales es el preámbulo para introducir la idea de autonomía: “como individuos con deseos, creencias y la capacidad de actuar en persecución de sus metas, los animales tienen un tipo de autonomía, la autonomía de preferencia”, es decir, la capacidad de actuar con la finalidad de satisfacer sus deseos. Específicamente los animales mamíferos, al igual que los seres humanos, tienen una serie de intereses biológicos, psicológicos y sociales, orientados a mejorar su propio bienestar. Una vez asentado que existen razones de peso para conceder que varias especies animales son “sujetos de una vida”, Regan se concentra en la problemática central: el trato que debemos dar a los animales. Examina entonces distintas posturas que han intentado prescindir de los derechos de los animales. Discute, sobre todo, la idea de que solo tenemos deberes indirectos con los animales. Reprueba también los planteamientos erróneos, a su juicio, de aquellas posturas que reconocen que tenemos deberes directos con los animales: el utilitarismo falla al no proporcionar una base sólida para considerar el deber directo y, en consecuencia, hace del deber algo poco estable y dependiente de las circunstancias; el enfoque de crueldad y bondad falla al confundir el valor de los agentes morales con la moralidad de sus actos.

Además de la cantidad de discusiones filosóficas y extra–filosóficas abiertas por Regan a lo largo de casi 500 páginas con la finalidad de defender que los animales sí pueden ser sujetos de derechos, es llamativa la sinceridad con la que reconoce cuando sus argumentos son insuficientes, que dejan cabos sueltos o abren flancos problemáticos. Es igualmente valioso su interés por comprender a sus rivales e interlocutores señalando tanto sus aciertos como los problemas derivados de algunas de sus afirmaciones. La postura de Regan es controversial lo mismo para quienes niegan que los animales son sujetos de derechos, como para quienes creen que todos los animales lo son. Uno de los aspectos que más han llamado la atención en el planteamiento de Regan es la noción de “sujeto de una vida”, que él mismo ha construido para referirse a la igualdad moral que existe entre los seres humanos. No obstante, la noción la extiende hacia animales no humanos que, al igual que los seres humanos, son conscientes de que el mundo, la calidad y duración de su vida es relevante, y además, a ellos mismos les importa lo que les sucede. Cabrían en este rubro, entonces, según Regan, todos los mamíferos y las aves, y muy probablemente varios peces. A partir de esta premisa, los argumentos apuntan hacia la defensa de que al menos estos animales poseen derechos morales básicos y uno fundamental es su derecho a la vida. La cantidad de consecuencias y debates que se desprenden de una postura como ésta, es enorme y es de radical relevancia para la discusión pública. Es una lástima que uno de los protagonistas más notables de la controversia acerca de los derechos animales se haya traducido tan tarde al español. Regan sigue activo y su postura ha sido ampliada, puntualizada y clarificada a lo largo de los años. Su obra, sin duda, se ha posicionado como un referente esencial para la discusión ética en torno a los derechos de los animales y vale la pena someterla a escrutinio y reflexión.